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Foto: Archivo

Café para todos/Alberto Carbot

 
| 29 de noviembre de 2016 | 21:41
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La muerte de Fidel Castro, la más grande figura histórica de la segunda mitad del siglo XX en América Latina, sin duda deja un enorme vacío en Cuba, donde a pesar de estar apartado del poder formal hace una década, seguía siendo el hombre detrás del trono, que con su omnipresencia garantizó un mínimo de estabilidad política, económica y social.

Tuve la oportunidad de conocerlo personalmente, durante mi actividad periodística como reportero del diario “UnomásUno” que brillantemente dirigía Manuel Becerra Acosta.

Lo escuché y saludé, primero en enero de 1985 en Nicaragua -cuando él asistió, con su característico uniforme verde olivo, como el invitado principal a la investidura presidencial de Daniel Ortega-, y  después, al día siguiente, cuando asistió a inaugurar el hoy prácticamente desaparecido ingenio “Victoria de Julio”, construido con la aportación solidaria de más de 73 millones de dólares provenientes de las arcas de la Habana.

Esa ocasión, el 11 de enero, Castro pronunció un discurso de 2 horas y 45 minutos, muy habitual en él, que literalmente agotó las páginas de mi libreta de apuntes.

Posteriormente volví a saludarlo de nuevo, pero esta vez en la Isla, durante la visita de Mijail Gorbachov a Cuba del 2 al 5 de abril de 1989 -en la cual tuve oportunidad de entrevistar en exclusiva a Raisa Gorbachova, la esposa del líder soviético-, y hacerles luego un par de preguntas durante la breve conferencia de prensa en la que estuvieron presentes ambos jefes de Estado. De ello dan cuenta los ejemplares del “UnomásUno” que fue por muchos años el mejor diario del país.

Sin duda, Fidel era un hombre cuya inagotable oratoria y recia figura imponían. Pero el tiempo es implacable y muy probablemente el cáncer que padeció desde hace más de 15 años, finalmente logró hacer lo que más de 600 intentos de asesinato no pudieron, de acuerdo a las estadísticas de la prensa cubana.

Con su muerte se abre una especie de compás de espera, aunque nadie se atreve a vaticinar con plena certeza si habrá realmente cambios de fondo o meramente cosméticos. Algunos expertos vaticinan que el sistema político autoritario seguirá intacto, pero que podrían abrirse espacios de libertad económica al estilo chino.

En todo caso, tras muerte del legendario dirigente, el futuro se antoja incierto para los más de 11 millones de cubanos, a quien muchos se acostumbraron a observar vestido con su uniforme verde olivo, aunque desde su retiro le dio por usar trajes deportivos de “Adidas” la marca alemana que patrocina a los exitosos equipos deportivos cubanos, personalizados con las iniciales “F. Castro”

Más allá de estas cuestiones, la gran pregunta que gravita en el ambiente es qué ocurrirá realmente, en un país donde no se movía una hoja de un árbol si no era por la voluntad de este omnipresente líder.

Sin embargo, el fallecimiento del artífice de la revolución cubana podría significar una gran oportunidad para que se operen los cambios políticos tan largamente postergados, principalmente en materia de democracia, derechos humanos y libertad de expresión.

Algunos analistas se atreven a pronosticar que el gobierno dejará libres a los presos políticos, permitirá la existencia de varios partidos que podrían competir con el Partido Comunista -que hasta ahora es el que monopoliza el poder-, y habría posibilidad de que surja la prensa independiente.

Empero, es todavía prematuro aventurar que el gobierno de Raúl Castro, quien ha anunciado que se retirará en 2018, abrirá las compuestas políticas y llevará adelante una reforma política.

En cambio, se espera que las cosas se muevan más rápidamente en materia de libertades económicas.

Liberado ya del peso de Fidel, su hermano mayor, ahora se verá si realmente Raúl Castro es capaz de atreverse a ir más allá de sólo tolerar algunas actividades de los llamados “cuentapropistas” y permitir el establecimiento de pequeñas y medianas empresas.

Algunos aseguran que se avecinan inminentes cambios democráticos y políticos que podrían provocar una revolución de las mismas dimensiones de la ocurrida en 1959 en la Isla y otros creen que las cosas seguirán igual que antes, con un proceso lento de transformaciones hacia el capitalismo pero al estilo chino, sin libertades políticas con una permanencia del esquema autoritario vigente.

El premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa podría clasificarse en la lista de los optimistas, pues considera que la muerte de Fidel Castro es el principio del fin de una dictadura de 57 años.

“Ojalá que el nuevo presidente de Estados Unidos no la interrumpa y no vuelva a retroceder la historia”, señaló durante su asistencia a la Feria del Libro de Guadalajara. Vargas Llosa afirmó también que Fidel era el mito que mantenía la unidad y la ilusión de que la revolución podría sobrevivir, pese a todos los avatares, pero está clarísimo que sin él la Revolución pierde su sustento mítico y legendario que mantenía, dijo. Y agregó:

“La revolución es un fracaso capital. Cuba es mucho más pobre que hace 57 años cuando ‘Los Barbudos’ entran en La Habana. Una parte de la población vive en el exilio y otra sólo aspira a irse al exilio. Ya no es un modelo para nadie, salvo para grupúsculos muy pequeños”, afirmó el escritor peruano y consideró que a corto o mediano plazo, en Cuba se viene una transición hacia la democracia y subrayó su deseo de que vuelva a ser un atractivo para los capitales extranjeros y salga de la pobreza enorme en la que se encuentra, advirtió.

LAS POSIBILIDADES DE UN PROGRAMA REFORMISTA EN LA CUBA HOY, BAJO EL CONTROL TOTAL DE RAÚL CASTRO

Predecir si la desaparición física del hombre que depuso la dictadura de Fulgencio Batista para reemplazarla por otra peor podría detonar una nueva revolución es una tarea compleja.

Raúl Castro ya no tiene otro hermano menor a quien heredarle el puesto, pero sí hay por ahí hijos de ambos que podrían pelear por el poder, aunque también respetadas figuras capaces de llevar a cabo una transición.

Lo que sí es posible esperar es que fluya sangre nueva en el gobierno cubano, es decir, que esté por instalarse una nueva generación de dirigentes que aunque compartan la ideología conservadora en lo político y un poco liberal en lo económico, podrían contar con la bendición de Raúl Castro, mientras viva, que es quien controla Ejército cubano, el garante de la estabilidad en la isla.

En los casi 2 años que aún le quedan al frente del poder, Raúl podría actuar rápidamente, porque hoy ya no tiene alguien detrás que le impida llevar a cabo un programa reformista.

Los cambios económicos son los más urgentes en Cuba, sobre todo porque Venezuela redujo en un 40 por ciento sus envíos petroleros que le permitían mantenerse más o menos a flote, pero ahora el país sudamericano se halla en el umbral de una nueva crisis económica.

A fines de septiembre pasado, Raúl Castro pidió “más ahorro y más sacrificios” ante una coyuntura económica especial, planteada por la reducción de los suministros energéticos venezolanos y la falta de fuentes propias de energía.

La lucha por el poder en el seno de la cúpula cubana se abrió desde que Fidel se retiró formalmente del poder, y hasta ahora se desarrolla de manera sorda e invisible.

No obstante, hay un verdadero factor que influirá en el futuro de la Cuba sin Fidel Castro, y este se llama Donald Trump, el próximo presidente de Estados Unidos, quien amenazó con revocar la orden ejecutiva con cual se inició el deshielo con Cuba que se logró después de extensas negociaciones secretas con ayuda del Vaticano.

El presidente Barack Obama y su homólogo Raúl Castro, el 17 de diciembre del 2014, anunciaron el inicio de un proceso de normalización de las relaciones en el campo financiero, comercial y turístico, incluida la reanudación de vuelos de línea directos entre ambos países. Ello permitió la reapertura de las embajadas en Washington y La Habana.

Pero si Donald Trump lo echa atrás, ello sin duda podría generar una crisis de pronóstico reservado en la Isla. Pensar que el bloqueo estadounidense impuesto hace más de 5 décadas será levantado en forma inminente, es simplemente una entelequia, más ahora que los republicanos dominarán las dos cámaras del Congreso estadounidense.

