Indicador político
Desde 2015 he participado en los Congresos Nacionales de Morena. Fui consejera en Zacapu, distrito 07; en aquel entonces tenía 22 años. Once años después, sigo participando, sigo creyendo y confiando en este movimiento que fundamos al lado de Andrés Manuel López Obrador y que se convirtió en la primera fuerza política de México.
Bajo el liderazgo de nuestra presidenta, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, seguimos fortalecidos. El discurso de dejar fuera la corrupción se palpa con los cambios ocurridos este domingo 3 de mayo, y me permito citar algunos fragmentos del discurso que dio en su toma de protesta como nueva presidenta de Morena, Ariadna Montiel:
“Somos la revolución de las conciencias, somos la resistencia civil contra el desafuero de Andrés Manuel, somos hijos del campamento de Reforma, donde exigimos el recuento voto por voto, donde demostramos que nuestra lucha por la democracia fue, es y siempre será pacífica.
Somos las mujeres y los hombres que resistimos ante los embates privatizadores de los recursos naturales de nuestra nación. Somos los que defendimos nuestra soberanía nacional, luchando codo a codo con Andrés Manuel López Obrador y nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, porque si luchamos juntos jamás nos van a dividir.
Los que superamos los fraudes electorales del 2006 y el 2012. Somos quienes fundamos Morena en 2010 y que posibilitamos que se obtuviera el registro como partido político en 2014. Somos quienes hemos recorrido casa por casa, sin nunca perder la esperanza. Somos quienes siempre hemos estado del lado del pueblo.
En tan solo 4 años, nos convertimos en la primera fuerza política del país. Nos convertimos en el faro de esperanza no sólo para México, sino para América Latina y para el mundo, porque demostramos que otra manera de hacer política es posible. Hemos luchado juntos y hemos llegado juntos, y es desde esta historia compartida, desde esta lucha obstinada que nunca se rindió, desde la transformación que recibimos en las bases y en el territorio. Hoy asumo con honor y responsabilidad la tarea de encabezar los esfuerzos de nuestro movimiento.
Porque decidimos poner primero a quienes siempre habían sido los últimos. Tenemos un modelo que redistribuye la riqueza a la que todos contribuimos, que reconoce a cada persona que ha contribuido con su trabajo y esfuerzo a la construcción de nuestra nación.
Esa es la prueba del humanismo mexicano, que es la ruta correcta. Cuando el presupuesto se maneja con honestidad, la justicia llega hasta el último rincón de nuestra patria.
Esa es la transformación que nos trajo hasta aquí. Hoy México es distinto: donde antes hubo abandono, hoy hay presencia del Estado; donde antes hubo corrupción, hoy hay austeridad y honestidad; donde antes se administraba la desigualdad, hoy se construye bienestar en cada lugar en donde nuestro movimiento es gobierno. Debemos tener presente que no puede haber gobierno rico con pueblo pobre.
No debemos olvidar las luchas y las causas que representamos. No se trata de conformarnos con lo mucho que hemos logrado, sino que hoy se trata de seguir en la disputa por nuestra nación, porque ese modelo que tanto daño le hizo al país no ha desaparecido del todo; sigue presente y, desde las sombras, hoy intentan desestabilizar a nuestra nación para frenar la transformación del pueblo de México que hoy vivimos.
Nacimos en la resistencia y en la resistencia seguimos, y así nos ha enseñado nuestros pueblos y comunidades indígenas. El tiempo, para ellos, no se mide en sexenios, sino en generaciones; por eso el nuestro es un proyecto de nación que no va a detenerse, y debemos defender entre todos este proyecto desde donde siempre hemos sido más fuertes: desde el territorio, en la organización popular y en la soberanía de nuestra nación, basada en la cercanía con nuestro pueblo; porque la organización, compañeras, es la transformación.
¿De Andrés Manuel qué aprendimos? Que gobernar es servir y que el poder solo tiene sentido cuando se pone al servicio de los demás; pero, sobre todo, aprendimos que lo más importante es la lealtad al proyecto. Con su retiro voluntario nos enseñó que esto no se trata del poder por el poder ni de protagonismos; se trata de México.
De nuestra presidenta aprendemos de su temple y firmeza en la férrea defensa de la soberanía nacional; el mundo la mira con admiración y respeto. Ella es nuestro orgullo; su llegada no es solamente el triunfo de una mujer, es el triunfo de generaciones enteras que durante siglos fueron invisibilizadas; con ella llegamos todas.
Hoy más que nunca vamos a respaldar a nuestra presidenta. Necesitamos la firmeza de su liderazgo para enfrentar los retos del presente; aquí hay mucho pueblo y un gran movimiento que la respalda.
