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MORELIA, Mich., 18 de septiembre de 2025.- En la Sección Michoacana del 23 Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) se considera la proyección de dos largometrajes: uno es Apenas Primavera, del realizador Rafael Martínez-García, y el otro lleva por título Entre Sones, Abajeños y Oberturas, ópera prima de la joven directora Ingrid Franco, quien en plática con Quadratín habló de sus experiencias en el día a día con los integrantes de la Orquesta Sinfónica Juvenil Músicos de Tiríndaro “porque viví el día a día con ellos durante varios meses para poder realizar mi documental”.
Emocionada porque su obra fue seleccionada para la fiesta del Séptimo Arte en la Ciudad de la Cantera Rosa, Ingrid Franco precisó: “no estudié cine, lo mío fue Literatura Intercultural en la Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad Morelia UNAM (ENES Morelia); me titulé el 27 de mayo pasado con mi documental Entre Sones, Abajeños y Oberturas. Este largometraje es mi ópera prima y surgió por mi deseo de mostrar la realidad de una organización musical maravillosa. Hablé con su director y le hice saber mi idea de realizar un documental y me dio todas las facilidades”.
La directora de cine moreliana comentó: “todavía no me dan fecha para la proyección de mi documental, estamos en espera de que el Festival Internacional de Cine de Morelia nos confirme”.
El gusto se le nota fácilmente, le brota a raudales, se visualiza en su expresión corporal, porque para ella “ha sido muy emocionante acompañar a la banda durante tanto tiempo, conocerla, convivir con sus integrantes. Un día me dijo el director que, ya que pasaba tanto tiempo con ellos debía aprovechar, que debía aprender música. Acepté la propuesta y estudié flauta”.
El documental tiene muchos valores, es una puerta abierta, de par en par, al ser y hacer de esa organización musical a la que Ingrid Franco define como “más que una agrupación musical meramente, la veo como una comunidad, como una gran familia que acoge, recibe y apoya a todos los que se acercan a ella. Tanto es así que yo, una persona alejada de la música, también encontré mi lugar en la banda junto con los músicos.
“Y, bueno, de igual forma, pienso que es un medio de vivir, una forma de existir en sociedad y en comunidad, ya que todos sus miembros cumplen una función social muy importante yendo a tocar a los pueblos, a la par de que actúan como agentes culturales que difunden y preservan la tradición musical de la cultura purépecha en otros espacios externos a las comunidades”.
Advierte que su cercanía con los artistas la transformó: “convivir con los músicos definitivamente me cambió la vida, no solo por los amigos y la familia que gané en el camino, sino también por las cosas que aprendí yendo con ellos a las tocadas. Para empezar, conocí muchos lugares de Michoacán que no había tenido la oportunidad de visitar, a esto se suma que gracias a que estuve yendo con la agrupación a varias fiestas patronales, igualmente pude adentrarme un poco más en la tradición, las costumbres y la realidad que se vive de los pueblos purépechas.
Otra cosa importante fue que también empecé a valorar más la labor de los músicos tradicionales, pues su trabajo implica muchísimo esfuerzo, sacrificio, dedicación y, sobre todo, de amor por lo que hacen. Esto lo veo así porque en realidad el trabajo de los músicos no siempre es bien remunerado, por lo cual, la mayoría de las veces quienes se dedican a la música terminan poniendo más recurso de sus bolsillos que lo que realmente ganan en sus presentaciones”.
Así sea.