MORELIA, Mich., 15 de septiembre de 2020.- Han transcurrido 12 años desde los atentados terroristas que vivió Morelia la noche del 15 de septiembre de 2008 y que dejaran ocho fallecidos y más de 100 lesionados, pero más allá de las cifras, para las víctimas continúa el dolor.

El dolor que se clava en el cuerpo, el dolor de ver sufrir a los seres queridos, el dolor por el miedo y la incertidumbre, el dolor que no se va y no se hace menos.

Silla de ruedas, de por vida

María de Jesús Vázquez Silva y su familia se encontraban aquel 15 de septiembre en las inmediaciones del Palacio de Gobierno, en la celebración del Grito de Dolores, cuando ocurrieron los ataques con granadas que a ella le causaron la pérdida de una pierna y a su hijo, de entonces 14 años, lesiones permanentes.

“Mi hijo ya se había retirado, pero se regresó por una sombrilla; entonces, la gente que salió corriendo lo pisó, porque él estaba agachado, y su hueso sacro quedó hecho pedacitos, dicen que cuando te toca, ni aunque te quites”, explica María de Jesús Vázquez.

Auxiliar de enfermería de profesión, Vázquez Silva sufrió lesiones graves que llevaron, años después, a la amputación de su pierna y el uso de una silla de ruedas, mientras que su hijo “a veces usa silla de ruedas, a veces camina, según como amanezca”.

Más de 30 cirugías debió atravesar María de Jesús Vázquez, mientras que su hijo debe tomar fármacos para el dolor que le ocasionan ansiedad, y aún no podrán recuperar una calidad de vida óptima.

“No es lo mismo pedir las cosas y ayuda para todo que moverse sola, todo se me vino abajo, no he podido salir, y mi hijo no puede trabajar tampoco, le dieron un carrito para vender hot dogs, pero ahora no hay ventas”, refirió.

Secuelas en el tiempo

Los tres integrantes de la familia de Guadalupe Hernández Arreola sobrevivieron a los granadazos, pero ahora enfrentan secuelas permanentes derivadas de las lesiones que sufrieron, secuelas que impiden que los padres puedan laborar y que merman la calidad de vida de su hija.

“Fuimos mi esposo, mi hija y yo, los tres lesionados, afortunadamente vivimos, pero con lesiones fuertes, estamos incapacitados para trabajar, las secuelas también son muy fuertes y cada vez son más grandes, tenemos esquirlas en las piernas, es muy doloroso y aparte me lesionaron el nervio ciático”, detalló Hernández Arreola.

Dolor que no se alivia e incapacidad para retomar la vida ordinaria son las consecuencias de estos hechos y “cada día se complican más”, expresó.

Expuso que su familia, al igual que otros afectados por los atentados, permanecen a la espera de la realización de estudios médicos para mantener la pensión temporal con que cuentan, y que por la pandemia de coronavirus (Covid 19) no se han efectuado.

“Ya no estamos en la misma situación de incertidumbre por los apoyos, desde que el gobernador Silvano Aureoles Conejo nos atendió y escuchó, tenemos al 100 por ciento nuestros medicamentos, pero la pensión aún es temporal, mientras uno siga con expedientes médicos abiertos”, indicó.    

Echándole ganas

Perdió su pierna luego de 40 días interna en el hospital Civil, pero Belén Zavala Rodríguez no ha perdido el ánimo por vivir.

Fueron cuatro los integrantes de su familia, dos hijas, un yerno y ella misma, los que resultaron afectados por los ataques con granadas, pero destacó que “aún me puedo valer por mí misma, sigo echándole ganas”.

Mencionó que la ayuda gubernamental “no me ha fallado, cada 15 días recibo u cheque, chiquito, poquito, pero me sirve, no me ha faltado lo más necesario, ya son 12 años y aquí sigo, echándole ganas”.

Sólo queda aguardar por la justicia para que los autores de los atentados sean penalizados, lo que en más de 10 años no ha sucedido.

“Yo digo que sí deberían sancionar a los responsables, todavía no han salido culpables”, señaló.