Teléfono rojo
El Latido de una Nueva Vuelta al Sol
La vida es una sucesión de cierres y aperturas. Esta semana despedimos el año viejo chino para recibir el ímpetu del Caballo de Fuego, ese ciclo que nos invita a la pasión y al movimiento. Hace apenas mes y medio, el calendario gregoriano nos dio la bienvenida al 2026 y, en unos días, el 21 de marzo, el equinoccio susurrará que el gélido invierno ha muerto por ahora para dar paso al romántico renacer de la primavera. Pero entre todos estos astros y calendarios, existe un ciclo mucho más íntimo: el cumpleaños.
El cumpleaños no es solo una fecha en el calendario; es el aniversario de nuestra primera bocanada de aire. En todo el mundo, es el momento en que nos detenemos para celebrar la existencia de quienes amamos. Desde la infancia, ese día se viste de una magia especial: un pastel colorido y globos, el brillo de las velitas y el abrazo que nos hace sentir protegidos. Cuando un niño escucha las "Mañanitas", su corazón se ensancha, desbordando una alegría pura que, a veces, olvidamos al crecer.
Con los años, el festejo se vuelve más discreto, pero no menos profundo. A veces basta un mensaje, una llamada o un pequeño detalle para recordarnos que somos importantes para alguien. Sin embargo, hay un "reverso de la moneda" que nos parte el alma: aquellos que han caminado la vida sin haber soplado nunca una vela.
He visto conmovido esos videos en internet donde adultos reciben, por primera vez en su vida, un pastel de cumpleaños. Su reacción es devastadora y hermosa a la vez: se quedan mudos, atónitos, con la mirada perdida como venados indefensos ante un gesto de amor que no saben cómo procesar. Al verlos, es imposible no sentir que se nos escapan las lágrimas, dándonos cuenta de lo inmensamente afortunados que somos por haber tenido siempre a alguien que celebrara nuestro cumpleaños como un acto de fe.
Hoy, la tecnología nos permite estar presentes con un clic. Quizás un mensaje por redes sociales no tenga el calor de un abrazo, pero es un hilo que nos mantiene unidos. Y si el ajetreo de este mundo acelerado nos hace llegar tarde a la felicitación, no importa; entre los que se quieren de verdad no hay dramas, pues esa nueva vuelta al sol apenas comienza su danza.
No callemos el afecto. No guardemos los "te quiero" para después. Como bien dice el refrán: “En vida, hermano, en vida”. Porque el amor que no se expresa, se pierde.
Por mi parte, mi corazón está contento. Este próximo 23 de febrero, (El mismo día en que Carranza permitió el paso a los norteamericanos para buscar a Villa) mi adorada hija Alessa cumple un año más. Ella es mi motor y mi luz. Hija, te amo con toda mi alma; que esta nueva vuelta al sol te regale salud, que tus pasos sean siempre hacia la alegría y que nunca te falte el amor que hoy te envío con cada una de estas palabras. ¡Feliz cumpleaños, Alessa!




