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Foto: Archivo

Uso de razón/Pablo Hiriart

Pablo Hiriart/Quadratín
 
| 17 de mayo de 2018 | 0:01
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Margarita, un sacrificio inútil

La renuncia de Margarita Zavala a la candidatura presidencial no es un triunfo para nadie, pues ninguno de los tres aspirantes fuertes se va a quedar con todos sus votos.

Esos votos, por lo demás, ya estaban bastante menguados en el curso de la campaña, pues se habían ido decantando en favor de las opciones tradicionales.

Se trata de un sacrificio inútil, producto de una ruptura suicida en Acción Nacional.

De haber sido explícita sobre sus preferencias ahora que deja la boleta, tal vez se podría vislumbrar hacia dónde irían los que siguen su liderazgo.

Pero no fue así y no hay nada nadie, hasta ahora.

Triunfa, eso sí, la llamada partidocracia.

Sin dinero y sin estructura partidista, no hay camino para las opciones independientes.

Resulta impresionante que la candidata Margarita Zavala, que apenas a fin de año era la única que le disputaba el primer lugar en las encuestas a López Obrador, hoy se vea en la necesidad de renunciar porque se quedó sin votos.

Zavala fue aplastada por los aparatos partidistas que se aceitan con miles de millones de pesos del presupuesto.

Si ella hubiera sido la candidata del PAN-PRD, en este momento se encontraría en una parejera de película con el abanderado de Morena.

Como no iba por ningún partido, entonces sus opciones se redujeron a menos del cinco por ciento.

Es una lástima.

Muchos pensamos que en esa candidatura había una opción de futuro más allá de lo electoral. El embrión de un partido liberal con aliento social.

Ni Margarita Zavala ni Felipe Calderón, su marido, son frívolos o juegan a la política. Por eso es lamentable que no cuajara esa candidatura y quedase sólo en una anécdota electoral.

Tanto nadar para ahogarse en la orilla.

Si fue para contribuir a frenar el peligro autoritario que asoma como opción aventajada en estos comicios, Margarita debió dar su apoyo a alguien como la mejor opción para salvar a México de ese riesgo. O a la menos mala, si se quiere.

Ella tiene un liderazgo, diezmado por las circunstancias, pero liderazgo al fin y eso entraña responsabilidades. Orientar a quienes la siguen, no dejarlos colgados de un signo de interrogación.

Así las cosas, de los tres contendientes nadie puede decirse beneficiado por la renuncia de Margarita.

Pierde el PAN, porque si hubiese llegado a un acuerdo con Zavala antes de lanzar su cuestionada convocatoria a la candidatura presidencial, hoy estaría fortalecido.

No fue así. Y aunque Zavala dijo en el TEC que si ella no estuviera en la boleta votaría por el candidato del PAN, lo cierto es que hay rencores profundos derivados del pleito con Anaya que harán imposible que el queretano capitalice todo el capital electoral de la renunciante.

Hubieran arreglado ese diferendo antes, cuando Zavala tenía músculo y posibilidades fuertes. Y cuando era del PAN.

Los panistas ni arreglaron su litigio a tiempo ni consiguieron que Zavala decline por Anaya.

Y por extraño que parezca, muchos de los votos de Zavala fueron a dar a la cauda de López Obrador en el transcurso de la campaña.

De los que le quedan, algunos van a regresar al panismo, y otros seguramente irán a Meade, cercano a quienes llevaban la campaña de Zavala.

Pero se trata de una renuncia inútil, porque se realiza en momentos en que Margarita ya no vale lo que valía en 2017. Además, no apoya a nadie.

Y se hace cuando el puntero lleva una ventaja sólida en las encuestas.

En pocas palabras: ni candidatura, ni nuevo partido ni apoyo a nadie.

Un sacrificio inútil.