¿Una generación perdida?

Lo que vive México es un proceso de descomposición más profundo y grave de lo que hasta ahora se ha dicho. Después de más de tres décadas de estar sumidos en una sorda penetración del crimen organizado, hoy vemos que nuestro futuro está infectado.

Un niño de 11 años entró el viernes pasado a su escuela, con dos armas y, sin más explicación, disparó contra su maestra, contra sus compañeritos, contra otro maestro y se quitó la vida, así, sin más, en una escena dantesca que ni en películas se ve todos los días.

Esto refleja el grado de disgregación social que está viviendo nuestro país a causa de una incidencia delictiva que ha penetrado hasta la médula en una sociedad que se ha acostumbrado y que ha convertido estos episodios en parte de su cultura popular, en corridos, canciones, películas, videos.

El orden social está trastocado. Las bandas criminales se sirven de menores para ensanchar sus negocios del terror, bajo la certeza de que los niños son inimputables y no se les puede meter a la cárcel, cuando mucho a una correccional, que simplemente, no corrige nada.

¿Qué es lo que ha fallado? ¿Qué puede hacer el Estado? ¿Hasta dónde puede llegar este índice de criminalidad? Son las preguntas que deben plantearse desde ya en los centros académicos y de investigación para tratar de empezar a encontrar respuestas y medidas correctivas.

La violencia intrafamiliar, la violencia de género, el abuso sobre menores, la trata de blancas, la pornografía, prostitución, el uso desmedido y descontrolado de redes sociales, son quizá algunas de las respuestas. Sin embargo, nadie apunta a las conductas de las élites gobernantes.

Nuestros políticos, en los últimos años, han apurado el brebaje de las reformas, como si fuera el único elíxir para contener el cáncer de la violencia. Urgen medidas correctivas. Sin embargo, la legislación, aunque existente, ha sido insuficiente.

Todo pasa por el tamiz de la demagogia, la politización, la polarización y la mentira. Cada acto de gobierno, cualquiera que sea su corte ideológico, va acompañado por una carga de acusaciones dolosas, búsqueda de chivos expiatorios, sentencias sumarias que no van al fondo del asunto.

Hoy los reflectores apuntan a un niño que tomó dos pistolas, se disfrazó de algo que sólo Dios sabrá que fue, y disparó contra sus maestros, contra sus compañeros; y en dos días, se ventilaron teorías sobre las familias rotas, la “mochila segura”, pero nadie miró al entorno cercano.

Un viejo mofletudo, desde la cúspide del poder, ordena el asesinato de Nintendo de un alto militar irakí. Y el mundo lo observa, porque simplemente no puede hacer más nada, porque es como la decisión de los dioses.

Unos días más tarde, un avión con 176 pasajeros, es derribado por un misil iraní, y la respuesta es brutal y simple: “fue un error humano”. Otra vez, la humanidad observa impávida, porque simplemente no puede hacer nada. Es la élite de los poderosos que así se comunican.

En el entorno más cercano, en México, pueden desaparecer 143 estudiantes, sin que se sepa hasta ahora su verdadero final y destino; son acribilladas brutalmente 9 personas, entre ellas mujeres y niños, y el crimen aún no tiene castigo.

Este fin de semana fueron ejecutadas otras 5 personas en Guanajuato y en Cancún encuentran bolsas con 3 cabezas humanas. ¿Qué es lo que está mal entonces? ¿Nuestras familias? ¿Nuestras sociedades? ¿Nuestras clases gobernantes?

Quizá es un poco de todo eso, pero al menos en el caso de México, lo ocurrido en Torreón, Coahuila, es el cúmulo de actos inmorales, fallidos, de toda una generación, que desde hace más de 30 años perdió el rumbo, porque sus gobernantes están más preocupados en el dinero y el poder.

Ninguno puede sentirse libre de culpas. Desde el momento que perdemos el contacto con nuestros hijos y nuestros nietos y nos importa más el trabajo que nuestras familias, estamos fallando. Así que no, no es el momento de buscar culpables. Sólo urge encontrar soluciones y moderar nuestra ambición.

DESDE LA TRAMOYA

Y para cambiar el tema:

El senador por Morena, ahora con licencia, Higinio Martínez Miranda, dirigente del Movimiento de Regeneración Nacional en el Estado de México, ha sido blanco de ataques por su posición a favor de lo que pudo haber sido y no fue, el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, NAICM, que se hubiera ubicado en su tierra, Texcoco.

Recientemente, el 5 de enero para ser precisos, el presidente Andrés Manuel López Obrador realizó una gira de trabajo por esas tierras y fue notoria la ausencia del senador y dirigente de Morena en la entidad, lo que de inmediato se interpretó como una ruptura o un signo de distanciamiento entre ambos políticos.

Nada más alejado de la realidad. Nuestros informantes se dieron a la tarea de investigar: resulta que Don Higinio, dice haber atendido los señalamientos del propio AMLO “es preferible que se pongan a trabajar por el bien de sus comunidades y que eviten andar buscando sólo salir en la foto”.

También, el ex alcalde de Texcoco sostiene que otro factor para no estar presente fue que no está en su ánimo acudir a eventos donde esté Alfredo del Mazo, pavoneándose como si no hubiera pasado nada en la fraudulenta elección para arrebatarle la gubernatura a su paisana Delfina Gómez.

Y para aclarar paradas al estilo texcocano, Higinio Martínez Miranda precisa que en el caso del NAICM, nunca ha tenido, ni tiene, interés económico alguno en esa obra, “no siquiera un puesto de tortas tuve, cuando lo pude tener”, aclara.

Para despejar de una vez por todas las dudas que pudieran existir, aclara que sí defendió en su momento que continuara la construcción del nuevo aeropuerto por una sencilla razón: ¡es texcocano de nacimiento!

Ha sido alcalde de Texcoco y que más sobrada razón para defender un proyecto que sin dudas sería benéfico para sus coterráneos. Tenía que estar con ellos, ¡Faltaba más!

“Nunca –dice el senador con licencia– nunca adquirí, en lo personal, ni mis familiares más directos, ni los lejanos, un solo metro de tierra en los últimos 63 años en los alrededores del ex NAICM en Texcoco u otros municipios. Tampoco herede un solo metro”.

Higinio Martínez aclara que por lo mismo es inconsistente, doloso y falso, que mi interés porque el aeropuerto de Texcoco se mantuviera, fuera por una cuestión económica personal o de negocios.

“No hay absolutamente nada que avale esa teoría y estoy sujeto a toda investigación que se me quiera hacer. Nunca me he dedicado a los negocios privados. No los sé hacer. Menos a estas alturas de mi vida”.

Por lo tanto, explica Martínez Miranda, si el Presidente tomó la decisión contundente de cancelar la construcción del NAICM, se ha sumado a esa determinación.

Higinio ha trabajado 23 años con AMLO, y según sus dichos, ha estado con él en las buenas, en las malas y en las pésimas, y considera que por un tema que no haya  coincidencia, no cambia en absoluto su lealtad de tantos años.