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MORELIA, Mich., 18 de enero de 2026.- El Partido del Trabajo presidirá por primera vez en su historia la Mesa Directiva del Congreso de Michoacán a partir de febrero próximo, un hecho inédito para una fuerza política que, tras 36 años de existencia, nunca había contado con las curules suficientes para encabezar formalmente el Poder Legislativo estatal.
El relevo se dará al inicio del siguiente periodo legislativo de la 76 Legislatura, conforme a los acuerdos políticos que rigen actualmente la conducción del Pleno y que establecen presidencias rotativas de nueve meses. Bajo ese esquema, el PT asumirá la presidencia de febrero a septiembre, luego de que Morena concluya su periodo al frente del órgano rector del Congreso.
Más allá de los nombres que se barajan para ocupar la silla presidencial, el dato central es político: el PT rompe por primera vez el techo histórico que lo mantuvo durante décadas como una fuerza secundaria, sin capacidad real para disputar la conducción institucional del Congreso.
Desde su fundación en 1990, el partido mantuvo en Michoacán una presencia legislativa limitada, generalmente de uno o dos diputados, insuficiente para reclamar la presidencia de la Mesa Directiva, tradicionalmente reservada a partidos con mayor peso electoral.
Ese escenario comenzó a modificarse con la recomposición de fuerzas derivada de la alianza de la Cuarta Transformación. La integración del PT al bloque mayoritario junto con Morena y el Partido Verde le permitió ampliar su representación y pasar de partido acompañante a actor con margen de exigencia política. La presidencia del Congreso es la expresión más clara de ese nuevo equilibrio.
En la definición interna del perfil que encabezará la Mesa Directiva, prevista para resolverse en los próximos días, se mencionan de manera general varios nombres dentro de la bancada petista, entre ellos el del coordinador parlamentario Reyes Galindo Pedraza, así como Baltazar Gaona, Hugo Rangel y Vicente Gómez Núñez.
Y mientras al interior de la bancada se da la silenciosa puja, es de dominio público que esa decisión está en manos del líder vitalicio del partido en Michoacán, Reginaldo Saldoval Flores, quien, como es costumbre en el partido rojo desde su creación, mantiene centralizado el poder y la toma de decisiones del instituto político. Se prevé que el asunto se desahogue en las próximas dos semanas.
También se ha colocado sobre la mesa el nombre de la diputada Diana Mariel Espinoza, aunque al interior del grupo se reconoce que no ha manifestado interés en asumir el encargo. En cualquier caso, el debate se da sobre una base ya ganada: el PT presidirá el Congreso.
El momento contrasta con la trayectoria histórica del partido. El PT surgió a finales del siglo pasado desde organizaciones sociales, sindicales y populares que operaban al margen del sistema de partidos y cuestionaban al régimen político dominante.
Se definió como una fuerza de izquierda social, crítica del modelo neoliberal, pero enfrentó serias dificultades para consolidarse electoralmente, al grado de perder su registro nacional en 1991 y recuperarlo dos años después.
Bajo el liderazgo de Alberto Anaya Gutiérrez, el partido optó por una estrategia de alianzas pragmáticas que le permitió sobrevivir y mantenerse vigente en un sistema restrictivo para los partidos pequeños.
Primero con el PRD y, más tarde, como aliado constante de Andrés Manuel López Obrador, el PT logró ampliar su presencia institucional y consolidarse como parte del bloque gobernante.
En Michoacán, esa ruta desemboca ahora en un hecho sin precedentes: el partido que durante más de tres décadas no tuvo fuerza suficiente para reclamar la conducción del Congreso, asumirá por primera vez la presidencia de la Mesa Directiva.
Aunque el encargo será de duración limitada y con facultades acotadas frente a la Junta de Coordinación Política, el movimiento tiene un peso simbólico y político que marca un antes y un después en la historia del PT en la entidad.




