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Durante mucho tiempo se ha querido colocar a la izquierda y al sector empresarial en extremos opuestos. Una vinculada con la política social y la redistribución de la riqueza, la otra con la inversión, la productividad y la generación de utilidades. Sin embargo, los desafíos económicos actuales exigen una visión mucho más amplia. Para Michoacán, una de las mejores alternativas es construir una relación en la que gobierno, empresarios, productores y trabajadores puedan avanzar hacia objetivos comunes. En ese terreno, Fabiola Alanís ha comenzado a impulsar una ruta que puede resultar especialmente valiosa: mantener los principios de justicia social mientras abre espacios de diálogo y entendimiento con quienes generan inversión y empleo.
Alanís ha venido acercándose a empresarias, emprendedores y sectores productivos de distintas regiones de Michoacán. Estos encuentros representan una decisión acertada porque permiten conocer directamente las necesidades de quienes todos los días enfrentan dificultades para abrir un negocio, contratar trabajadores, conseguir financiamiento o ampliar una empresa. Escuchar al sector privado antes de diseñar políticas económicas puede ayudar a construir decisiones mucho más cercanas a la realidad y evitar que las estrategias públicas se elaboren únicamente desde los escritorios.
Ese diálogo puede convertirse en una de sus principales fortalezas. Fabiola Alanís ha planteado que empresarios, productores y trabajadores no tienen que ser vistos como intereses contrapuestos, sino como componentes de una misma economía. Esa visión permite construir una izquierda más moderna, capaz de comprender que la política social necesita también de empresas fuertes, inversión y crecimiento. Un estado difícilmente puede ampliar sus oportunidades si no cuenta con negocios que produzcan, generen empleos y contribuyan al desarrollo de las comunidades.
Algunas de las propuestas que Alanís ha colocado sobre la mesa apuntan precisamente en esa dirección. La revisión gradual del Impuesto Sobre Nómina, la simplificación de trámites y el impulso a la formalización empresarial pueden convertirse en instrumentos importantes para mejorar la relación entre gobierno y sector productivo. Reducir obstáculos innecesarios para las pequeñas y medianas empresas no significa beneficiar solamente a los empresarios. También puede facilitar la creación de empleos formales, ampliar la recaudación y fortalecer la economía local.
La realidad laboral de Michoacán hace todavía más importante esta discusión. Una proporción considerable de la población trabaja dentro de la informalidad y eso implica empleos sin seguridad social, menores posibilidades de crecimiento y mayor vulnerabilidad económica para miles de familias. Por ello, apoyar a las empresas que buscan formalizarse, crecer y contratar trabajadores con derechos puede entenderse también como una política social. Generar mejores condiciones para producir y emprender termina teniendo un efecto directo sobre el bienestar de las personas.
Michoacán cuenta además con una oportunidad importante por las inversiones públicas previstas en infraestructura, conectividad, carreteras, agroindustria, turismo y desarrollo regional. Fabiola Alanís puede desempeñar un papel relevante si consigue que esas inversiones se conecten con las empresas michoacanas y con los productores locales. La mejor política económica no sería solamente construir grandes obras, sino procurar que esas obras generen proveedores regionales, nuevas oportunidades de negocio, cadenas productivas y empleos que permanezcan en las comunidades.
La relación que Alanís está construyendo con el sector privado puede fortalecerse todavía más mediante una agenda permanente de diálogo, con reuniones periódicas y compromisos concretos en materia de seguridad, simplificación administrativa, inversión, financiamiento y empleo. Para cualquier empresario resulta fundamental contar con certidumbre. Saber que las reglas serán claras, que los trámites funcionarán y que existe disposición del gobierno para escuchar puede convertirse incluso en un incentivo para nuevas inversiones.
Aquí se encuentra una de las mayores oportunidades para Fabiola Alanís. No se trata de cambiar sus convicciones políticas para acercarse a los empresarios, sino de demostrar que una política de izquierda también puede entender la importancia de la inversión privada. El gobierno puede conservar su responsabilidad social y proteger los derechos de los trabajadores mientras crea mejores condiciones para que las empresas produzcan, innoven y generen empleos.
Mantener y profundizar esta relación puede ser una de las mejores decisiones para una agenda de desarrollo en Michoacán. Fabiola Alanís ya ha dado un primer paso al acercarse a los sectores productivos y escuchar sus planteamientos. Ahora el reto es convertir ese acercamiento en acuerdos duraderos. Si consigue hacerlo, puede contribuir a construir una relación distinta entre política y empresa, una en la que generar riqueza y distribuir mejor sus beneficios no sean objetivos enfrentados, sino partes de un mismo proyecto de bienestar y crecimiento para Michoacán.




