Itinerario político
Cuarenta años. Parece mentira que hayan pasado cuatro décadas desde aquel 19 de septiembre de 1985, un día que se tatuó en mi memoria y en la de millones de mexicanos. No fue solo un terremoto; fue un antes y un después que marcó nuestras vidas para siempre.
En punto de las 7: 19 de la mañana, el cielo se desplomó ante nuestros ojos. El terremoto de 8.1 fue una danza macabra que llegó arrebatando vidas y el miedo se apoderó de mí, un miedo que nunca había sentido antes.
Aún retumban en mi memoria los gritos de mi madre, las paredes crujiendo, el estruendo de los edificios derrumbándose.
La ciudad se transformó en un escenario apocalíptico. Las viviendas se rompían como si fueran de juguete, el polvo lo cubría todo y los gritos de auxilio resonaban en el aire. Era un caos indescriptible.
En esos momentos de confusión y desesperación, la solidaridad se convirtió en nuestro mayor refugio. Vecinos ayudando a vecinos, extraños trabajando juntos para remover escombros, jóvenes arriesgando sus vidas para rescatar a los atrapados. Fue ahí donde conocí la verdadera fuerza del espíritu humano del cual los mexicanos, pese a nuestras diferencias, no somos ajenos.
Aunque las cifras exactas siguen siendo objeto de debate, se estima que entre 26,000 y 35,000 personas perdieron la vida. Miles más resultaron heridas y un número incalculable de edificios se derrumbaron, dejando a miles de familias sin hogar. La magnitud de la tragedia fue inmensa y la respuesta inicial del gobierno fue considerada tardía e ineficaz, generando un profundo descontento en la sociedad.
Pero en medio del caos y la desesperación, surgió un rayo de esperanza: la sociedad civil. Ante la falta de coordinación y recursos oficiales, miles de personas se organizaron espontáneamente para remover escombros, rescatar a los atrapados y brindar ayuda a los damnificados.
Fue en este contexto que nacieron Los Topos, la Brigada de Rescate Topos Tlatelolco A.C., un grupo de voluntarios que se convirtió en un símbolo de valentía, solidaridad y eficiencia. Su labor incansable y arriesgada permitió rescatar a miles de personas y demostró el poder de la organización ciudadana ante la adversidad. Bomberos, policías y socorristas también actuaron de manera independiente ante la falta de coordinación de las autoridades.
Hoy en día, Los Topos son un referente internacional en materia de rescate y auxilio en desastres naturales. Han participado en misiones en todo el mundo, llevando consigo su experiencia, conocimiento y espíritu de servicio.
El terremoto de 1985 me dejó cicatrices que nunca se borrarán. Pero también me enseñó valiosas lecciones sobre la importancia de la familia, la amistad y la comunidad.
Hoy, cuarenta años después, quiero honrar la memoria de las víctimas y reconocer la labor de todos aquellos que ayudaron a reconstruir nuestra ciudad. Y también, quiero recordarles a las nuevas generaciones la importancia de estar preparados ante cualquier eventualidad y de mantener viva la llama de la solidaridad.




