Godoy, un estorbo para la transición democrática de Morena: Emilio Ulloa
MORELIA, Mich., 5 de mayo de 2026.- La 76 Legislatura del Congreso de Michoacán ya no es la que salió de las urnas el 2 de junio de 2024. Al menos cinco diputados han cambiado de bancada o de condición política, en un proceso que no sólo evidencia la fragilidad de los partidos, sino también la operación fina de la 4T para sostener, y ampliar, su control, incluso más allá de la mayoría calificada que obtuvo desde el arranque.
El punto de partida fue contundente: Morena, PT y Verde sumaron 27 curules, el número exacto para una mayoría calificada en un Congreso de 40 integrantes. Pero lo que siguió fue una cadena de movimientos qeu, lejos de debilitar ese bloque, lo terminó consolidando por otras vías.
El primer quiebre se registró en septiembre de 2024, cuando la diputada plurinominal Xóchitl Gabriela Ruiz González renunció al PRI tras 19 años de militancia y se integró al Partido Verde. La salida confirmó la crisis del tricolor y, al mismo tiempo, fortaleció a uno de los aliados estratégicos de Morena.
A la par, incluso antes de la instalación formal de la Legislatura, Marco Polo Aguirre Chávez, electo por el Verde, decidió dar el salto a Morena en medio de los jaloneos internos por la coordinación parlamentaria.
El movimiento no sólo reconfiguró al PVEM, sino que dejó ver que la disputa por posiciones clave también pasa por la movilidad partidista.
Sin embargo, el movimiento más sofisticado no se dio dentro de las bancadas tradicionales, sino en la apropiación de la Representación Parlamentaria, bancada satélite de la 4T, que desde ahí encontró una vía para ampliar su margen de maniobra sin modificar formalmente la aritmética legislativa.
Figuras como Ana Belinda Hurtado Marín, quien dejó el PT sin renunciar a su militancia, o Eréndira Isauro Hernández, que rompió con Morena pero se mantuvo en el partido, se integraron a esta representación.
Junto con Marco Polo Aguirre, ese bloque ha operado como un satélite político que permite a la mayoría tener presencia adicional en órganos clave como la Junta de Coordinación Política.
La lógica es clara: dispersar perfiles en distintas figuras jurídicas para multiplicar espacios de voz y voto, sin perder alineación política. La Representación Parlamentaria, lejos de ser un refugio marginal, se convirtió en una trinchera funcional para la 4T.
El reacomodo más explícito en términos de pragmatismo político llegó en junio de 2025 con el diputado independiente Conrado Paz Torres. Electo sin partido, intentó primero sumarse al Verde y terminó incorporándose al PRD.
Su argumento fue directo: no se trató de afinidad ideológica, sino de supervivencia política. “Hay que buscar aliados”, reconoció. Con ello, el PRD logró reconstituir su bancada, aunque bajo una lógica de negociación.
Ese mismo mes, la diputada Brissa Ireri Arroyo Martínez anunció su salida de la bancada perredista y de su coordinación, denunciando presiones internas y violencia política. Días desdpués reculó y permaneció en el grupo, pero el episodio dejó al descubierto la volatilidad de las oposiciones y su dificultad para sostener cohesión.
En total, cinco movimientos que, más que alterar el equilibrio de fuerzas, han confirmado una tendencia: en el Congreso de Michoacán, la lealtad partidista es cada vez más flexible, mientras que la operación política se vuelve el factor determinante.
Así, la mayoría calificada de la 4T no sólo se explica por los resultados electorales, sino por una estrategia que combina disciplina interna, captación de perfiles y uso táctico de figuras como la Representación Parlamentaria.
El saldo es un Congreso donde las bancadas ya no son estructuras rígidas, sino piezas móviles de un tablero en constante ajuste, donde el poder no se pierde, se redistribuye.




