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MORELIA, Mich., 22 de noviembre de 2025.- La carta póstuma de Ramiro N. encargado de reclutar a los presuntos homicidas de Carlos Manzo, delató a Jorge Armando N., alias El Licenciado, a quien temía, pero debía de obedecer.
Escrita de puño y letra por Ramiro N., un extrabajador de una perfumería y originario de la Ciudad de México, le pidió a su pareja sentimental disculpas y contó la historia detrás del asesinato de Carlos Manzo, de acuerdo a la audiencia pública de la causa penal formada a Jorge Armando N., alias El Licenciado y los siete policías municipales de Uruapan.
En una hoja de cuaderno, Ramiro relató a su esposa cómo fue contratado por el crimen organizado para asesinar a Carlos Manzo, acusó al R1 de ofrecer una recompensa millonaria por el trabajo.
Para Ramiro las cosas no habían fluido, el trabajo en un empaque de Uruapan no le dio recursos y en algún momento, quizás desesperado por el dinero, aceptó el trabajo: reclutar a dos personas jóvenes, adictos a las drogas, dispuestos a todo y entrenarlos.
Antes de ingresar Ramiro a las filas del crimen, vendió perfumes y luego pasó de vender playeras, tenis y ropa en el mercado de Tepito, donde fue cooptado y viajó a Uruapan a trabajar con el presunto líder El Licenciado.
Llegó a Uruapan unos días antes del crimen y le aseguró a su pareja, Paulina N, era para dedicarse al aguacate, pero no era cierto. Verdad que llegó con la carta póstuma.
"Mija, cuando leas estás letras se te llenarán los ojos de agua, pero perdóname, porque hice las cosas mal, no andaba en nada del aguacate. Te mentí", así comienza la última carta de Ramiro.
Ramiro rápido comenzó con su encomienda. Conoció en la tienda de Malagua a Víctor Manuel N. y Fernando Josué N., de 17 y 16 años respectivamente, adictos a las metanfetaminas y los reclutó. El perfil que buscaba.
La primera parte del trabajo estaba hecha, faltaba adiestrarlos en el manejo de las armas, explicarles el objetivo, cómo hacerlo, a dónde disparar y quién era por el que iban.
Al estar listos los jóvenes, coordinó la logística de movilidad de los adolescentes. Los llevó con él al hotel, en el Centro de Uruapan.
Pero pese a haber hecho la tarea, Ramiro no estaba tranquilo. Le temía a su jefe El Lic; sentía que algo andaba mal, y así fue.
Poco después fue llamado por su jefe, tenía que quitarse la barba y mantener bajo perfil: la Fiscalía lo buscaba, pero no fue suficiente con atender las instrucciones, poco después lo mandó llamar.
Pasaron por él en un taxi y fue la última vez que fue visto con vida. El lunes 10 de noviembre apareció muerto junto al Fernando Josué, el menor de 16 años, en Capacuaro.
Paulina, al no saber nada de su pareja, comenzó a sospechar. Abrió la maleta de Ramiro y durante la búsqueda encontró el último adiós.
Solo quería hacer algo para ustedes y te fallé, hice las cosas mal, ni tú ni nadie tienen la culpa de lo que hice; seguramente cuando leas esto, yo estaré muerto, porque nos van a querer silenciar. Cualquier cosa que me pase, estaba trabajando para El Licenciado”, leyó el Ministerio Público litigante al juez.
Además, añadió datos precisos sobre su jefe, como a qué grupo delincuencial pertenecía, el número telefónico y un mensaje adicional: no confíes en la Fiscalía Regional de Uruapan, “El Licenciado tiene comprada una parte de la Fiscalía”.




