Las preguntas de Obrador para Anaya

Eduardo Ibarra Aguirre

No parecen pertinentes las preguntas que formuló el presidente Andrés Manuel desde Palacio Nacional en su popular mañanera, a Ricardo Anaya, el excandidato presidencial de Acción Nacional hace cuatro años, y quien desde Estados Unidos se declaró “perseguido”, durante entrevista con uno de los diarios que en México son seguidos como “si se tratara de la Biblia”, al decir de AMLO.

Y no lo son porque no es atribución presidencial hacer preguntas a un indiciado por la Fiscalía General de la República que apenas el lunes 8 ésta no impugnó el nuevo plazo fijado por el juez Marco Antonio Fuerte Tapia para que comparezca presencialmente el próximo 31 de enero en audiencia a celebrarse en el Reclusorio Norte. Y de no hacerlo el moroso declarante por tercera ocasión, la FGR puede solicitar la orden de aprensión en su contra.

            El alegato de la defensa de Anaya Cortés suena lógico, no metálico, pues no puede todavía revisar 137 mil páginas que integran la carpeta de investigación.

            Las interrogantes que formuló López Obrador a Anaya Cortés, pueden resumirse así: “si recibió dinero (de Emilio Lozoya), cuál era su relación con (Enrique) Peña, cuántas veces se entrevistó con él, qué temas trataron, cuál fue su papel cuando se aprobó lo de las llamadas (reformas) estructurales, por qué fue la ruptura, quién le aconsejó que amenazara en la campaña a Peña con meterlo a la cárcel, quién le dio ese consejo, por qué lo hizo”, sugirió AMLO.

            Sugerencias que no corresponde formularlas al titular del Ejecutivo federal, menos aún desde Palacio y en el espacio político de mayor audiencia. Compete, sí, a los agentes del Ministerio Público. Y no es una cosa menor sino sustancial, además de que Obrador reivindica con insistencia la naturaleza autónoma de la dependencia que encabeza Alejandro Gertz Manero. Credibilidad en la autonomía que no es reforzada con las declaraciones de “confianza” por la “rectitud” y “honestidad” del fiscal. Atributos que aquí no son puestos en duda.

            Con tales deslices, descuidos de López Obrador no favorece la imagen del fiscal y sí el alegato político del pequeño Ricardito –nada que ver con el gran rocanrolero estadunidense– que hace rato parasita de la condición de “perseguido” político, “las ideas modernas” que aplicaron sus camaradas de partido, pero no de grupo de poder, Vicente Fox (2000-06) y Felipe Calderón (2006-12) con resultados inocultables por la abundante corrupción y sangre. Y dos o tres lugares comunes más que no convencen. No es extraño que en la lista de presidenciables panistas, presentada recientemente por Marko Cortés, no figura el dueño de bodegas en Querétaro, por más que Xóchitl Gálvez le queme incienso.

Involuntariamente, lo que logra el presidente Andrés con su propensión a abordar el tema de Anaya, y si no allí está Dalia Tovar para que le “amarre navajas” con cuanto político se le ocurra y con el argumento de que no evade preguntas, le entra a casi todas. Es tiempo de ser más selectivo sin eludir temas.

            Anaya Cortés tenía muy hechecito su número de girar alrededor de lo que dice AMLO en la mañanera, acostumbrado como se quedó en la campaña al menor esfuerzo, mítines en las capitales de los estados en salones cerrados, con aire acondicionado y harto trabajo en el oligopolio mediático. Descubrió muy tarde que eso no funciona, por más que Jorge G. Castañeda lo dictara. Y se pasó al otro extremo, a imitar las prácticas de AMLO con trabajo “en el pueblo”. Y resultó caricaturesco el presunto responsable de lavado de dinero, cohecho y asociación delictuosa.

Acuse de recibo

El gobierno de Claudia Sheinbaum anunció que aceptó la renuncia de Paola Félix Díaz como secretaria de Turismo, debido a que “los principios de la Austeridad Republicana son fundamentales para el gobierno capitalino, por lo que refrenda su compromiso con la honradez y transparencia”… Todo apunta que en la boda de Antigua, Guatemala, podrían existir conflictos de interés, pues de lo contrario significaría que los funcionarios capitalinos no tienen vida privada, lo cual es inaceptable… Cuatro legisladoras del PAN destacan no tanto por sus ideas como por conductas bufonescas, mientras sus compañeros varones se ocultan tras ellas: Lily Téllez –producto de las redes sociales y la excesiva atención de los partidarios de AMLO–, Xóchitl Gálvez –que pretende adornarse con un pasado juvenil en la Liga Obrera Marxista–, Kenia López Rabadán y Marta Romo… Al exsecretario de Salud de Felipe Calderón, Salomón Chertorivsky –diputado ahora por Movimiento Ciudadano, propiedad de Dante Delgado–, le urge una visita al otorrinolaringólogo y también al oftalmólogo ya que descubrió una desconocida faceta de Jorge Alcocer: “lenguaraz”, llamo al parco y conciso secretario que generalmente lee sus ideas, en un simple acto de venganza porque el Premio Nacional de Ciencia exhibió el desastre de obras inconclusas y corruptelas que dejó en el sector el favorecido por Televisa.