MORELIA, Mich., 15 de agosto de 2019.-  Es 15 de agosto y la tenencia de Santa María lleva a cabo sus fiestas patronales, dedicadas a la virgen María, donde, al lado de la fe, la espiritualidad y el llamado a la reflexión, aparece el mole como acompañante imperdible de esta celebración.

Las calles aledañas a la plaza Nezahualcóyotl, en el corazón de Santa María, lucen por unos momentos llenas de pequeños y grandes puestos, con anafres y braseros que sostienen cacerolas de barro de las que emanan los aromas de las distintas preparaciones que se presentan en la Feria del Mole.

“Estamos dorando el arroz y haciendo el mole, todo molidito en el metate y todo, lo hacemos para vender sólo en las fiestas de Santa María, más seguido para comer en la casa, y ya tenemos muchos apartados, así que creo que sí nos queda rico”, refirió Lucía Jacobo, oferente de mole.

“Es mi nuera la que vende, yo nada más les ayudo, ella ganó el año pasado el primer lugar en el concurso de moles, no nos dábamos abasto, quería todo el mundo del puesto de ella, se llama Bertha Anel López Rangel, ya tenemos como 10 años vendiendo en la plaza, cuando son las fiestas patronales”, agregó María Arrieta, mientras removía el mole en un recipiente de barro, listo para servirse.  

Los sonidos de las brasas donde el mole y el arroz se cocinan a fuego lento, los cucharones de madera para servir el alimento sobre piezas de guajolote o pollo y las tortillas de maíz sobre los comales se entremezclan con los olores de los múltiples ingredientes con se elabora el mole y que danzan en columnas de vapor que llaman a los comensales.

“El secreto es mucho amor”, aseguró Lucía Jacobo, entre risas, “mi mamá me enseñó a hacer mole, ella tiene más de 40 años que lo prepara y yo siempre le he ayudado, nuestra receta tiene ajonjolí, cacahuete, semillas y de muchos chiles”.

“Es mole de sabor natural, sin mucho picante para que se pueda saborear a gusto; la receta de la familia es con ajonjolí, cacahuete, semillas, canela, tortilla, chocolate, tomillo, mejorana, chiles negro, pasilla, moreliano, guajillo, todo doradito para hacer una pasta y que no se eche a perder, lo llevamos al molino, en seco, dos o tres días antes de las fiestas, para tenerlo listo. Va todo doradito, a fuego lento, para que se dore parejito, sin secretos”, explicó María Arrieta.

Desde temprana hora los comensales comienzan a llegar, para descubrir entre los braseros y anafres aquel aroma que despierte su apetito.

“Está riquísimo, mi mole es de guajolote, ahora como una mollejita; cada año vengo, me gusta el mole tradicional michoacano, con pata, molleja, de todo”, expresó Alejandro Torres, entre mordidas dadas a un taco de mole con arroz y carne.

“Disfrutamos de esta fiesta, es una vez al año, y es un buen pretexto para comer mole, que es muy rico”, coincidió Javier Gaona, al término de su platillo.