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Foto: Archivo

Libros de ayer hoy/Teresa Gil

Teresa Gil/Quadratín
 
| 16 de septiembre de 2017 | 12:57
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Libros de ayer hoy

 

El relámpago verde de los loros

Teresa Gil

[email protected]

 

La imagen virtual de dos loros en busca de refugio mientras miles de personas se hacinaban en galerones, mostró al mundo la realidad de dos vidas, la humana  y la de los animales. Hay poca diferencia ante la violencia de los elementos, pero la de los animales permanece en el silencio de las noticias, a menos que como en  el caso mencionado, una turista, Laura Aguilar, exhiba con su cámara el desamparo de esos seres vivientes, en Miami. Poco se sabe, por ejemplo que de 300 especies de loros que existen en el mundo casi el 60 está en peligro de extinción y en México, que tiene seis especies endémicas  solo una no corre peligro. A lo mejor he buscado mal,  pero siempre he querido saber cuantos animales murieron en el sismo del 85. Nunca he conseguido el dato. Ahora, en el sismo del 2017, solo veo imágenes de perros macilentos entre los escombros, buscando algo de comer. La vida de los animales, su protección y control tiene muchas connotaciones en  un desastre. Organismos ecológicos -Geosalud entre otros-  redes diversas y algunos reportajes recientes advierten sobre el desequilibrio que sufre el mundo animal en un desastre. Los domésticos pueden volverse furiosos; los de servicio deben recibir atención especial; algunos habitantes de bosques y aguas, como serpientes, cocodrilos, alimañas venenosas diversas pueden acercarse a las comunidades en busca de agua o de alimento. Y las personas que viven cerca de las selvas, puede toparse con animales salvajes exacerbados. Hay además el peligro de la contaminación en caso de muerte de algunos de ellos. No he visto advertencias oficiales y los organismos ecológicos no se mueven mucho en estos casos, menos los payasos del Partido Verde que solo existen para depredar. Debería de haber una  agenda de advertencias a la población. Los loros por su belleza y su acomodo doméstico del que existen tantas anécdotas, son uno de  los animales más saqueados, de venta ilegal, de depredación tal que solo el 70 por ciento de los capturados llega vivo a su destino. La guacamaya roja estaba en descenso apabullante desde el 2007, cuando solo había mil de ellas en el país y se aseguraba que en la década siguiente, la actual, podría haber desaparecido ¿Como será el cielo de Ramón López Velarde sin el relámpago verde de los loros? ¿que le diremos a la patria impecable y diamantina en estas fiestas de septiembre, si los hermosos loros como la cotorra serrana oriental, los pericos de cabezas lila y roja, el periquito catarina, el verde o quita y el perico del Socorro, nuestros endémicos, ya no cubrirán el cielo mexicano? Tendríamos que volver los ojos a la literatura para leer aquel cuento terrible El mono y el loro del italiano  Guillaume Apollinaire (1880-1918) que aparece en su libro Herisiarca y CIA (1913), recogido también en el libro  Los policiacos involuntarios (Editorial Arte y Literatura La Habana, Cuba, 1981) Es un cuento muy breve, sobre la compra que hace un  hombre del loro que vende un marinero recién llegado a París. Este, que también lleva un mono, es conducido a la casa del comprador, quien ya dentro, lo secuestra y lo obliga a matar a una mujer que tiene encerrada al parecer su esposa. Acto seguido también mata al marinero. Pero en los estertores de la mujer se escucha un grito repetido de inocencia y fidelidad: “¡Harry, soy inocente!”. Ahora, en un  pueblo lejano, aquel hombre ya retirado, un lord, solo en compañía de un  sirviente mudo, suele oír a menudo a su loro: ¡Harry, soy inocente!. Apollinaire murió de un  balazo en la Primera Guerra Mundial y se le podría atribuir a su muerte el título de uno de sus libros, El poeta asesinado (1916). Fue un escritor vanguardista, innovador de la poesía francesa por su larga vida en Francia. Su muerte, sorpresiva, conmocionó a toda la pléyade intelectual de sus amigos, entre los que se encontraban Pablo Picasso y Gertrude Stein.

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