LOS ANUNCIOS DE TRUMP EN MATERIA MIGRATORIA

Enrique Bautista Villegas

La noticia de que el Presidente estadounidense Donald Trump habría agradecido al canciller mexicano, Marcelo Ebrard, el “increíble” trabajo desplegado por las autoridades mexicanas para contener la inmigración de centroamericanos en la frontera sur de México, lejos de generar satisfacción y tranquilidad, debe ser vista con cautela, escepticismo, y hasta con molestia. Con cautela porque es de todos conocida la forma poco confiable con que se maneja el Presidente estadounidense; un día dice una cosa, y al siguiente suele estar diciendo lo contrario. Con escepticismo porque en el mejor de los casos no se puede confiar en lo que señala; no se sabe si sus afirmaciones las emite de manera razonada, como sarcasmo, o de broma. Y con molestia, porque el tono de sus señalamientos pareciera dirigido a un interlocutor al que no respeta: ayer fueron amenazas por no cumplir con sus requerimientos, hoy son caramelos por haber asumido sus instrucciones. Mañana habrá que ver como considera el señor Trump que se conduce el gobierno de México antes sus expectativas en materia migratoria.

Ciertamente nuestras autoridades deben cuidar la relación con los Estados Unidos por muchos y variados motivos: es ese país nuestro vecino en más de 3,000 km de frontera, la fuerte relación económica que nos une a ellos y la relación de interdependencia entre nuestras dos naciones; aunque es obvio que en ese ámbito la parte menos influyente somos nosotros. Sin embargo, no debe pasarse por alto que muchas de las acciones y decisiones que tome el gobierno mexicano también pueden tener repercusiones mayores en la estabilidad económica y social estadounidenses. En ese sentido, resulta fundamental que las autoridades mexicanas exijan respeto y seriedad en el trato que el señor Trump debe dar a México en su calidad de Presidente de nuestro poderoso vecino.

Los mexicanos no debemos olvidar, pero tampoco los estadunidenses, que el objetivo de los migrantes centroamericanos, y de otras naciones, que pretenden ingresar a nuestro territorio por la frontera sur, no es quedarse a radicar en México, sino cruzarlo hasta llegar a la frontera norte para ingresar a los Estados Unidos.

En ese sentido, si el gobierno estadounidense quiere evitar que su frontera con México se sature de aspirantes a ingresar a su territorio no solo debe contribuir a promover el empleo y el desarrollo económico de las naciones centroamericanas, a las que históricamente ha usado como suministradoras de materia primas baratas, tal como lo propone el Presidente López Obrador, sino que debe contribuir a darle viabilidad a sus pretensiones de que los migrantes centroamericanos y de otras naciones no crucen el territorio mexicano para intentar ingresar a territorio estadounidense; es decir, debe contribuir económicamente a la manutención de albergues, en tanto los migrantes que tengan la intención de llegar a la frontera norte, encuentran una alternativa a sus expectativas o regresan a sus naciones de origen.    

Con respecto al acuerdo aceptado por las dos naciones a solicitud de Trump para que los migrantes que solicitan el asilo político estadounidense permanezcan en territorio mexicano en tanto se resuelve su solicitud, el gobierno de ese país debiera también contribuir con el mexicano para tales fines. En otras palabras, debe ofrecer su colaboración económica y material suficiente para que los solicitantes de asilo a su territorio cuenten con albergue y alimentación adecuados en tanto permanecen en territorio mexicano; no se debe pasar por alto que el objetivo prioritario de los migrantes no es quedarse en nuestro país sino ser aceptados como asilados políticos por nuestros vecinos del norte.

El gobierno estadounidense y el mexicano debieran adicionalmente acordar que el termino para resolver las solicitudes de asilo por parte de las autoridades estadounidenses responsables, no exceda un término breve, de tres o cuatro semanas máximo, liberando de toda responsabilidad a las autoridades mexicanas de mantener en territorio nacional a los solicitantes de asilo de no cumplirse con esa premisa. En caso de que cada solicitud no sea resuelta en ese término, la respuesta correspondiente debiera entenderse como afirmativa ficta o, en su defecto, el gobierno estadounidense hacerse cargo del retorno de los solicitantes en cuestión a sus respectivos países de origen.

Mientras más claros sean los acuerdos entre las dos naciones en este tema, será también más nítida la voluntad de colaboración de sus autoridades respectivas, en el entendido de que el tema del libre comercio es un asunto totalmente diferente, cuya práctica parte de la premisa de la  inexistencia de aranceles por motivos de esta, u otra naturaleza.