“No están solas”: pide Grecia Quiroz unidad a michoacanas en EU
MORELIA, Mich., 5 de febrero de 2026.- La salida de Adán Augusto López Hernández de la coordinación de la bancada de Morena en el Senado de la República no es un hecho menor ni un simple relevo administrativo. Más allá de las especulaciones sobre presiones externas o supuestas investigaciones en su contra, el movimiento revela un problema más profundo: la fragilidad de la unidad interna de Morena y las tensiones de un régimen político que dejó de ser plenamente presidencial.
De acuerdo con el análisis de Federico Berrueto, la relevancia del hecho radica en que la actual Presidenta no gobierna sola ni con control absoluto sobre su propio partido. El origen de esta situación se remonta al proceso de sucesión presidencial diseñado por Andrés Manuel López Obrador, quien no solo definió reglas para la candidatura, sino que también repartió anticipadamente posiciones clave entre quienes compitieron por la nominación, configurando un gobierno de grupo más que un liderazgo unipersonal.

En ese esquema, dijo el analista político en entrevista con Quadratín, Adán Augusto López llegó a la coordinación de los senadores de Morena como parte de un acuerdo político que la Presidenta ha respetado con disciplina y su salida, por tanto, no significa su desaparición del escenario político, al contrario, ha dejado claro que seguirá activo como senador y como operador territorial rumbo a la elección de 2027, reivindicando el derecho que le otorgó haber sido aspirante presidencial.
Este episodio, añadió, pone en evidencia que Morena enfrenta una creciente disputa interna por el control político y la selección de candidaturas, sin que existan hoy las condiciones de cohesión y liderazgo que permitieron resolver conflictos en los procesos electorales de 2021 y 2024. La unidad del partido, lejos de estar consolidada, muestra signos claros de desgaste y tensión.
Berrueto agregó que en este contexto, la Presidenta se encuentra en una posición particularmente incómoda ya que, si bien por un lado, cuenta con amplios instrumentos formales de poder: mayoría legislativa, control del Poder Judicial y una Fiscalía afín, por otro, su autoridad política está acotada por la necesidad de mantener equilibrios internos dentro del movimiento fundado por López Obrador, así como por la obligación de ser consecuente con un proyecto que incluye no solo ideas, sino también grupos y lealtades heredadas.
A esta fragilidad interna se suma un frente externo complejo: la relación con Estados Unidos, la presión del gobierno estadounidense, en temas comerciales, energéticos y de política exterior. La amenaza de aranceles, la revisión del acuerdo comercial y las tensiones por la relación de México con regímenes como Cuba y Venezuela han reducido el margen de maniobra del Ejecutivo federal.
El escenario se agrava, apuntó el analista, por los problemas heredados: una economía estancada, una creciente deuda pública y una crisis de inseguridad marcada por la expansión de la extorsión y la debilidad del Estado frente al crimen organizado. Todo ello limita la capacidad de negociación internacional y profundiza la percepción de un gobierno bajo presión constante.
Así, la salida de Adán Augusto López no solo refleja un reacomodo en el Senado, sino que funciona como un síntoma de un problema mayor: un partido gobernante con unidad precaria y una Presidenta que, pese a su poder formal, enfrenta restricciones internas y externas que condicionan su liderazgo y ponen a prueba la estabilidad política rumbo a 2027, puntualizó.




