Fortalecemos diálogo y territorio en Michoacán: Gaby Molina
MORELIA, Mich., 15 de febrero de 2026.- La tarde de este domingo, el aeropuerto internacional de Oaxaca se convirtió en escenario político improvisado. No hubo templetes ni micrófonos, pero sí testigos, maletas rodando y miradas curiosas en torno de un personaje afecto al escándalo.
En medio del ir y venir de pasajeros, irrumpió la figura del senador Gerardo Fernández Noroña, quien robó cámara porque se mantenía de pie con dificultad, mientras esperaba el vuelo que lo llevaría de regreso a la Ciudad de México.
Esta vez no discutía con la vehemencia que le caracteriza, ni gesticulaba con los grotescos movimientos que siempre le acompañan: solo luchaba por mantenerse de pie, en tanto que sus acompañantes estaban apostados a su alrededor.
Fernández Noroña no es un político que pase inadvertido. Desde sus años como diputado federal, ha convertido el debate parlamentario en espectáculo de alto voltaje. Sus enfrentamientos con opositores, sus transmisiones en vivo desde curules o pasillos, y sus discursos encendidos han sido combustible constante para titulares y redes sociales.
Más de una vez ha estado en el centro de controversias: discusiones ríspidas en tribuna, desencuentros con periodistas, acusaciones cruzadas con adversarios políticos. Para sus simpatizantes es una voz frontal, sin filtros, que dice lo que otros callan. Para sus detractores, un provocador profesional que alimenta el conflicto. En cualquier caso, su presencia raramente es neutra.
En el aeropuerto, la escena fue casi teatral. Mientras algunos pasajeros miraban de reojo, otros continuaban absortos en sus teléfonos. No había cámaras oficiales ni discursos programados, pero sí el eco inevitable de una figura acostumbrada a ocupar reflectores.
El episodio de este domingo no fue un escándalo ni un acto formal; fue, simplemente, otra estampa del personaje, ahora en malabar. Y una vez más, el senador dejó claro que su estilo no se queda en el recinto legislativo: viaja con él…