Sin embargo, ciertamente el peso abrumador de Fidel Castro le ahorrará a Raúl muchos dolores de cabeza, y ahora podrá decretar cambios con mayor libertad, aunque deberá tomar en consideración que los cubanos ya no son tan devotos como en el pasado y sin Fidel ya no será lo mismo, pues carece del carisma, la influencia y del poder de oratoria de su hermano mayor.

Las cosas no serán fáciles para Raúl Castro, que mantiene férreos controles, pero ya no será tan respetado como antes y se enfrenta a una nueva generación de cubanos que ya no salen en masa a apoyar a su líder.

Son apáticos y rebeldes, y ahora -a menos que en su país haya cambios tales que se les abran las oportunidades-, lo único en que piensan en poseer  el último modelo de teléfono celular o tablet, contar con servicio de Internet en sus viviendas, para descargar música o películas y claro, obvio, emigrar a Estados Unidos.

No obstante, un papel importante lo podría representar la Iglesia católica, que siempre ha sido un motor importante de los cambios. Ya lo dijo el nuevo cardenal mexicano Carlos Aguiar, quien pronosticó que con la muerte de Fidel Castro, el catolicismo resurgirá en Cuba.

“La iglesia católica en Cuba es heroica y ha sobrevivido por la vitalidad de sus miembros en defensa de la libertad de su fe y no hablo sólo de sus obispos o del cardenal Jaime Ortega”, expuso.

Por lo pronto, los cubanos pueden llorar o festejar la muerte de Fidel Castro. Una vez que concluya la parafernalia de las exequias su legendario dirigente comenzará el duro trabajo de perfilar el futuro.

GRANOS DE CAFÉ

… Por fin la clase política despertó y tomó conciencia de que el país se desbarata ante la impunidad con la que actúa el crimen organizado, para impulsar una iniciativa de ley que otorgue a la seguridad interna igual prioridad que la tiene la Seguridad Nacional, y combatir de manera efectiva a la delincuencia con la fuerza del Estado y plena garantía jurídica para quienes tienen esa potestad, es decir nuestras fuerzas armadas.

La iniciativa presentada por los diputados priistas César Camacho Quiroz y Martha Sofía Tamayo, propone ligar la seguridad nacional a la seguridad interior y dar facultades a las fuerzas armadas -léase Ejército y Marina-, para investigar y perseguir delitos, lo que volverá a todo el país el estado de derecho y, por sobre todo, evitará penosos capítulos como el registrado cuando ladrones de combustible obligaron a miembros del Ejército a replegarse, por no tener el marco legal que les permitiera proceder contra ellos.

Por supuesto han surgido voces que acusan la limitación que tendrían las libertades ciudadanas, pero esas voces parecen ignorar que sin el garante legal que se quiere dar a las fuerzas armadas, tales libertades no existen, porque desde hace mucho fueron secuestradas por criminales, organizados o comunes, que para el caso da lo mismo.

Quién puede ignorar que hay entidades de la República dominadas precisamente por esos delincuentes, que no respetan la vida humana y menos las leyes, y que para cometer sus actos criminales se escudan precisamente en las limitaciones legales que tiene las fuerzas armadas para combatirlos.

Quienes se oponen a cortar de tajo a la anarquía que prevalece en materia de seguridad, olvidan que es urgente fortalecer a las instituciones y realizar un verdadero saneamiento de las mismas.

Otorgarle seguridad a los mexicanos es una tarea primordial y esto sólo será posible con la aprobación de la iniciativa que garantizará la absoluta legalidad de las acciones de nuestras fuerzas armadas…Sus comentarios envíelos al correo[email protected]

Alberto Carbot
Nací en Tapachula Chiapas. Estudié periodismo en la Escuela Carlos Septién García y la especialidad en la Universidad Panamericana (UP). Profesor en ambas instituciones. Laboré en Interviú, Excélsior y El Heraldo de México. En 1980 fui corresponsal de Excélsior y Canal 11 en Europa y de Radio France. Fundador del IMER y reportero del UnomásUno. Corresponsal de guerra. Desde 1995, director de La Revista de México/Gente sur. Premio Estatal y Nacional de Periodismo. Autor de Café para Todos (Grijalbo 1983) y coautor de Raúl Anguiano, Bonampak, 1949. Autor de Marilyn en México.
Alberto Carbot