Don Vasco, modelo de servidores públicos

Para salir de la crisis político social y renovar unas elecciones caducas que no tienen ningún sentido y cuestan millonadas se necesita un modelo nuevo de servidores públicos.

El 14 de marzo celebramos los 450 años de la muerte del sublime, divino Tata Vasco. Es grande como los héroes y genios que darara vez la humanidad. Su obra es un sueño de amor para los indígenas.

Tiene una personalidad excepcionalmente rica, dotes admirables,  excepcionales, es polifacético.

Es testigo del amor puro, es un serafín encarnado y un papá trabajador, solícito, cariñoso. Su amor es un portento que brilla como un diamante, como una estrella única que deja en la admiración, el asombro. Tata Vasco realiza el ideal del amor, sin palabras que envuelven mañosamente, sin poses, sin tantas vanidades.

 

Los días 13 al 15 de marzo la familia de Cristo que peregrina en Morelia (diócesis) con la entusiasta participación de la UVAQ rindió un magnífico homenaje al primero obispo, el más grande evangelizador y civilizador Don Vasco de Quiroga.

El homenaje de los hermanos Purhépechas fue inédito, grandioso y emotivo en Pátzcuaro, la Plaza, la Basílica, el lago. Fue hermoso y puro, sin la contaminación del turismo y la publicidad.

 

Hagamos un poco de historia. En esos años de la conquista de los españoles, la situación de los indígenas es miserable y dolorosa, son asesinados, en la guerra o las minas, se dispersan por los montes huyendo de los españoles. Son explotados como brutos o como esclavos. Trabajando en las minas sólo duraban de tres a cinco años porque morían.

Los españoles eran asesinos, destructores de vida y de la naturaleza, les mueve la codicia, avaricia, orgullo y ambición, no les importa acabar con vidas y con pueblos. Unos cuantos concentran la riqueza.

Son las raíces históricas de los vicios que vemos ahora. No hemos salido del mismo ciclo de miseria y vicios, es la misma realidad un poco matizada.

Con  tantos inventos de la tecnología, diversiones, democracia y consumo debemos no podemos ignorar la realidad de los pobres. No podemos manipular la realidad y cerrar los ojos y el corazón a las multitudes: campesinos, indígenas, pobres de las periferias de las ciudades, desempleados, explotados por los ricos que concentran la mayor parte la riqueza nacional. Es patética la miseria de bienes materiales, la ignorancia, de millones de mexicanos sin oportunidades, sin gozo, sin perspectivas ni razón de vivir.

Tal vez hay diferencia de modalidades y matices en el sufrimiento de las mayorías, pero el dolor del cuerpo y del alma continúa. Los españoles son reemplazados por los hombres de las elites del poder político y económico. Los indígenas no han superado su marginación, pobreza, explotación despojo. Los nuevos señores son igualmente destructores de la naturaleza como atestiguan los montes talados y los lagos contaminados y en extinción, herencia preciosa de los moradores primitivos de estas tierras.

 

Aquí aparece un personaje excepcional, de grandeza moral y creyente, D. Vasco de Quiroga, un alma formada en el seguimiento exigente y puro del Maestro Cristo, en la escuela de la orden de los Caballeros de Malta. El nombre de caballeros fue recientemente usurpado y deformado por un grupo de criminales.

Es sorprendente la estatura moral de D. Vasco que sólo se explica por la presencia de su Maestro Jesús. D. Vasco vivió la ley de Dios y los consejos evangélicos, incluida la castidad que el mundo libertino e inmoral de hoy no puede entender. Ya grande, era un alma puro y virtuosa preparada para la tarea de obispo.

Lo que hace sublime a Don Vasco es que es réplica del amor de Cristo. Es insólita, indescriptible, asombrosa su capacidad de amar. Ese amor es compasión, entrega, anonadamiento.

Fue más allá de la empatía, se encarnó en la historia de los indígenas, compartió su vida de humillación y sufrimiento.

Valoróa los indígenas, descubrió su grandeza, creyó en ellos y los promovió a “ser bastantes” afirmaba él. Que tuvieran lo necesario para vivir, se sintieran seguros, grandes, libres, autosuficientes. Se une a una larga y pura tradición del pensamiento filosófico y cristiano, de los grandes filósofos y de los Santos Padres.

Tuvo compasión del sufrimiento de los indígenas. Buscó, buscó la liberación de la muerte y la dispersión por los montes.

En la más pura tradición de la filosofía, ser bastantes no es posible sin la polis, sin la ciudad organizada y armoniosa. Así lo piensa Platón.

Una de sus obras grandiosas son los pueblos hospitales de Santa Fe, siguiendo a Tomás Moro. Recoge la sabiduría Milenaria que explican Pablo de Tarso, Didajé, S Basilio, Luciano de Samosata, Tomás Moro, Gerson.

 

Contra la miseria en la dispersión los agrupa en el hospital de Santa Fe. Pero su influencia de organización llega a muchos pueblos que guardan aún vivo su herencia.

El prodigio de estas obras que viven hasta nuestros días se explican por amor puro, abnegado, sabio. El amor explica el renacimiento de los pueblos indígenas y la creación de pueblos nuevos.

 

¿Qué tenemos que hacer ante la marginación y pobreza de los indígenas, campesinos, de los humildes?

Hay que amar como Don Vasco, como Dios.

Hay que cambiar las elites de gobierno y dinero que se creen sobre pueblo. El milagro de salir de la crisis y de la corrupción se da cuando se acabe el abismo que separa a los ricos de los pobres y se comparta todo, metidos en la misma experiencia de sufrimiento, lucha y esperanza.

Los políticos y líderes necesitan refundirse en la probeta del amor para nacer de nuevo. Se necesitan hombres libres del contagio de los vicios de los gobernantes y poderosos hasta hoy.

Hay que terminar con campañas de palabrería, con discursos, spots y empezar a amar, con obras y en silencio.

El sueño de Don Vasco está por realizarse en plenitud. Este es el camino, la tarea es nuestra.