Atlético Morelia, a mantener la hegemonía sobre Alebrijes
MORELIA, Mich., 6 de diciembre de 2025.- El sorteo deparó que, 16 años después del enfrentamiento que inauguró la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010, México y Sudáfrica volverán a enfrentarse en la misma instancia pero en escenarios opuestos, coincidencia a la que calificó Javier Aguirre, estratega de los mexicanos, como parte de un "destino caprichoso".
Ambas naciones volverán a abrir a la máxima fiesta del futbol, a dieciséis que lo hicieron luego de aquel partido de Johannesburgo en 2010. Un recuerdo de ese día sigue aferrado a la memoria futbolera como el eco interminable de las vuvuzelas, un sonido tan omnipresente que se volvió banda sonora y latido simultáneo de un país que celebraba su primera Copa.
En aquel debut, el mundo descubrió a un Sudáfrica que jugaba con la motivación de quien representa algo más que un equipo: representaba una nación joven, todavía aprendiendo sus pasos, que usaba la pelota como pretexto para reafirmar su identidad. Y de ese impulso nació uno de los goles más bellos y simbólicos de la historia reciente. El zurdazo de Siphiwe Tshabalala, viajando al ángulo con una precisión casi cinematográfica, parecía escrito para abrir un Mundial. Su festejo, una danza tribal convertida en coreografía universal, fue la manera que tuvo el futbol de recordar que también sabe celebrar.
Pero México, empató, gracias al michoacano Rafael Márquez. Quince años después, el histórico zaguero volverá a ser partícipe del cruce como auxiliar técnico del Vasco Aguirre, otro sobreviviente de aquel encuentro, al dirigir a México en 2010 y lo hará nuevamente en 2026.
"La anécdota de la inauguración, la re-editamos, ahora con Rafa Márquez a mi lado, ya no metiendo goles. Es increíble como es un destino caprichoso, esperamos estar bien ese día, que será la inauguración en el Estadio Ciudad de México", declaró Aguirre en reacción al sorteo.
Que ese duelo vuelva a repetirse como apertura en 2026 parece más que un capricho del calendario: el momento de revisar quiénes eran y quiénes son hoy estas dos selecciones.
México llega envuelto en la expectativa de ser anfitrión parcial, con la responsabilidad de una afición que siempre exige más y con la necesidad de sacudirse sus propios fantasmas mundialistas.
Así, cuando la pelota empiece a rodar en 2026, el planeta volverá a escucharlo: no el zumbido de las vuvuzelas, sino el rumor de la historia que se repite. Un déjà vu que no es copia, sino un espejo. Una puerta que se abre hacia el futuro, pero que invita a entrar con el corazón lleno de recuerdos.




