Restauran bosques de Tlalpujahua con la dispersión de 6 mil germoesferas
MADERO, Mich., 7 de mayo de 2026.- El camino a El Salto es así, con salto y sobresalto, es complicado porque el sendero es irregular con subidas y bajadas, rocoso y angosto pero vale la pena para llegar a una de las cascadas más emblemáticas de Etúcuaro, minicipio de Villa Madero.
En una buena parte del camino el pastizal de carrizo está seco porque aún no es la temporada de lluvias, eso se nota en el paisaje durante gran parte del trayecto, porque ir descendiendo es como entrar a una olla de calor.
Una característica del trayecto es un constante ruido de las cigarras, se mantiene tenue pero en algunos lugares incrementa notoriamente.
Otra característica es que en muchos tramos se pueden ver tubos plásticos o de metal los cuales transportan agua, de acuerdo a lo dicho por los guías se acompañan el trayecto. Se trata de agua que se extrae de manantiales que están a lo largo de la montaña y que llegan a la rancherías para surtir de agua para la vida.
Una vez transcurrida casi media hora de caminata complicada, finalmente se llega a El Salto, y aunque en algunos momentos del trayecto se ve la parte superior de la caída de agua, es cuando se llega hasta allá donde se aprecia su belleza en todo el esplendor.
La caída debe superar los 50 metros, y llega a una fosa que también tiene cierta profundidad. De ahí el agua se va repartiendo para irse río abajo. En este lugar aseguran los guías, en la temporada de lluvias puede crecer hasta un metro y medio de altura más de lo que se encuentra actualmente.
Una vez que más de tres intrépidos se meten a nadar o a remojar los pies entre las piedras resbaladizas y el agua verde musgo, comienza el regreso, y aunque es igual de tortuoso que la ida, ahora la promesa de un mezcal y una buena comida anima a cualquiera.




