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MORELIA, Mich., 5 de marzo de 2026.- La periodista y escritora Nuria Varela sostuvo en el Congreso del Estado que las políticas públicas de igualdad son la herramienta central para traducir las conquistas del feminismo en cambios reales, y advirtió que sin recursos todo se reduce a retórica.
“No hay políticas públicas a coste cero. Las políticas de igualdad tampoco. No nos pueden hablar de que estamos haciendo transformaciones y políticas de igualdad sin presupuestos, porque eso no son políticas de igualdad, solo son discursos, nada más”, expresó al impartir una conferencia magistral en la sede del Poder Legislativo de Michoacán.
En vísperas del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, Varela planteó que legislar no equivale a gobernar, por lo que se requiere acción pública capaz de diagnosticar y atacar las causas estructurales de la desigualdad.
“Las políticas públicas de igualdad son un invento del feminismo muy reciente”, dijo, y las definió como instrumentos para “cambiar la distribución de poder entre hombres y mujeres” y avanzar hacia “la ciudadanía sustantiva, a la igualdad sustantiva”.
Durante su exposición insistió en que las políticas de igualdad suelen ser sustituidas o diluidas en agendas distintas. “Ahora mismo consolidada de las políticas públicas de igualdad, vemos cómo en muchos lugares se convierten en políticas de familia y como en otros lugares se convierten en políticas de identidad, de diversidad o incluso de políticas sociales o asistenciales”, señaló.
Y remató: “Todas esas políticas son muy importantes, las de familia, las de igualdad, las de diversidad, las de identidad, las políticas sociales, pero no son políticas de igualdad”.
En el caso de la violencia, distinguió el auxilio de la transformación de fondo. “No tenemos que atender a las víctimas de violencia, por supuesto, pero nuestro cometido es erradicar la violencia de género. Asistir es el final del proceso. Necesitamos fortalecer el inicio y ahí son las políticas públicas de igualdad”, expresó.
Varela subrayó que el feminismo es una teoría política y no un asunto identitario. “El feminismo es materia política, no es materia de la identidad. No somos feministas por ser mujeres.
No todas las mujeres son feministas. Los hombres no están incapacitados para ser feministas. Pueden serlo porque es materia política”, afirmó, al tiempo que llamó a cuidar los conceptos y el lenguaje como disputas de poder: “Conceptualizar es politizar, y conceptualizar mal es politizar mal”.
Sobre la llamada perspectiva de género, alertó contra su reducción a una contabilidad de presencias. “La perspectiva de género no es contar cuántas mujeres hay en un sitio”, dijo.
Explicó que contar y desagregar datos es útil, pero debe existir un enfoque crítico que evidencie relaciones de poder. En ese sentido, ejemplificó que un aumento de apariciones de mujeres en medios puede reforzar estereotipos si se concentra en secciones como “belleza, vida social y decoración”.
Al abordar transversalidad, insistió en que no es posible sin formación y comprensión del feminismo y de las políticas de igualdad. “¿Cómo hacemos la transversalidad? Pues ahora la podemos hacer si realmente conocemos las políticas de igualdad y conocemos el feminismo, porque si no es imposible hacer políticas transversales”.
Otro eje de su ponencia fue que la igualdad se juega en la asignación de recursos y capacidades institucionales. “La transversalidad requiere voluntad política y presupuestos. Presupuestos económicos, materiales, recursos materiales y recursos humanos bien capacitados. Si no, no hay políticas de igualdad”, afirmó. Incluso lo resumió de manera tajante: “La igualdad comienza en el presupuesto. Todo lo demás son fuegos artificiales”.
Varela planteó además la dificultad de llevar el feminismo a instituciones “hechas por hombres y para hombres”, y enumeró ausencias concretas de la vida de las mujeres en la cultura organizacional.
“No existe la menstruación, no existe el embarazo, no existen los partos, no existe la menopausia”. Aseguró que no se trata de “blanquear el machismo” ni “maquillar”, sino de “hacer cambios reales en la vida de las mujeres”.
Al explicar rutas de acción, describió tres estrategias: la igualdad formal, la adaptación mediante medidas específicas y la transformadora. Señaló que la última es la que importa, porque permite pasar hacia “la igualdad real” y “la ciudadanía sustantiva”.
En ese tramo, ubicó la igualdad de resultados como el indicador definitivo y mencionó brechas persistentes: “la brecha salarial, la brecha en los cuidados, la brecha en la violencia”.
También criticó prácticas comunes en el diseño de políticas. “Cuando formulamos políticas, lo habitual es que primero se haga la política y luego le ponemos la perspectiva de género. Pues fatal, eso no sirve para nada, es al revés”, dijo.
Puso como ejemplo la subida del salario mínimo, a la que consideró una buena política salarial con impacto de género positivo, pero distinguió que una política feminista sería evitar que la mayoría de las mujeres se concentren en el salario mínimo.
Sobre implementación, sostuvo que requiere un cambio cultural dentro de las instituciones públicas. Y al hablar de evaluación, rechazó indicadores de cumplimiento burocrático: “La evaluación no vale en 400 personas han pasado por formación, no.
La evaluación es cuántos asesinatos menos han ocurrido en esta ciudad este año, cuántas mujeres han salido del ciclo de la violencia, cuántas niñas menos han sufrido violencia sexual”.
Cerró con una frase que sintetizó su mirada: “Las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo. Si queremos llegar a la igualdad necesitamos herramientas propias, necesitamos cambiar la cultura que mantiene la desigualdad”.




