Itinerario político
A Andrés Manuel López Obrador no le gusta la oposición; le molesta, le incomoda, lo irrita, le quita esa sonrisa burlona que lo caracteriza. No importa cual sea su presentación: medios de comunicación, partidos de oposición, organismos constitucionales autónomos, sociedad civil o cualquier institución independiente de este país. Desde su llegada a la presidencia, la descalificación constante, la injuria sin pruebas que la respalden y la generalización aberrante se hanhecho presentes cada mañanera para todo aquel que lo ha llegado a señalar, criticar o que simplemente no piensa de manera similar. Prueba de ello la semana pasada cuando desde Palacio Nacional presentó un supuesto plan secreto,aún desconociendo su origen y autenticidad, en el que agrupaba a quienes han alzado la voz cuando se ha llegado a equivocar o ha hecho las cosas mal, para presuntamente quitarle el poder el próximo año no por la vía armada, tampoco de manera inconstitucional sino por la vía electoral, como en cualquier democracia, a partir de una oposiciónorganizada a la que bautizaron como “BOA”, el Bloque Opositor Amplio. Sin embargo, por múltiples inconsistencias y por la información que se reveló horas después de una presunta fabricación del documento a cargo del Director General de Comunicación de la Secretaría de Gobernación, todo parecía indicar que no era más que la invención de un enemigo imaginario, recurrente en el presidente a lo largo de los años cuando se siente acorralado.
Desde su gira a la península de Yucatán para darle el banderazo de salida al comienzo del proyecto del Tren Maya, que por cierto no será eléctrico como se había propuesto antes de su construcción sino que resultó ser más contaminante de lo que le gusta reconocer a López Obrador, el mandatario retomó su discurso de división maniqueo de buenos y malos, de ángeles y demonios, de aquellos que están con él y aquellos que están en su contra. Mencionó que son tiempos de definiciones; de definirse a favor o en contra de la “transformación”; de definirse por la honestidad y el combate a la corrupción o por los privilegios en manos de unos cuantos, como él dice que se hacía en el régimen anterior. Pero nuevamente se equivoca, porque quienes están en contra del gobierno que encabeza no están a favor de la corrupción sino de que a este país le vaya mejor en economía, en seguridad y en salud; tampoco es que algunos mexicanos estén en contra de una transformación, sino que quieren una llevada a cabo con responsabilidad y sin polarización. Y es que lo que le debería preocupar al Ejecutivo Federal no es la BOA sino el NOA NOA; ese lugar de ambiente donde todo es diferente que sólo está en su mente y no le permite ver la realidad que ha millones de mexicanos les preocupa diariamente.
Si bien no se puede asegurar la existencia del BOA, la incapacidad, irresponsabilidad e insensibilidad del gobierno federal son características que los periodistas, los empresarios, los inversionistas, las víctimas de violencia y muchos mexicanos lo saben, lo saben. Por ello, valdría la pena que los partidos de oposición consideraran esta opción; no poniendo sus intereses de por medio, sino el interés de todo México. Porque en el 2021 estarán ante una gran oportunidad que probablemente podría ser la última que tendrán de disminuir el descontento que tiene la ciudadanía con los partidos políticos en general. Un cambio de rumbo con honestidad, visión y capacidad de la mano de la sociedad. México lo merece y lo necesita.




