MORELIA, Mich., 19 de noviembre de 2014.-El presidente de la Cámara de Diputados, Silvano Aureoles Conejo, señaló que hoy, cuando la protesta social está en muchas partes del país, es tiempo de recordar que la libertad de expresión es un legítimo derecho, pero que apostarle a la violencia como forma de conducta, individual o colectiva “no debe, por ningún motivo, alejarse de los límites que marca el Estado de derecho y las leyes”.

En Sesión Solemne con motivo del Centenario del Natalicio de José Revueltas, el legislador hizo un llamado a continuar por los caminos del diálogo, del entendimiento, de los acuerdos y que el actuar de todos los actores políticos se guíe siempre por el respeto a las diferencias, para ponderar la tolerancia, y nunca abandonar la paz y la armonía que se merece México.

Resaltó que en estos momentos difíciles para el país, la sociedad requiere de referencias como la de José Revueltas. “Necesitamos una sociedad más crítica, pero también una más propositiva, y además debemos responder al llamado de esta sociedad que exige de sus gobernantes que, ante todo, hablen con la verdad para recuperar la confianza, que honren su responsabilidad y que actúen con sensatez y que dignifiquemos el servicio público”.

Sostuvo que es tiempo para pensar en diseñar una nueva relación entre el poder público y los ciudadanos, en donde las y los mexicanos tengan la garantía de acceso a sus derechos, es decir, pensar en asumir una posición de Estado para resolver los problemas en su conjunto.

Aureoles Conejo recordó que José Revueltas nació el 20 de noviembre de 1914, en el estado de Durango; fue un brillante escritor de la literatura mexicana que “nos heredó un gran legado cultural como ensayista, novelista y cuentista”.

Indicó que en su momento fue el intelectual más solidario y comprometido con su realidad, pues veía a la condición humana como materia de su literatura y al arte como una expresión que conlleva misión y sacrificio.

Desde una óptica crítica, añadió, siempre supo reflejar y transmitir con sus obras el sentimiento de la gente, su pensamiento y sus realidades sociales que son producto de las injusticias y las desigualdades. Más allá de sus concepciones idealistas, continuó, fue un hombre muy sensible que en todo momento defendió su libertad de pensamiento y de congruencia con sus acciones.

“Hoy que honramos la memoria de José Revueltas deseamos que las generaciones presentes y futuras siempre lo recuerden como un gran escritor mexicano que dio luz y prestigio a la literatura mexicana”, afirmó.

Algunas de sus obras que escribió en los diferentes momentos de su vida son: “Los muros de agua”, “El luto humano”, “Dios en la tierra”, “Los días terrenales”, “En algún valle de lágrimas”, “Los motivos de Caín”, “Dormir en Tierra” y “El Apando”, entre muchas más.

El diputado expuso que de José Revueltas hay muchas enseñanzas: sus estancias en la cárcel por su protesta social dejaron una huella en su literatura. “No cejó en ningún momento de su vida en protestar y en señalar lo que no estaba bien y ése es el mensaje que hay que rescatar en el marco de este homenaje a José Revueltas. No aceptemos lo que está mal y cambiemos para ser mejores”.

A su vez, la presidenta de la Comisión de Cultura y Cinematografía, diputada Margarita Saldaña Hernández (PAN), señaló que hoy se conmemora a un ilustre mexicano, novelista, cuentista, periodista, dramaturgo, argumentista, guionista y ensayista, quien en sus escritos y en su vida no expresó más que la coherencia de sus ideas políticas, buscando a toda costa plasmarlas en su obra creativa.

Dijo que el mejor de los homenajes que se le puede hacer a José Revueltas es invitar al mundo a leer y releer sus obras, pues son el vivo reflejo no sólo de su activismo político y social, sino del contexto de la época, vivido y padecido desde la primera línea.

“Su obra es tan vigente como los problemas sociales que padece este México de la segunda década del siglo XXI. Estamos ante uno de los escritores mexicanos más comprometidos, no solo con su dolor, con el dolor humano, con el arte y la política, sino también con las angustias, con los despojados, con el ignorante y con los presos. Nuestro homenajeado vivió o combatió la injusticia a través de su punzante pluma”, afirmó.

Margarita Saldaña recordó que era un político militante de izquierda, hombre cabal, íntegro y siempre comprometido con la complejidad social del país convulsionado que lo vio nacer. Refirió que a los 14 años fue acusado de rebelión, sedición y motín por su intervención en un mitin en el Zócalo, razón por la cual estuvo seis meses en prisión.

Añadió que se afilió a las organizaciones Socorro Rojo Internacional y al Partido Comunista Mexicano, lo que le valió ser encarcelado nuevamente, ahora en las Islas Marías. En noviembre de 1968 fue detenido y encarcelado en Lecumberri por su activa participación en el movimiento estudiantil, donde permaneció hasta mayo de 1971.

“Estas experiencias le sirvieron para conocer en carne propia la injusticia y la intolerancia del gobierno para escuchar las voces de los jóvenes”, argumentó.

La diputada Saldaña Hernández destacó que la experiencia carcelaria lo llevó a escribir, en 1941, “Los Muros de Agua”, aludiendo a las Islas Marías, y “El Luto Humano”, obra por la que le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura en 1943.

Indicó que en 1969 escribió “El Apando”, una de las obras que encierra lo que él mismo define como realismo dialéctico, novela en la que narra el tiempo que estuvo preso en el edificio que hoy ocupa el Archivo General de la Nación.

Relató que desde muy joven, Revueltas pudo ver y plasmar en sus ensayos sobre México un proletariado sin cabeza. La democracia bárbara y los jóvenes revolucionarios del 68 ocupan un lugar privilegiado en su obra, mas no como simples elementos discursivos o de análisis, sino como recreaciones de vivencias.

Además, expuso, Revueltas realizó más de 50 adaptaciones cinematográficas, de las cuales se produjeron alrededor de 25 películas, entre ellas: “Que Dios me perdone”, de Xavier Villaurrutia; “La otra”, de Ryan Jean, y el “El Apando”, escrita por él y adaptada también por José Agustín, e incluso dio clases en el Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográficas de Cuba y en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos.