Vincula FGR a proceso a 3 por armas y explosivo en Zamora
MORELIA, Mich., 4 de marzo de 2025. - Con 23 años, Isabel ya sobrevivió a emboscadas, explosiones y ataques con drones. Hace carrera en el Agrupamiento Especializado en Artefactos Explosivos y Materiales Peligrosos, pero hay una cosa que no puede evitar, y eso es llorar al saber que se pierde momentos valiosos con su pequeña de seis años.
Detrás del chaleco antibalas y el traje azul oscuro está una mujer luchando todo el tiempo, no solo por regresar a casa, por llevar a la mesa comida y por estar con su hija.
“Al principio es muy difícil compaginar ambas actividades. Por mis horarios alterno una semana sí y otra no fuera de casa. Es difícil al principio, lo que más me dolió de lo que me perdí, fue verla crecer”, declaró con los ojos anegados.
Afortunadamente, cuenta con una sólida red de apoyo. En especial de su mamá, a la que considera “es mi todo”, porque no sólo la cuidó a ella, ahora también a su pequeña y así puede estar tranquila de que está bien.
Porque ser una mujer trabajadora es más que ser autosuficiente, implica sacrificios que duelen, en especial cuando la sociedad dice que uno debe ser primero madre antes que profesionista.
“Tienes que amar ser madre, pero no hables de tus hijos todo el tiempo. Tienes que ser una profesional, pero al mismo tiempo, siempre cuidar a todos los demás…”, dice en su discurso América Ferrera, e Isabel es una de esas mujeres extraordinarias que cuida todo el tiempo.
Comenzó su carrera en la policía siendo muy joven, con 19 años. Dejó pausados sus sueños de ser maestra de preescolar. La maternidad la alcanzó primero.
“Creo que lo quería era ser maestra de preescolar, pero por una u otra razón ya no. Ahorita ya no…”, ahora está enfocada en aprender y seguir creciendo dentro del agrupamiento.
Pero pesó el sueño de vestirse de azul, porque creció en un entorno con policías y militares. Su papá, hermanos y una hermana también son oficiales responsables de la seguridad pública, así que seguir su camino también la llena de orgullo.
El reto que tiene frente a frente es imponente. Acudir junto a sus compañeros a los operativos a zonas minadas, donde el temor es la constante a ser emboscados o tentativas de agresiones con drones.
“Han sido varios episodios difíciles, uno fue en campo abierto, que estuvieron enviando dronazos, el más cercano fue a 30 metros. Y, también en Apatzingán, íbamos por una brecha y un camión tocó una mina y explotó”, recordó.
En medio de aquel momento de alto riesgo, Isabel no se inmuto. No es algo que le provoque miedo ni terror, logró mantener el control de sus emociones y, junto a sus compañeros, logró salir del conflicto.
Lleva dos años en ese agrupamiento y continúa aprendiendo, recordó que reciben constante capacitación por parte de instituciones nacionales y extranjeras, a fin de mejorar los resultados y continuar desactivando los explosivos que ponen en riesgo la vida de los y las michoacanas.