MORELIA, Mich., 5 de mayo de 2019.- Marcado por la mayor y profunda crisis de su historia, y frente al peligro latente de desaparecer del tablero político nacional, el PRD arriba a sus 30 años de vida orgánica, en estado de inanición, con una sangría persistente de cuadros y sin una cura segura en el mediano plazo.

Aún así, el Partido del Sol Azteca se resiste al ocaso; se atrinchera y se relanza al amparo de la defensa del federalismo, de la lucha contra el nuevo centralismo, impuesto por su contraparte, hoy hecha gobierno y cobijada en Morena. 

Tiene frente a sí un reto titánico, igual que todos los partidos convertido ahora oposición y que solo balbucean ante la palabra y poder presidencial de López Obrador.

Aglutinador de todo el activo que representaron las denominadas fuerzas progresistas y resquicios de la vieja izquierda como el PSUM, el Partido Comunista, el PPS, y otros de nuevo cuño como el PFCRN, también conocido como el Ferrocarril de Aguilar Talamantes y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, PARM, el PRD fue el emblema de la oposición real en México durante los 90’s y los albores del nuevo milenio.

Amén a los resultados electorales de la histórica elección del 88, el surgimiento de la nueva propuesta de la izquierda mexicana obligó al Estado a replantearse, a renovarse y al inicio de un profundo cambio en el modelo político, a la construcción de un nuevo esquema institucional que concluyó con fortalecimiento del sistema democrático nacional.

Figuras como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Heberto Castillo, Ifigenia Martínez, fueron piezas clave en el tema de la reconfiguración del nuevo paradigma político mexicano.

El PRD tuvo que un largo, penoso camino para arribar al poder. En sus mejores momentos llegó a gobernar, directo o por coalición, en 11 entidades federativas, incluyendo la Ciudad de México.

Ahora, tras la crisis electoral de 2018, su fuerza se circunscribe a Michoacán y su activo político es de menos de 3 millones de votos a nivel nacional.

Caracterizada por una larga cadenas de traiciones y chantajes, la vida del PRD se fue menguando por la voracidad de 11 corrientes internas o tribus que le asfixiaron y le impidieron su desarrollo institucional.

El futuro del PRD es poco halagüeño. Se encuentra desmantelado, desmotivado y sin rumbo.

Su última oportunidad será en 2021.

Y será en Michoacán, su cuna, donde también puede ser su tumba.