Entre pintas y destrozos, normalistas llegan al centro de Morelia
MORELIA, Mich., 30 de octubre de 2019.- A lo largo de la carretera a la que se llega a Copándaro, son notorios los campos en amarillo, rojo bermellón y blanco; son tapices florales el cempasúchil, la nube y la pata de león, y le dan a la zona un particular carácter, muy vinculado a la Noche de Ánimas.
Ahí, en medio de ese mar de colores cálidos, está Adrián Cervantes, un productor de flores que se prepara para hacer el corte. Para ello ha reunido a un grupo de jornaleros que hará el trabajo fuerte; cortará los manojos para subirlos a las camionetas y poderlos vender más allá de las fronteras del municipio.
"La pata de león se siembra en junio. Es una flor muy delicada, se requiere mucho cuidado", asegura el productor a Quadratín. Tarda unos tres o cuatro meses para estar lista para el corte, explica.
La flor de cempasúchil se siembra en junio y tiene unos tres meses para su rendimiento, dice, y continúa: la flor blanca que llaman nube se siembra en agosto, es más ligera y más rápida. Todas requieren un cuidado muy especial, asegura el productor; "hay que cuidarlas de las plagas, hay que abonarlas, hay que limpiarlas para que la maleza no las maltrate, todo requiere un cuidado especial", dice, y expone que todas también se cortan en esta temporada de Día de Muertos.
El productor afirma que todavía el 1 de noviembre las personas acuden a la región a buscar flores, y cuando es escasea mucho por esas fechas, "acuden incluso el 2 de noviembre antes del mediodía, después se acaba todo y todo lo que se queda hay que barbecharlo y sacarlo del campo para seguir con otro cultivo".
Adrián Cervantes manifiesta que no saber cuántos productores de estas flores hay en la región; "no tengo un cálculo porque cada año es diferente, a veces aumentan, otras disminuyen, y también tiene que ver con el clima, porque mucha gente pone por temporal, de esta manera se hace más eventual y es menor la producción porque rinde mucho menos".
En el paso, al costado de la carretera, pueden verse casas con grandes jardines y patios donde también se siembra sobre todo flor de cempasúchil; "mucha gente que tiene su espacio para producir. Quizá lo hace también para uso propio, pero las parcelas lo hacemos para venta, para sacar algo para seguir viviendo, y para el sostenimiento de las familias y llevar algo de comer a la casa", explica antes de internarse en esa marea ocre.




