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Foto: Archivo

Observador ciudadano/Enrique Bautista Villegas

 
| 01 de diciembre de 2016 | 7:51
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OBSERVADOR CIUDADANO

TIEMPO DE DEFINICIONES

Enrique Bautista Villegas.

 

A prácticamente 100 años de la Promulgación de la Constitución de 1917; una Constitución con sentido colectivo, producto de la primera revolución social del siglo XX, México se encuentra sumido en la peor crisis de que tengamos memoria las generaciones vivientes. Y lo que viene…

La situación que vivimos no es coyuntural; es estructural. No se generó a partir de la llegada al poder de Peña Nieto o de Calderón, aunque nada hicieron ellos para impedir que esta se agudizara. Seguramente es multifactorial, aunque la mayor parte de la responsabilidad de la misma corresponde a la imposición de un modelo de desarrollo que se impuso en el país a partir de principios de la década de los 80 del siglo pasado: el llamado neoliberalosmo.  Su puesta en marcha se dio con la llegada de Miguel de la Madrid a la presidencia de la República, y su consolidación,  durante los gobiernos del PRI y del PAN, que desde entonces han conducido los destinos nacionales.

Hasta 1980, con tiros y jalones la economía de México había venido creciendo a índices por encima del promedio mundial; había una clase media floreciente, la distribución del ingreso mejoraba, los salarios de los trabajadores incrementaban lenta pero sostenidamente su capacidad de compra, la calidad de vida se incrementaba para la mayoría, los jóvenes soñaban con un futuro promisorio. El gran  pendiente era el campo y los campesinos, encargados de la producción de alimentos. Siempre víctimas de la extracción de la riqueza que generaban, a través de la transferencia de la misma al resto de la sociedad, mediante los bajos precios que recibían por sus cosechas.

Si bien en un contexto de economía cerrada el país había alcanzado el desarrollo de un sector industrial medianamente modesto, pero sólido. La recuperación de la industria petrolera para el país, generaba tranquilidad y la promesa de un crecimiento sostenido, que eventualmente sería malogrado por los gobiernos neoliberales. El país contaba con una infraestructura de comunicaciones en pleno desarrollo que llegaba a la mayor parte del territorio nacional. Se vivía en un ambiente de paz y tranquilidad, la delincuencia era un fenómeno incidental, el crimen organizado no existía, delitos como el secuestro y la extorsión eran desconocidos. Aún cuando la corrupción siempre existió, sus manifestaciones eran aisladas y mínimas, y siempre reprobables.

Pero todo cambió a partir de la adopción del modelo de desarrollo neoliberal. Los gobiernos de De la Madrid, Salinas y Zedillo se encargaron de desmantelar la industria paraestatal; entregaron a particulares la banca nacionalizada,  las telecomunicaciones, la telefonía, la televisón y radió públicas, los ferrocarriles, aeropuertos y líneas aéreas y hasta parte de las carreteras, la industria acerera, la de bienes de capital, la petroquímica, la industria azucarera, que estaban en manos del Estado. No hubo beneficios de ninguna naturaleza para el país y la sociedad (nunca fue claro donde quedaron los ingresos de esas supuestas ventas).

Con el establecimiento del neoliberalismo la política social pasó a segundo término ydesde entonces  se ha venido debilitando sistemáticamente. El gasto en educación pública, en investigación, en seguridad social y salud, han disminuido en términos reales. Con un falso discurso que supuestamente proponía buscar el adelgazamiento del Estado, se han trastocado las instituciones, incrementado la burocracia, propiciado la rapiña, e institucionalizado la corrupción a todos los niveles y en todos los ámbitos.

Hoy, la perspectiva hacia el futuro se torna aún más grave. Además de crítica, es incierta y preocupante por la inminente llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Hay serios temores y alerta generalizada en todos los sectores del país por las amenazas y señalamientos  que el racista y ultraconservador presidente electo estadounidense formuló durante su campaña respecto a las acciones que tomaría respecto a las relaciones de su país con México, de ganar las elecciones: La expulsión de millones de mexicanos que habitan allende la frontera y que no cuentan con papeles migratorios en regla, la construcción de un gran muro a lo largo de la linea divisoria entre ambos países, pretendiendo que su costo sea cubierto por Mexico; la amenaza de incautar las remesas que los trabajadores mexicanos que habitan allá y envían a sus familias de este lado, la presión a la industria estadounidense que ha establecido plantas de fabricación en México para que las repatríen a su país de origen, las amenazas de gravar las importaciones mexicanas con un arancel de 35%, la intención de cancelar o renegociar el Telecan de acuerdo a sus interese particulares, entre las más importantes.

No pretende  esta nota presentar un panorama pesimista, sino realista. Llamar e la reflexión sobre la imperiosa necesidad de rectificación del rumbo. México es un país rico por la abundancia de sus recursos naturales (actualmente en proceso de depredación) y por su biodiversidad, por la nobleza y creatividad de su pueblo. Sin embargo, el aprovechamiento de ese potencial dormido, solo será posible con el concurso de todos los mexicanos. Solo unidos y organizados podremos retomar el rumbo hacia el crecimiento y la reconciliación social.

En chino, la palabra crisis está formada por dos vocablos; el primero, Wei,  significa peligro, y el segundo, Ji, significa oportunidad. Es imperioso que la crisis en la que  el país está sumido, y la tormenta que se avecina, sean enfrentadas con un genuino espíritu de cambio; de búsqueda de alternativas, en el que la población organizada se de a la tarea de terminar con los signos ominosos que la han propiciado: la imposición del neoliberalismo a ultranza, la prepotencia de los dueños del capital, su contubernio con una clase politica en pleno proceso de descomposición, el abuso de los grupos de poder político, y la corrupción, entre los más importantes.

Ciertamente Trump no podrá materializar sus amenazas en la dimensión que lo señala, ni lo hará solo en un día. Ciertamente existe la esperanza de que eventualmente las variables macroeconómicas,  como el precio del petróleo y la depreciación del peso frente al dólar mejoren. Pero es una realidad que solo a través de recuperar el manejo del destino nacional, con el concurso de la sociedad organizada y la conducción del gobierno a través de mexicanos comprometidos con las causas de la población, estaremos en condiciones de lograrlo.

El tiempo de las definiciones está llegando.

 

 

 

Enrique Bautista V / Quadratín
Estudié la licenciatura en Economía en la UNAM; tuve la oportunidad de ir becado a Holanda e Inglaterra, donde obtuve una maestría en Estudios de Desarrollo. A mi regreso me incorporé a trabajar con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en el Gobierno de Michoacán (1980-86); lo mismo hice 16 años después con Lázaro Cárdenas Batel (2002-07). Fui diputado federal y local por el PRD, siendo fundador y militante hasta 2014, cuando renuncié al mismo por considerar que abandonó sus ideales democráticos. Soy pequeño empresario agrícola y acuacultor. Estoy genuínamente preocupado por la pérdida de rumbo del país y la pasividad de la sociedad frente a la corrupción y la impunidad.
Enrique Bautista V / Quadratín

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