SAHUAYO, Mich., Con sólo tres meses de nacida, la pequeña Ximena enfermó y en pocos días inició un proceso de agonía que la llevó rápidamente a enfrentarse con la muerte. Dos largos meses duró el proceso y sus jóvenes padres por poco mueren con ella de pesar y de tristeza.

Pero la muerte no pudo con la pequeña Ximena Guadalupe Magallón Gálvez y a sus siete años corretea, juega y hace travesuras en el amplio y prestigiado restaurante de su abuelo, El Pirata de Chaguás, llena de vida.

Además de conmovedora, la historia de Ximenita es un verdadero prodigio que no tiene explicación médica o científica conocida, pues su recuperación es insólita y se dio a la vista de médicos especialistas.

Tímida y desconfiada con los adultos, Ximenita asegura que “la virgen y el niño Joselito vienen a platicar conmigo”, pero se niega a hablar más del asunto y se escabulle entre las mesas.

La gente sabia y sencilla de Sahuayo confía en Ximenita y asegura que su caso es un verdadero milagro del niño mártir de Sahuayo y por prueba refieren que ya en El Vaticano se estudia el caso como uno de los prodigios que se atribuyen al niño José Sánchez del Río, sacrificado por el Ejército Federal en 1928 durante la Revolución Cristera.

Su madre y y los abuelos maternos de la pequeña recuerdan que al llegar de los Estados Unidos, la infanta comenzó con una fiebre persistente que la llevó al hospital. Ahí pasó una noche difícil y al día siguiente, su pediatra, Adán Macías, detectó una bronconeumonía atípica,por lo que recomendó el traslado de Ximenita a un hospital especializado de la ciudad de Aguascalientes.

Pero ahí las cosas empeoraron. En los tres días que ahí estuvo Ximenita su pequeño pulmón se le lleno de flemas. Lejos de mejorar, su estado empeoraba y había que operarla de emergencia, así que sus padres llamaron al padre Agustín Patiño para que bautizara a la infanta.

Los médicos pensaban “que podía ser el píloro que tendría una fisura y por ahí se pasaba la leche al pulmón, y que tendrían que operarla, un día antes de la operación, Ximenita empeoro severamente, le tomaron una radiografía y le hicieron una punción pleural y resultó que tenía liquido en su pulmón”, recuerda Paulina Gálvez Ávila, madre de la pequeña.

Ximenita resistió la operación, pero salió con un diagnóstico desalentador: al analizar un fragmento del pulmón de la pequeña, los médicos confirmaron la presencia de tuberculosis.

La pequeña pasó dos días en terapia intensiva tras la operación, pero “cuando nos la llevaron al cuarto, la note rara, con su mirada fija y ausente. Le hablamos, pero no reaccionaba le comente al doctor que la veía mal, no parecía mi bebe porque ella era risueña de antes”, recuerda la joven madre de Ximenita.

La madre solicitó al médico que regresaran a su pequeña a la sala de terapia intensiva porque sentía que algo andaba mal. “Al día siguiente, cuando pase a terapia intensiva, me dijeron que había convulsionado, al verla comencé a rezar y mi bebe comenzó a convulsionar de nuevo, le pedí a las enfermeras que vinieran rápidamente, la inyectaron, pero no dejaba de convulsionar, le hicieron un encefalograma y ella no dejaba de convulsionar”, recuerda la madre de la pequeña que hoy corretea con salud plena.

En la madrugada del siguiente día, “les pedí a los médicos que me dejaran verla, pero antes de entrar me cierran la puerta y me dicen que mi bebé ya está en vida vegetal. Llorando, le rogué al doctor Rosendo que salvara a mi niña, y le indujeron un coma por 72 horas para ver si sobrevivía porque el 90 por ciento de su cerebro estaba muerto”.

La joven madre explica que esos tres días toda la familia y los amigos iban a misa a pedir el milagro de la salvación de la niña. Cuando pasó el periodo y se certificó la muerte cerebral de la pequeña, la familia decidió desconectar el aparato que mantenía latiendo su diminuto corazón.

“Antes de desconectarla, les pedí que me dejaran estar con ella y la abracé. Cuando  la desconectaron puse a mi bebé en manos de Dios y la intercesión de Joselito. En eso, ella abrió sus ojos y me sonrió, miro a los doctores y empezó a reírse con ellos.Los doctores no podían explicar lo que había pasado y la llevaron para hacerle una tomografía y encefalograma y ese día el 80 por ciento de su cerebro estaba recuperado.

“Estuve con ella todo el día y al día siguiente le hacen nuevos estudios y su cerebro aparece, totalmente recuperado. Los doctores se quedaron sorprendidos, pues creían que, si vivía, probablemente no caminaría, no hablaría, debido al infarto cerebral y las secuelas que pudieron haberle quedado, o no vería, ni escucharía por el medicamento de la tuberculosis médica y humanamente no había esperanza de vida”, concluye la familia de Ximenita.