A los ochenta y cinco años la vida ya fue. Y, también, la vida puede darte la excepcional oportunidad de un presente.

A Porfirio Muñoz Ledo lo regresaron, primera persona del singular, a la política por sus excepcionales cualidades. Por su conocimiento de leyes, por su inteligencia privilegiada. Con todos los asegunes que se quiera agregar, con absoluto conocimiento y respeto a su manera de ser libre y pendenciera.

Y ahora hace lo que siempre ha hecho. Lo que le da su gran y reverenda gana. Ahora se expresa en contra de enviar la Guardia Nacional a la frontera Sur. Y, sobre todo, dice que es ilegal lo que están haciendo con la Secretaría de Gobernación. Es decir, declara lo que la señora que dormita debió decir de inmediato.

Porque el tema de migración pertenece al ámbito de Gobernación.

Es obvio que el presidente López Obrador puede diseñar políticas de gobierno a su antojo, pero primero tendría que haber cambiado las leyes. Un trámite simple. Muñoz Ledo afirmó: “Gobernación ha sido privada ilegalmente de sus funciones. Están violando el Artículo 27, Fracción 33 de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal”.

Frente a esto el silencio.

Y nada de dar marcha atrás.

Es obvio que también está presente el factor señora secretaría de Gobernación, señora ministra en retiro, señora que no entiende la “O” por lo redondo de la función pública. Y que igual fue, la Sánchez Cordero, a dar la “bienvenida” a los migrantes, que dice ignorar cómo entraron 144 mil de estos a nuestro país.

O sea, resulta difícil ayudarla.

Porfirio Muñoz Ledo no busca esto. Es la institución. Es la necesaria obediencia a las leyes vigentes. Es, por tanto, su papel.

¿Está en contra del gobierno de su amigo López Obrador?

Está, todo indica, genuina y legítimamente en contra de algunas políticas de éste gobierno.

En este sentido, insistió en que Marcelo Ebrard ha “invadido” funciones que le corresponden a Gobernación. ¿A quién importa esto? Definitivo al líder de los diputados, un poder que no debe ser menospreciado. ¿Es incomodo Porfirio? Siempre lo ha sido. Basta revisar su historia.

No se quedó en este tema, del ámbito de las leyes de la administración pública, mucho más fuerte fue su pronunciamiento: “El problema más grave que enfrentamos es la pérdida de soberanía, nos quieren convertir en un país enjaulado…”. Expresiones que corresponden a muchas expresadas por la oposición.

¿Por qué dijo esto? Obviamente porque está convencido de que es verdad. Y por tanto, a su edad, cuando poco hay que perder, decidió hacer lo mismo que vino haciendo cuando tenía, en contraste, mucho que perder: Decir su verdad.

¿Va a escucharlo el primer mandatario? Esa es otra historia. Por lo pronto tenemos una voz, dura, respetable, que dice públicamente que no es así. Que lo que Marcelo nos quiso “vender” como una gran panacea conlleva faltas graves a la Ley, y un riesgo de pérdida de soberanía. No más, no menos.

Ahí van a quedar sus palabras, para lo que sea…