De frente y de perfil
Gerardo A. Herrera Pérez
La III Cumbre Mundial por la Paz, “Sin salud mental no hay Paz”, de la Fundación El Sol, realizada los días 16 y 17 de septiembre de 2025 en Oreamuno, Cartago, Costa Rica, marcó un antes y un después en la forma de comprender la paz. No se trató de un acto solemne ni de discursos huecos, sino de un encuentro vivo donde la paz fue entendida como un fenómeno humano, político y profundamente colectivo. Desde el pensamiento crítico, la inclusión, la ética de los cuidados y el respeto a la dignidad y a los derechos humanos, se abrió un horizonte claro: sin salud mental no es posible hablar de paz real ni de vida digna.
Como extensión natural de esta experiencia de la III Cumbre, los días 19 y 20 de septiembre, en Cartagena de Indias, Colombia, se celebraron los Encuentros Internacionales de Arte y Cultura por la Paz. Allí, en las playas de La Boquilla y en espacios culturales de la ciudad, se escuchó un eco de la III Cumbre: lo humano también es político. El arte, la música, la danza y la palabra se convirtieron en lenguajes de resistencia, de memoria y de sanación.
Ambos eventos reunieron a pueblos originarios, comunidades afrodescendientes, estudiantes, académicos, mujeres, hombres, jóvenes, adultos mayores y profesionales de la salud. Fue un mosaico intercultural donde resonó una convicción compartida: la paz no puede construirse desde una sola voz, sino desde el diálogo activo entre saberes, lenguas y modos de vida. Por ello, se escucharon con fuerza las voces de los pueblos Rarámuri, Wayúu y Arhuaco, que recordaron que la exclusión histórica, la discriminación y la desigualdad también son violencias que hieren la salud mental.
Figuras como Becha, mujer wayúu, y Romeyno Gutiérrez, concertista rarámuri, conmovieron al público al mostrar que la resistencia cultural no es una abstracción, sino un acto cotidiano de dignidad. Sus intervenciones pusieron en claro que la paz se sostiene en el reconocimiento de lo diverso y en la valoración de la memoria ancestral.
En Oreamuno, la Cumbre se apoyó en una alianza comunitaria amplia: la municipalidad de Oreamuno, el Tecnológico de Cartago, la Universidad de Costa Rica, la Parroquia de San Rafael Arcángel y diversos colegios y liceos (Liceo Braulio Carrillo Colina; Colegio Técnico Profesional; Liceo de Cot Francisco J. Orlich; Liceo Rural de San Rosa). En Cartagena, las fundaciones Embriagarte y Norismar dieron cobijo a programas culturales que llevaron a escena teatro, danza, poesía, narración oral y música. Desde el tambor afrodescendiente hasta la poesía joven, el mensaje fue claro: el arte no es adorno, es camino para construir paz.
La ética del cuidado atravesó cada palabra y cada gesto: cuidar la vida, cuidar al otro, cuidar la naturaleza y cuidar la cultura. Porque sin cultura no hay identidad, y sin cuidado no hay vida digna. Así lo demostraron los talleres, las narraciones orales y las danzas que unieron a adolescentes, juventudes, personas con discapacidad y adultos mayores en un mismo espacio de diálogo intergeneracional.
La conclusión fue contundente: la paz no puede reducirse a acuerdos políticos. Requiere interculturalidad, igualdad de género, no discriminación, sostenibilidad y escucha verdadera. Desde Oreamuno hasta Cartagena quedó sembrada la certeza de que la paz total, la paz mundo, la paz diversa y la paz espiritual son posibles solo si se sostienen en la salud mental, la cultura y la ética de los cuidados.
El proceso no terminó ahí. Los participantes se pronunciaron para que la IV Cumbre Mundial por la Paz se realice en Argentina en 2026, ampliando aún más este tejido de encuentros que nacen desde el Sur y dialogan con el mundo.
Nada de esto habría sido posible sin el liderazgo y compromiso de Sergio Omar García, Verónica Reyes, Rosalinda Herrera, Humberto Ascencio y Gerardo A. Herrera Pérez, embajadores mundiales por la paz. También fue fundamental el apoyo solidario de aliados en México como Francisco García Davish, Vicente Godínez Zapién, Fredy Pino, Miguel Ángel Martínez, Martín Barriga Barriga, Daniel Torres Causor, Edith Landa García, Elvia Higuera, Alain Sonora, Paco Rivera, Conchita Talavera y Celeste Ascencio Ortega.
Un profundo agradecimiento a las autoridades municipales de Oreamuno, en donde desde la alcaldesa Karen Gamboa Loría, su estructura operativa, así como los integrantes del cabildo, estuvieron presentes y trabajando en este esfuerzo planetario por la Paz.
Del mismo modo, se reconoció la participación de artistas, comunicadores y sabedores que con su talento y generosidad hicieron de estos encuentros una fiesta de vida y esperanza: la narradora oral Valentina Ortiz Pandolfi, el maestro de saberes mayas Humberto Novelo Ascencio, el muralista Hernán Rodrigo Hernández, el doctor Rogelio Ramírez Cortín, el artista plástico Alonso Rubí, el maestro Gerardo de Lira Montañez, el concertista Romeyno Gutiérrez, la maestra Beatriz Elena Canul, el comunicador Rafael García, así como los narradores y disertantes Sergio Omar García y Gerardo A. Herrera Pérez ambos embajadores líderes mundiales por la Paz y embajadores de la UNESCO.
En Cartagena, la solidaridad también se hizo presente en nombres y rostros: Olga Solano, Luis Soto, Verónica Cardozo, Lianeth Rodríguez, Enrique E. Reyes, Irma Rivera, Favio David y su esposa Ana, Vilma Rivera, así como Jefferson, entre muchos otros.
En todos ellos se cumple lo que la Cumbre y los Encuentros quisieron dejar como huella: la paz es una construcción colectiva, ética y planetaria. Y comienza aquí, en lo humano, porque lo humano también es político.




