Bajo supervisión constante, 40 inmuebles en riesgo de colpaso en Morelia
MORELIA, Mich., 25 de junio de 2026.- En una esquina de la avenida Morelos Norte, a unas cuadras de la Catedral de Morelia, el tiempo parece avanzar a otro ritmo.
Entre montones de llantas de segunda mano, cámaras para neumáticos que cada vez se usan menos, herramientas manuales cubiertas por el desgaste de los años y carteles de equipos de futbol de la década de los 80, permanece un anuncio que parece haberse quedado atrapado en otra época: “Se renta videocasetera”.
La cartulina ofrece un servicio que prácticamente desapareció con la llegada de internet y las plataformas digitales. Sin embargo, sigue ahí, colgada entre refacciones, parches y llantas que esperan reparación.
Detrás del mostrador se encuentra José Hugo Erick, vulcanizador que desde 1972 trabaja en el mismo oficio y desde el mismo punto del Centro Histórico.
Mientras el local conserva objetos que remiten a una ciudad distinta, los clientes llegan por caminos que hace algunos años parecían impensables.
“Una señorita llegó y me preguntó si tenía Google. Le dije: ¿qué es eso?”, recuerda.
La pregunta marcó el inicio de una transformación inesperada para el negocio.
Hoy, además de los vecinos y clientes habituales que recomiendan el servicio de boca en boca, también recibe llamadas de personas que lo encuentran mediante búsquedas en internet. Algunos solicitan reparaciones a domicilio cuando una llanta se daña en plena calle.
La adaptación ocurrió sin remodelaciones ni campañas publicitarias. El taller sigue prácticamente igual. Las herramientas continúan siendo manuales. Las llantas usadas permanecen acomodadas en las paredes. Los casetes descansan en los estantes y el anuncio de la videocasetera resiste el paso de los años.
Afuera, el Centro Histórico ha cambiado de rostro. Han aparecido nuevos negocios, cadenas comerciales, plataformas digitales y formas distintas de consumo. Muchos establecimientos tradicionales cerraron sus puertas. Otros encontraron la manera de mantenerse.
La vulcanizadora de José Hugo forma parte de ese grupo.

Su clientela ya no depende únicamente de quienes pasan frente al local. Ahora también llega desde la pantalla de un teléfono celular. La tecnología abrió una puerta que convive con prácticas que permanecen prácticamente intactas desde hace más de medio siglo.
Entre el ruido de los automóviles, el olor del caucho y las historias que acumulan las paredes del taller, el negocio continúa abierto cada mañana.
Como ocurre con muchos comercios tradicionales del Centro Histórico de Morelia, la permanencia no ha significado quedarse inmóvil. La supervivencia ha consistido en adaptarse sin renunciar a la identidad construida durante décadas.
Y mientras Google acerca nuevos clientes, el anuncio de la renta de videocaseteras sigue observando desde una pared del taller, como testigo silencioso de una ciudad que cambió sin terminar de llevarse todo lo que fue.