El 27, oportunidad para alinear a Morelia a la 4T: Gladyz Butanda
MORELIA, Mich., 11 de febrero de 2026.- En Ni venganza ni perdón, el libro de memorias políticas de Julio Scherer Ibarra, el poder federal se narra desde Palacio Nacional, pero entre sus páginas asoman tres nombres que remiten inevitablemente a Michoacán: Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Lázaro Cárdenas Batel y Felipe Calderón Hinojosa. No son protagonistas centrales del conflicto que el exconsejero Jurídico describe con Andrés Manuel López Obrador, pero sí referencias obligadas cuando se reconstruye la historia política reciente de México.
Cuauhtémoc Cárdenas aparece como figura fundacional de la izquierda moderna. Scherer lo menciona en el contexto de la transición democrática y el parteaguas que significó 1988. Para Michoacán, el ingeniero no es solo un referente nacional: es hijo del general Lázaro Cárdenas del Río, símbolo del cardenismo social que marcó la identidad política del estado y de la República. Su presencia en el libro recuerda que la ruta que llevó a López Obrador al poder tuvo estaciones previas en las que Cárdenas fue faro y ruptura.
También figura Lázaro Cárdenas Batel, exgobernador de Michoacán y exjefe de asesores de la Presidencia. Su nombre surge en la narrativa como parte del entramado político que acompañó al obradorismo en distintas etapas. Para Michoacán, Cárdenas Batel representa la continuidad de una estirpe política con peso histórico, pero también una generación que buscó dialogar con el nuevo proyecto de Nación. En el contexto del libro, su mención conecta la herencia cardenista con las dinámicas del poder actual.

El tercer nombre es Felipe Calderón Hinojosa, también michoacano, expresidente de México y antagonista histórico de López Obrador desde la elección de 2006. En la obra de Scherer, Calderón es citado dentro del recuento de agravios, disputas y heridas abiertas que marcaron la política contemporánea. Para los lectores michoacanos, su aparición evoca una de las etapas más intensas y polarizadas del país, con repercusiones profundas en materia de seguridad y en la propia vida pública del estado.
Aunque Ni venganza ni perdón no centra su narrativa en Michoacán ni desarrolla capítulos específicos sobre la entidad, la sola presencia de estos tres personajes subraya algo innegable: el estado ha sido semillero de figuras decisivas en la historia política nacional. Desde el cardenismo social hasta la alternancia panista, pasando por la construcción de la izquierda partidista, Michoacán ha estado en el corazón de los grandes debates del país.
La obra de Scherer es, ante todo, una crónica del poder federal y de sus fracturas internas. Sin embargo, al mencionar a Cárdenas Solórzano, Cárdenas Batel y Calderón Hinojosa, recuerda que las disputas nacionales tienen raíces profundas y territoriales. Y en ese mapa político, Michoacán aparece —aunque sea entre líneas— como tierra de origen de protagonistas que marcaron, para bien o para mal, el rumbo de México en las últimas décadas.




