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Foto: Diseño/Quadratín

Detiene Trump y alerta Meade/Gladis López Blanco

 
| 30 de noviembre de 2016 | 13:10
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Nuestro país está pasando por grandes cambios en materia de política exterior y su relación con el país vecino del norte. A todos nos asusta la política prohibicionista de Donald Trump; su rechazo a la mano de obra extranjera, la  amenaza al Tratado de Libre Comercio de América del Norte y otros desvaríos que, según él, terminarán por favorecer el mercado interno estadounidense. Sin embargo, de un plan tan descabellado, México puede sacar algo bueno: la nacionalización del consumidor.

Para estas líneas espero que no malinterprete la idea de nacionalización con la del “nacionalismo” exacerbado del republicano, sino todo lo contrario, ¿por qué no impulsamos el consumo de los productos y servicios hechos en nuestro país?

No, no hablamos de convertir a México en un país ajeno a la globalización ni tampoco de cortar de tajo todas las relaciones internacionales y mucho menos de prohibir la entrada y compra de marcas extranjeras. La propuesta es incentivar el desarrollo local, impulsar a pequeños y medianos productores. Se trata de fortalecer entre mexicanos la idea de que lo hecho en el país, está bien hecho.

De acuerdo con el Índice de Complejidad Económica, México es la economía número 12 con mayor exportación en el mundo, siendo sus principales principales destinos, Estados Unidos, Canadá y China, seguidos por España y Brasil. El estudio señala, que de 2009 a 2014, nuestro país incrementó sus exportaciones de $231 mil millones de dólares a $400 mil millones de dólares, es decir, 11.6 por ciento, siendo lideradas por la salida de petróleo crudo, automóviles, productos electrónicos, materias primas y alimentos como el café, aguacate y papaya.

Por otro lado las principales importaciones del país también provienen de Estados Unidos, China, Japón, Corea del Norte y Alemania y en los últimos años han aumentado 11.3%, encabezadas por el petróleo refinado y  piezas de repuesto, entre otros.

En ese tenor, en los últimos meses ha cobrado mucha relevancia la propuesta de impulsar el mercado interno para dejar a un lado la dependencia económica con Estados Unidos; comprar lo nuestro, adquirir los productos fabricados en el país, o simplemente, lo que tenga más ingredientes nacionales, ayudando así  a que el flujo económico se establezca de forma sustentable, evitando el desempleo, la devaluación, y al mismo tiempo, favoreciendo el mercado interno y haciendo rentable la producción nacional.

Esta vía se torna la más certera, luego de que el secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade, asegurara que se avecinan tiempos difíciles y un panorama volátil, describiendo cuatro retos para México: mantener la disciplina macroeconómica; seguir implementando reformas estructurales; reforzar el Estado de derecho y consolidar la relación bilateral con Estados Unidos y su nuevo gobierno.

Es ahí, en la complejidad de la situación, donde cabe establecer un sistema de colaboración entre los tres niveles de gobierno y la iniciativa privada del país. Donde debe convertirse en obligación de la administración pública, establecer contacto con las cámaras, asociaciones o confederaciones que agrupan a las micro, pequeñas y medianas empresas, para activar la internacionalización de las marcas y reforzar su presencia y consumo en el mercado extranjero.

Es tarea del Gobierno Federal, replantear la forma en la que incentiva a los emprendedores, generar mayores opciones que permitan la competitividad y la innovación, así como aprovechar y consolidar los acuerdos comerciales que tiene con otros países, como parte de los ajustes que debe aplicar sí o sí en materia de desarrollo financiero, teniendo como principal objetivo quebrar la dependencia absoluta de México con la economía estadounidense.

El tema que debía atenderse mucho antes de la coyuntura “Trumpista”, nos tiene mal parados ante la reacción y genio del presidente electo de Estados Unidos y hoy, debe convertirse en un plan contundente y real; concreto y eficaz; tomando en cuenta la transversalidad de la economía en lo financiero y lo social; permitiendo elevar la capacidad productiva y aprovechar el potencial de un país con una posición estratégica, riqueza natural y manufactura de calidad. Es mi opinión…