Los cortadores de limón.

Gerardo A. Herrera Pérez

Hace más de un año conozco los graves problemas por los que atraviesan los cortadores de limón y esas narrativas las escribí y las di a conocer a través de los medios de comunicación; fueron los cortadores y cortadoras de limón los que me lo informaron y no los libros, fueron ellos y sus narrativas las que expresaron la situación en la que viven, en la que se desarrollan y en las que se ven en su día a día.

Hoy estuve en la zona donde viven muchos de los cortadores de limón: colonia la Joyita, Vista Hermosa, Palo Alto y otros espacios más. Pude visitarlos en sus domicilios, pude escucharlos en los frentes de sus casas, pude estar cercanos a ellos en su recuperación de enfermedades, así como de aquellos que llegaron a sus domicilios porque sufrieron un accidente de trabajo. Estos últimos (enfermos) cual mercancía que ya no sirve, son llevados a sus casas para que resuelvan sus problemas, pero sin un apoyo económico, y desde luego, toda vez que éstos no están dados de alta en el IMSS, una responsabilidad de los patrones.

Las familias se sostienen por el salario del trabajo del padre, o de la madre en corte del limón (en esta zona también vive quienes recolectan la basura por las calles de Apatzingán), en ocasiones de ambos; que falle la entrada económica de alguno de ellos pone en crisis el proyecto de familia y genera pobreza, precariedad y condiciones de muy difícil desarrollo sobre todo para aquello que se le denomina del interés superior: niños, niñas y adolescentes.

Las habitaciones, casas, o viviendas, espacios donde viven los cortadores de limón, están elaboradas con costera, hules, madera y otros materiales altamente flamables, cuyo techos son de láminas de cartón o metálicas, son cuartos universales, ahí se desarrollan todas las acciones de convivencia, un área de estar, el área de cocina y comedor, y una simple división para separar los dormitorios de niños y adultos; algunas de las casas cuentan con el servicio de luz y agua potable, aun no hay drenaje. Muchas de las casas cuentan con un traspatio y en su alrededor de la pequeña casa han sembrado árboles frutales: ciruelos, vástagos, mangos, almendros y otros.

Los traspatios de las humildes viviendas están ocupados por animales de corral, gallinas, patos, gansos, perros, gatos, guajolotes; también están presentes los lavaderos y los tambos de agua, está presente la vida a la que se refiere Felix Guattari, la ecología medianbiental, social y mental.

Las personas, es decir los cortadores de limón, tienen una forma muy precaria de vivir, pero sus hijos e hijas adolescentes, me llamo la atención ver como generan actividades que privilegian la violencia para resolver sus problemas, preferentemente por la lucha por los hombres, por los novios: es importante trabajar en cohesión social en estas áreas en donde urge una forma diferente de comprenderse, una forma diferente de convivir, una manera distinta para pensarse en despensarse y lograr repensarse en el ser humano que desean y es urgente ser, aquel ser humano que busca el equilibrio y el respeto por la vida.

Pequeñas tiendas de abarrotes sobresalen en aquel lugar, es decir, aquí también se desarrolla el modelo Neoliberal y todos y todas se encuentran sujetos al mercado; lo que venden estos pequeños espacios comerciales son productos bajos en proteínas y altos en: almidones, azucares, sal. No hay ningún mecanismo de protección al desarrollo de la población y menos que los ayude a comer sano y nutritivo. Los refrescos, son la bebida por excelencia para chicos y grandes, el gasto generado por estos líquidos que nos mantienen en el primer lugar de obesidad a nivel mundial, es más alta que el comprar leche o hacer atoles o tés de mayor nutrimento.

Al recorrer la zona nos damos cuenta de la pobreza, nos damos cuenta que los servicios municipales no están disponibles para todos y todas las zonas de aquel lugar, aun ahí se viven diferencias, unas calles si cuentan con servicios de alumbrado público, otras no, unas con agua potable, otras no y así, un largo etcétera; nos damos cuenta que se requiere de organización de la colectividad, de impulsar un mecanismo de cohesión social, es decir, trabajar sobre la confianza, la identidad, los valores y la convivencia.

La vida transcurre en la Joya, en Vista Hermosa, en Palo Alto, y lo hace su gente de manera líquida, esto es de manera no estable, o dicho de otra forma es inestable, en ocasiones con demasiada tranquilidad, con zozobra, en violencia, en androcentrismo, en sexismo, en masculinidades hegemónicas, en posicionamientos de sometimiento, disciplina y control del cuerpo del más débil, del más fuerte no solo físicamente, sino ideológicamente.

Los niños, niñas y adolescentes y jóvenes, adultos y adultos mayores en estas zonas viven en condiciones de mucha precariedad, se requiere nuevamente de dar un enfoque desde el diseño de la política pública con perspectiva de derechos humanos, de igualdad y no discriminación, de perspectiva de género, interculturalidad, de acciones para la paz.

Quienes llegamos a la zona, debemos actuar sin colonización, sin androcentrismo, sin sometimiento, debemos ser dialógicos, complementarios y de tener una escucha asertiva, quienes llegamos a esta zona debemos ser tolerantes y respetuosos, debemos ser comprometidos y humildes en nuestra actitud, debemos ser generosos, debemos ser humanos y vernos en la horizontalidad y no la verticalidad. Debemos de promover acciones para vernos todos y todas en la centralidad.

Así, Pedro y Stephany que se forman, han logrado comprender de las grandes tareas que como humanos con visión de inclusión y respeto, debemos tener para hacer acercamientos a poblaciones viviendo en condiciones de vulnerabilidad.

Mucho por hacer y mucho por transformar, en ello, y lo primero, el fortalecimiento al proyecto de vida, la vida entendida de todo ser vivo, eje de centralidad de este mundo que es nuestra casa, en donde debemos de cuidar del medio ambiente, la biodiversidad, la naturaleza, y desde luego la vida.

Quiero agradecer el acompañamiento de Lorenzo Birrueta, así como de los hijos Jonathan y Leo; así como de Roxana, doña Locha, la famosa Secretaria, y muchos y muchas niñas y adolescentes que construyen pensándose, para despensarse para repensarse. Amo lo que hago, de Apatzingán a Maravatio, de Uruapan hasta Lázaro Cárdenas, de Pátzcuaro a Erongarícuaro, de mi corazón al corazón de todos y todas aquellos que me han tocado con su buenos días, con su alegría, o con una sonrisa que me dice que caminamos por el bien común. Gracias a todos a todas.