Hablando en Serio

“En vida, hermano, en vida”

Uruapan, Michoacán, 12 de enero del 2018

Mi amigo Luis Fernández Godard está pasando un momento difícil con un problema del corazón, del lo cual me siento corresponsable por no advertirle que a la gente que ama al prójimo, como él lo ha hecho, se le gasta el corazón más rápido.

Tenemos la mala costumbre de honrar a las personas cuando ya se fueron, aún cuando la poetisa Ana María Rabate  nos advierte: “En vida, hermano, en vida.”,… hoy quiero honrar a mi amigo.

Sé que Luis ejerció como sacerdote Jesuita y que en algún momento de su vida surgió en él el deseo o vocación de servir como laico, desde sus convicciones religiosas, en tareas de desarrollo social; fue en esa etapa cuando le conocí en una reunión de trabajo para presentar un proyecto de desarrollo social, económico y humano que obliga al cambio de paradigmas en el campo (Agroindustrias de Michoacán), para privilegiar a las personas sobre el capital, sobre las ganancias y sobre las cosas… asunto que a nuestras autoridades les cuesta mucho trabajo entender, y es que es más fácil seguir haciendo lo mismo, aunque sea un camino equivocado, que tomar el compromiso de hacer cosas diferentes que implican un riesgo, enfrentar a intereses económicos y poderes fácticos y un mayor esfuerzo… ¡En fin!, comentaba que fue en la etapa de consultor y trabajador social que conocí a Luis, quién tuvo un efecto inmediato en mi persona, su forma pausada y reflexiva de hablar me comunicaba con claridad sus ideas y me llevaba a confrontar “mis verdades” a partir de las diferencias de enfoque o de puntos de vista; el, por ejemplo, privilegia el desarrollo humano, yo por mi parte, a partir del dicho de mi abuela: “Primero comer que ser Cristiano”, privilegio lo económico como detonador de la organización social y de la motivación humana para que a través del trabajo comunitario se logre un esfuerzo que lleve al cambio, que si se hace con inteligencia, produzca el desarrollo social, económico y humano. El es tranquilo, observador, más dado a escuchar que a hablar, yo soy más desesperado, tiendo, una vez entendidas las cosas, a expresarme, eso desespera a Luis que sin embargo me tiene paciencia y es indulgente conmigo, aunque eventualmente me receta un: “deja que hablen”…

Luis es sabio y calmado, yo hiperactivo y acelerado, el es más espiritual, yo más pragmático y práctico, en una palabra, somos muy diferentes; por eso, para mí fue sorpresa, cuando a invitación del gobernador de Guanajuato, Miguel Márquez, el destino nos unió en un proyecto estatal de desarrollo social, económico y humano y se construyó una amistad muy singular sustentada en nuestras coincidencias respecto a objetivos de servicio a la gente, complementada por nuestras diferencias personales, en experiencias de vida y de formas en el trabajo, lo que en mi percepción enriqueció el trabajo de ambos (habrá que preguntar su opinión a Luis) y las posibilidades de servir mejor a los guanajuatenses honrando el compromiso de quién nos invitó y así mejorar el desempeño de la Secretaría de Desarrollo Social y Humano priorizando el verdadero desarrollo sobre el cumplimiento de cifras e indicadores que siendo un medio, eventualmente lo convertimos en objetivo; lo que pone en agenda adicionar a las mediciones: los resultados en cohesión y trabajo comunitario en colonias, pueblos y comunidades, el mejoramiento tangible en calidad de vida, reflejado en ser felices, ingreso y en la movilidad y posibilidad de vivir libremente; es decir que dentro de los objetivos centrales de la Secretaría de Desarrollo Social y Humano esté el que la gente sea feliz y que esa felicidad esté sustentada en la libertad de quien decide su destino porque tiene los medios y no vive solamente la falacia de ser legalmente libre, pero no tiene los medios para expresar en acciones y decisiones su libertad o de plano no tiene para comer, lo que le vuelve dependiente.

Hoy Luis está grave y sé que por sus convicciones reunirse con el Creador le proporciona júbilo, como sé que si le llama es porque terminó su tarea como servidor, como esposo y como padre; lo que no se, es si diosito está al tanto (tiene muchas preocupaciones con el rumbo que ha tomado la humanidad), de que todavía necesito a Luis como compañero y amigo para concluir las tareas que nos fijamos, por lo que pido por su pronta recuperación para tener la alegría de seguir construyendo juntos formas innovadoras para alcanzar el desarrollo social, económico y humano, ajenas a intereses políticos, electorales y de lucimiento personal; que pongan a las personas como eje del quehacer público, combatiendo las pandemias de egoísmo e individualismo que tanto dañan a nuestra sociedad “cosificada” y orientada al consumo.

Aprovecho para mandarle un abrazo fraterno al amigo y decirle a Luis Fernández Godard (el está en León) que ha sido una suerte conocerlo, que nuestras charlas enriquecieron mi experiencia de vida y me dieron alegría, que tener su amistad me honra y da sentido y compromiso a lo que hago gracias a sus enseñanzas y, que si ya es su tiempo, aunque le voy a extrañar, me siento afortunado de haber compartido sueños y vida con él… ¡Así de sencillo!

Un saludo, una reflexión.

Santiago Heyser Beltrán

Escritor y soñador