En octubre, convocatoria para candidaturas independientes: IEM
MORELIA, Mich., 16 de abril de 2026.- El guion era conocido: fijación de posturas, tiempos medidos y orden del día en fila. Pero el pleno del Congreso de Michoacán decidió improvisar.
Bastó que, en nombre de Morena, la diputada Sandra Olimpia Garibay Esquivel pidiera la lectura del artículo 256 de la Ley Orgánica, ese que ampara el derecho a pedir la palabra, para que la sesión tomara otro tono: más alto, más ríspido y bastante más político.
Desde tribuna, la solicitud quedó en el aire. El presidente de la Mesa Directiva, Baltazar Gaona García, siguió de corrido con el siguiente punto.
Y entonces vino el contrapunto: desde su curul, Garibay Esquivel elevó la voz para exigir la lectura del artículo; a su lado, la diputada Emma Rivera Camacho y otra legisladora se sumaron al reclamo. El coro pedía lo mismo: uso de la voz y lectura del documento.
Gaona respondió con reglamento en mano. Recordó que, por acuerdo de la Junta de Coordinación Política, en la lectura de posicionamientos no hay minutos extra ni espacios para alusiones “por hechos o bajo alguna otra figura”. Traducido al castellano legislativo: el reloj manda y el micrófono no se presta.
Pero el pleno ya había cambiado de ritmo. Entre murmullos que subieron a reclamos, el diputado Juan Pablo Celis soltó desde su lugar: “eres presidente por los votos de Morena”.
La acusación quedó flotando mientras, desde la bancada guinda, se repetía la idea de que se estaba violentando la ley “una y otra y otra vez”.
En el intercambio, el presidente pidió orden con una frase que encendió más que apaciguó: “no grite, diputada, no estamos en un mercado”.
Hubo ruido de desaprobación, miradas cruzadas y ese murmullo que en los congresos sustituye a los aplausos cuando algo no gusta. Nadie formalizó reproche, pero el ambiente se tensó.
Gaona insistió en el control de la sesión y hasta deslizó una recomendación con filo: si había dudas sobre el procedimiento, que se consultara a los asesores. Del otro lado, la exigencia no cedía: lectura del 256 y respeto al derecho de intervenir.
El encontronazo cerró con un giro constitucional. A solicitud del propio presidente, se dio lectura al artículo 27, en su vertiente de inmunidad parlamentaria, para subrayar que ningún legislador puede ser reconvenido por sus expresiones en tribuna. Una forma de recordar que el debate es libre, siempre que pase por el carril del reglamento.
Detrás del choque de formas, el fondo: el posicionamiento de Morena llevaba jiribilla contra el propio presidente del Congreso por sus posturas sobre la Universidad Michoacana y eventuales recortes a trabajadores. Garibay Esquivel marcó distancia: no es la voz de la mayoría, sino una postura unipersonal del legislador petista.
No es la primera vez que el pleno se enciende por el micrófono. La disputa por el uso de la voz es vieja conocida en San Lázaro y en los congresos locales: cuando el tiempo aprieta, la política se desborda.
El referente inmediato a nivel nacional escaló a golpes entre Gerardo Fernández Noroña y Alejandro Moreno tras una negativa similar. En Michoacán, esta vez, todo quedó en decibeles, reglamentos y frases que pesan.
Al final, el orden del día siguió su curso. Pero en el aire quedó la escena: un Congreso que, cuando discute quién habla y cuándo, termina diciendo mucho más de lo que pretendía callar.




