Justicia para Roberto Chávez Bedolla
Cada domingo en el espacio de: DIÁLOGOS DE VIDA, sin tintes religiosos y bajo la batuta de Santiago Heyser, Coach de Vida certificado por la Federación Mexicana de Life Coaching, atenderemos temas sobre la vida, sus problemas y una propuesta de solución.
Si quieres que se atienda un tema o una situación en particular, escribe al correo: [email protected] (sin acento) Todos los correos serán contestados y las situaciones que destaquen serán publicadas en el espacio dominical de Quadratín.
Todos los correos son confidenciales y por favor, no firmes con tu nombre, usa un seudónimo para que te identifiques con la respuesta. Seudónimos válidos son nombres de flor, de estrellas, planetas, animalitos, sentimientos o cualquiera no ofensivo que te haga sentir bien; ej. Mi hijo se droga… (firma: Madre preocupada)
Este domingo tocamos el tema de las relaciones con la “otra familia” de parte de madres solteras, viudas o divorciadas; el próximo domingo hablaremos de las mujeres divorciadas.
En tanto ¡Se feliz!...
Atentamente
Quadratín
Uruapan, Michoacán, 6 de abril del 2019
“La otra familia de mi hijo”
Algo que se vuelve cada día más recurrente, es el caso de padres divorciados; ¿la causa?: ¡Una mala preparación para el matrimonio!
El tema de madres divorciadas lo abordaremos el próximo domingo. De lo que hoy hablaremos, es de cómo afecta esto a los hijos de las parejas separadas y cuáles son las actitudes y decisiones que toman cada uno de los ex cónyuges con los que se convierten en: La otra familia de mi hijo; situación que afecta de igual manera a algunas madres solteras y viudas; quienes en mayor proporción se quedan con el cuidado de los hijos al quedar solas.
Empezaré compartiéndoles que mis padres se separaron de mala manera y que de ello resultó que mi madre huyó, lo que la condujo a educarnos a mi hermano y a mí sin ningún trato con mi padre ni con su familia; es más, la historia familiar durante mis primeros siete años, fue que mi padre había muerto, por lo que todas las noche al rezarle al angelito de mi guarda, le pedía cuidara a mi padre en el cielo…
A los siete años, coincidente con mi “Primera comunión”, fui informado que mi padre vivía y a partir de ahí, de vez en cuando, ya sea por directorio telefónico, a través de amigos, en viajes que hacía desde Guadalajara a la CdMx o a través de parientes, traté de encontrar a mi padre; lo que sucedió cuando tenía yo 35 años.
Esta experiencia personal, me llevó a reflexionar, como hijo (y como padre pues también me divorcié), sobre el no derecho que tenía mi madre de dejarme sin papá y sin abuelos paternos en función de sus temores y amarguras; lo que me condujo a analizar sobre: si el alejamiento de mi familia paterna, fue un acto de miedo, de egoísmo, de venganza o de amor de mi madre al querer protegerme de los “malos”, la otra familia… Mi conclusión, aún a la fecha, es que mi madre, que ya falleció, no tenía el derecho de alejarme de la familia paterna, lo que me privó del cariño y de las atenciones de esa “mi” familia y del reforzamiento de mi formación con las aportaciones, consejos y apoyo en mi educación y en lo emocional por parte de seres queridos que no conocí. En pocas palabras, no considero un acto de amor cuando la madre (o en su caso el padre), alejan al hijo de la “otra familia” privándole de la natural relación que nutre y ayuda en la formación del futuro adulto; de la misma manera que considero un acto de injusticia, privar a los abuelos y familiares de la “otra familia”, del gusto, la convivencia y del amor recíproco con el hijo, sobrino o nieto.
Lo sé, hay casos excepcionales en donde existe el temor de que el hijo sea secuestrado por la “otra” familia; eso se resuelve fácilmente con diálogo y con un análisis objetivo de la calidad humana de los “otros” abuelos y de la educación y comportamiento familiar; en otras palabras, en mi opinión, es muy improbable que un padre o unos abuelos que aman al pequeño(a), le priven del amor y de la compañía de su madre (o de su padre), acto que sería lesivo para el ser amado… En mi caso, como hijo alejado de su padre y de su familia, me queda claro que mi padre nunca nos hubiera secuestrado; primero por los compromisos y obligaciones que impone la crianza de un pequeño (es una responsabilidad maravillosa, pero muy demandante), también sé, porque tuve oportunidad de tratarlo 12 años antes de que muriera, que nunca nos hubiera hecho daño. De hecho mi relación padre-hijo con mi progenitor, fue de amigos, casi cómplices, con espacios que permitían la broma, la aventura y el jugueteo. Para mí, conocer y tratar a mi padre, a pesar de las fobias y temores de mi madre, fue bello y emocionante y a toro pasado, me hubiera gustado compartir también parte de mi niñez y juventud con él y con su (mi) familia, a quienes no traté por decisión unilateral de mi madre.
También conozco casos de gente con el corazón dañado, que sintiéndose superiores consideran que lo mejor para el pequeño es alejarlo de la otra familia y del padre o de la madre según corresponda, ya que con “ellos” recibirá más cosas y mejor educación; desde mi punto de vista, esto es un autoengaño criminal y arbitrario contrario a la ley natural, no hay mejor relación para un hijo, que la de sus padres y la de las familias de ambos al margen de clases sociales, tratar de descalificar con argumentos discriminatorios en función de niveles económicos o sociales, es no entender que nuestros hijos son personitas que se nutren con amor, no con dinero o cosas materiales y que si los amamos, nuestros hijos o hijas tienen el derecho y la necesidad de ser amados por ambas familias.
Con esta reflexión, como resumen de este diálogo de vida comparto: es lo ideal, que todas las decisiones que tomemos sobre nuestros hijos, tengan como fundamento un amor sincero; si es así, fomentar el trato y el cariño con la otra familia, será un acto de amor que nutrirá al hijo(a) para su beneficio. Cuando un padre o madre privilegia el interés y bienestar de su hijo sobre los conflictos y amarguras de una relación rota, ello, en sí, es un acto de amor maravilloso que beneficiará al hijo(a) amado… ¡Así de sencillo!
Un saludo, una reflexión.
Santiago Heyser
Coach de Vida




