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Foto: Archivo

El ramal Camelinas/Karla Cruz

Karla Cruz/Quadratín
 
| 30 de noviembre de 2016 | 21:00
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Tras 10 años de disputas y choques de intereses políticos, económicos y sociales, finalmente se hicieron públicos los primeros avances de la obra vial denominada El ramal Camelinas, ubicada al sur de la ciudad de Morelia, Michoacán, y que pretende comunicar la avenida Camelinas con la Loma de Santa María; obra que comenzó hace poco más de 5 años, pero que derivado de la discrepancia entre algunos habitantes de zonas aledañas, así como grupos medioambientalistas, no había podido iniciar oficialmente como lo hizo hace apenas unos meses.

Dicho proyecto incluye la perforación de varias zonas montañosas, donde se ubicarán túneles viales. La ejecución de éstos representa un gran reto técnico que tiene implicaciones económicas y sociales de gran relevancia. En tal sentido, cabe mencionar que, por lo que ve a la parte económica, éstas se han podido solventar mediante la inversión 100% del gobierno federal, con un total de 650 millones de pesos; asimismo, fueron necesarias distintas valoraciones especializadas como las que hicieran miembros de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, a través del convenio que se signó con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), en el cual se acordaron los mecanismos para garantizar el cumplimiento de las medidas de seguridad, derivadas de las múltiples investigaciones y estudios realizados por la máxima casa de estudios del estado de Michoacán, a través de la Facultad de Ingeniería Civil en colaboración con el Instituto de Ciencias de la Tierra, acatando protocolos de seguridad altamente especializados y de acuerdo a los tipos de suelo de cada una de las diversas fases de la obra. En este sentido, el delegado de la SCT en Michoacán, Florentino Coalla Pulido, incluso mencionó mediante comunicado de prensa que TRADECO MEXICANA la empresa constructora responsable de esta primera etapa correspondiente al túnel 1, trabaja específicamente a cada paso, y que cada metro que represente un riesgo, se ve contenido a través de los llamados sistemas de anclaje y con ello se evita cualquier tipo de deslizamiento de tierra y piedras, con lo que al día de hoy y con un avance del 67% de la obra, no se ha presentado ningún percance.

Con esta obra se verán beneficiados no sólo los más de 300 mil habitantes de la zona sur de la ciudad de Morelia, sino los miles de estudiantes, profesores y trabajadores que a diario hacen uso de los accesos a la denominada Loma de Santa María y colonias de Altozano, para arribar a las instituciones educativas que ahí se ubican, centros comerciales y demás destinos en ese importante polo de desarrollo de la ciudad de Morelia, calculando a partir de la inauguración de la obra un estimado de 5 minutos de tránsito, entre la avenida Camelinas y la parte alta de la Loma de Santa María, ayudando de igual manera a detonar la actividad económica en este punto, y sus cercanías, coadyuvando con los cientos de negocios, restaurantes y lugares de entretenimiento que a través de  cámaras empresariales y de servicios exigían accesos que les brindaran una mejor comunicación con la parte baja de Morelia.

Por el momento todo suena muy bien, y al fin habrá una nueva vialidad que, además de comunicar y resolver el problema vial de quienes transitan a diario por esta zona de la Ciudad de Morelia, será una obra arquitectónica sin precedente en el Estado y que, como otras, sumará atractivo visual a nuestra hermosa ciudad, además de los beneficios a corto y largo plazo por la generación de empleos directos e indirectos derivados de la construcción y mantenimiento del tramo en sus 4 etapas.

Ahora, de manera muy particular, considero que es tiempo de tomar verdadera conciencia y analizar con mayor detenimiento las circunstancias en torno a ésta y cualquier otra obra vial. Es necesario darnos cuenta que con un acceso más no solucionaremos el problema de fondo en esta zona, ni en ninguna otradel resto de la ciudad. El caos vial ocasionado por el tránsito diario de casi 5000 vehículos en promedio, de momento podrá verse reducido, pero con el Plan de Crecimiento Urbano del propio desarrollo Altozano, la tenencia de Jesús del Monte, la colonia de El Durazno y demás zonas aledañas, en unos años más seguramente tendremos el mismo problema, y si nos va a tomar, al gobierno y a la sociedad, otro proceso de 10 años de gestión, acuerdos y edificación de otro túnel, más vale que vayamos previendo, desde ahora, otras posibles soluciones, y es que son éstas precisamente las conclusiones a las que ya no podemos llegar.

Vivimos en un tiempo donde es imperioso privilegiar el desarrollo sostenible de nuestras ciudades, no puede prevalecer únicamente el pensamiento de construir más vías, para más automóviles. El mundo no debe ir en esa dirección. El proyecto conocido como ramal Camelinas es una obra en particular totalmente necesaria e indispensable desde hace ya varios años, pero nos queda claro que una vez se encuentre en funcionamiento (aproximadamente a finales del primer trimestre del siguiente año, de acuerdo a lo proyectado por la SCT) el reto será seguir trabajando de la mano, gobierno, sociedad e iniciativa privada, con la ayuda de organismos especializados en la construcción de un plan de comunicación complementario, que incluya, por ejemplo, la construcción de ciclovías, rutas de transporte público escolar de calidad, la implementación de aplicaciones para teléfonos inteligentes que permitan el compartir vehículos y rutas, establecer horarios diferidos entre las instituciones, incluso la alternativa de la edificación de un teleférico, ¿por qué no? que conecte a la Loma con la zona centro de Morelia y que, además de coadyuvar con el transporte y la comunicación diaria de personas, también se convierta en un atractivo turístico que aproveche y detone la hermosura de la ciudad, a través de la vista que brinda la Loma de Santa María. Por último, y no por ello menos importante, la implementación de un programa de restauración ambiental de la Loma de Santa María que incluya, además de reforestación (trabajos que ya comenzaron), un plan de reubicación de especies de flora y fauna, así como la implementación de estrategias de prevención de incendios forestales, por mencionar tan solo algunas ideas.

Las dimensiones de la obra son de gran calado y la apuesta es que a través de la conexión de ambas regiones se construyan también puentes de entendimiento y comunicación, que ayuden a generar desarrollo en sus diferentes vertientes para todos los morelianos.

Ante un panorama nacional e internacional tan complejo y competitivo, es momento de dejar de lado intereses particulares, políticos y económicos que a lo largo de la historia bastante daño le han hecho a nuestro Estado, y continuar trabajando en conjunto sociedad, academia, iniciativa privada y gobierno en la edificación ya no únicamente de calles y puentes, sino de un mejor presente y futuro para nuestro Estado, que logre posicionarnos como un destino atractivo no solamente para el turismo, también para la inversión, sin que el costo represente una amenaza a las zonas naturales que debemos preservar.

Ya fuimos testigos de la luz al final del túnel y la luz siempre sirve para volver más claro el camino.

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