Tenemos a la mejor presidenta del mundo; desde aquí le decimos: presidenta, no está sola.
Hoy la defensa de nuestro país significa estar en el territorio, escuchar a la gente, seguir informando, organizar y sostener con determinación este proyecto de nación en cada comunidad, en cada barrio y en cada hogar; es decir, debemos profundizar la revolución de las conciencias entre todos: es una tarea de todos.
Cada uno de nosotros debemos asumir la tarea de llevar la transformación a cada hogar; cada uno de nosotros debemos mantener el vínculo permanente con las familias; cada uno de nosotros debemos preocuparnos por el pueblo. Este momento también exige claridad hacia adentro, compañeras y compañeros.
Lo digo con toda claridad: esta dirigencia no tolerará corrupción en ningún gobierno de Morena.
Honestos y con un compromiso real con el pueblo, porque lo que está en juego —escúchenlo bien— es la autoridad moral y política que nos dio la legitimidad para llegar al poder.
Y desde ahora, un aviso para quienes aspiren a ser coordinadores de la defensa de la transformación y quien quiera ser candidato en 2027: deben tener una trayectoria impecable.
Hemos definido un método claro y democrático: que sea el pueblo y nadie más quien elija a nuestros coordinadores.
Que quede claro: también la definición a través de las encuestas no es la búsqueda de la fama y la popularidad, o el poder por el poder; es el reconocimiento del pueblo de que se está junto a él y de que se es honesto, que se es cercano, que se conoce el territorio para gobernar mejor y que se cumple el compromiso empeñado con el pueblo.
Así que escuchen bien: si tenemos certeza de que alguien comete un acto de corrupción, aunque haya ganado la encuesta, no serán candidatos.
La honestidad es un mandato ético que no admite excepciones. Esta convicción es la misma que hoy debe guiar nuestros pasos: ejercer el poder sin apartarnos, ni un minuto, del pueblo. Recordemos que somos lo que somos gracias a este gran movimiento; que a nadie se nos olvide que la confianza está depositada en Morena y en nuestra presidenta.
Sea por el pueblo, para que cada decisión esté a la altura del mandato popular, para que cada decisión que tomemos sea por México. En esta etapa ya no basta recordar de dónde venimos, algo que nunca debemos olvidar, pero también es momento de que demostremos con hechos hacia dónde vamos. Morena creció caminando, escuchando, organizándonos; ahí está nuestra fuerza, ahí está nuestra identidad y ahí tenemos que permanecer. Sigamos tocando puertas, recorriendo las calles; hablemos con la gente cara a cara, informemos y escuchemos; llevemos la transformación a los millones de hogares a través de nuestros gobiernos estatales.
Desde ahora nos vamos a imponer la tarea de llevar nuestro periódico Regeneración a los 30 millones de hogares; no nos debe faltar ni una vivienda.
Morena es la esperanza de México porque es un movimiento vivo y permanente.
A nuestros militantes les digo: ustedes son el corazón de la transformación.
Tenemos proyecto, tenemos conciencia y tenemos rumbo.
Tenemos todo para consolidar la transformación y asegurar el porvenir de nuestro pueblo.
No olvidemos que luchamos por la felicidad de nuestro pueblo.
Aquí nadie llegó solo; llegamos con la historia, con la lucha de quienes nos antecedieron y con la confianza de millones que confían en que estemos a la altura de este momento. Hoy renovamos nuestro compromiso de seguir adelante con la certeza de que la cuarta transformación es irreversible.
Sigamos unidos por la transformación. La unidad nos hará invencibles, pero la unidad más importante es la unidad con el pueblo. Vamos a resguardar con alegría lo más sagrado que tenemos: el legado de Andrés Manuel López Obrador.
Vamos a respaldar al gobierno de la mejor presidenta del mundo y primera mujer presidenta de México.
Sigamos luchando con alegría, porque hemos trabajado, porque lo hemos hecho intensamente con nuestro pueblo, porque hoy, sin duda, nuestro pueblo vive mejor.
Llevemos la frente en alto; la lealtad al proyecto está intacta y sigamos sirviendo honestamente a nuestro pueblo, que es extraordinario.
Que viva el humanismo mexicano.
Que viva la cuarta transformación”.
Es importante retomar parte de las líneas discursivas de nuestra presidenta Ariadna Montiel, porque para quienes me cuestionaban por qué reparto el periódico Regeneración y toco puerta por puerta, en este discurso está la respuesta.
Por cierto, llevo haciendo esta tarea hace unos 15 años, pero invito a mis compañeras y compañeros a comenzar a hacerla.




