Llevarán observación electoral hasta prisiones y voto en el extranjero
MORELIA, Mich., 21 de octubre de 2025.- La 76 Legislatura del Congreso de Michoacán guardó silencio tras el asesinato del empresario limonero y presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán, Bernardo Bravo, ocurrido la mañana de este lunes.
Con excepción del Partido Revolucionario Institucional (PRI), ninguna fracción parlamentaria ni la presidencia de la Mesa Directiva, encabezada por la diputada de Morena, Giulianna Bugarini Torres, emitió pronunciamiento alguno de condena o exigencia de justicia por el crimen que conmocionó a la región y al sector agrícola.
Si bien en sus redes sociales personales Bugarini publicó una esquela a manera de condolencia, y por cierto se refirió al asesinato del líder citricultor como "fallecimiento", desde las vías institucionales del Congreso de Michoacán no se emitió ningún posicionamiento sobre el crimen.
La omisión contrasta con la práctica habitual de la presidencia del Congreso, que en otras ocasiones ha fijado postura pública frente a hechos relevantes de la vida política estatal.
Esta vez, pese a la magnitud del acontecimiento, el homicidio de un líder productivo que había denunciado extorsiones y exigido precios justos para el limón, la representación popular optó por el mutismo.
El silencio institucional se produce apenas cuatro días después de que, durante la sesión del pasado jueves, la diputada del distrito de Apatzingán, Sandra Olimpia Garibay Esquivel, advirtiera desde el Pleno parlamentario sobre la inseguridad que enfrentan los productores agrícolas.
En esa intervención, la Legisladora alertó sobre el riesgo en que se encuentran los campesinos y empresarios del campo michoacano, particularmente en la Tierra Caliente, donde el cobro de cuotas, las amenazas y la violencia criminal se han vuelto parte del entorno cotidiano.
“Hay hombres y mujeres que todos los días salen al campo sin saber si volverán; los productores están en la indefensión”, expresó entonces Garibay Esquivel, en un mensaje que hoy parece premonitorio frente al asesinato de quien encabezaba precisamente las exigencias de seguridad y justicia en ese sector.
A diferencia de otros momentos en los que el Congreso ha emitido pronunciamientos de solidaridad o duelo, esta vez no hubo ni un minuto de silencio, ni un acuerdo parlamentario, ni siquiera una publicación oficial en redes sociales.
En un contexto de violencia creciente contra líderes agrícolas y sociales, la falta de pronunciamiento por parte de los diputados, en su mayoría pertenecientes a Morena, Partido Verde y Partido del Trabajo, deja abierta la pregunta sobre el papel que debería asumir el Poder Legislativo ante hechos que afectan directamente a los sectores productivos del estado.
El silencio, en este caso, no pasa inadvertido y se convierte en un mensaje en sí mismo: uno que podría entenderse como un desdén que normaliza la impunidad y profundizar el distanciamiento entre las instituciones y los ciudadanos.




