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MORELIA, Mich., 7 de marzo de 2026.- En el contexto de las movilizaciones por el Día Internacional de la Mujer, que se conmemora el 8 de marzo -8M- la profesora e investigadora de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Gabriela Sánchez Medina, explicó la diferencia entre iconoclasia y vandalismo, dos conceptos que suelen confundirse al analizar las protestas feministas.
De acuerdo con el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, la palabra iconoclasia proviene del griego bizantino eikonoklasía, formada por eikón que significa imagen y kláo o klastein que significa romper. En su sentido literal, el término alude a la acción de destruir o derribar imágenes o representaciones simbólicas asociadas con autoridad, creencias o poder.
El concepto se originó en el Imperio bizantino entre los siglos 8 y 9, durante una controversia religiosa y política en torno al uso de imágenes sagradas. Con el tiempo, su significado se amplió y hoy se utiliza para describir acciones que cuestionan o derriban símbolos públicos vinculados con estructuras de poder o dominación.
En entrevista con Quadratín, la académica especializada en estudios de género señaló que la iconoclasia es una forma de protesta con sentido político y simbólico, distinta del vandalismo, que responde a actos destructivos sin una causa social definida.
“Primero habría que pensar que es diferente el vandalismo a la iconoclasia. El vandalismo es como el que va y rompe y pinta porque quiere y puede, porque le dieron ganas”, explicó.
En contraste, sostuvo que la iconoclasia tiene una intención política y se vincula con la expresión pública del hartazgo social frente a la falta de respuestas institucionales.
“La iconoclasia no, porque es una manifestación de hartazgo. La iconoclasia es una herramienta de protesta. La iconoclasia es una herramienta de protesta que intenta manifestar el hartazgo, el enojo y la ira ante la falla del Estado”, señaló.
Sánchez Medina indicó que este tipo de expresiones suele aparecer cuando las vías institucionales para atender demandas han sido agotadas sin resultados.
“La iconoclasia se presenta en estos movimientos porque es cuando ya fuiste a la fiscalía, ya pusiste una denuncia, ya llevaste oficios, ya hablaste con abogados, con organizaciones, con los diputados, con los medios y no pasó nada”, describió.
Bajo ese escenario, explicó, las intervenciones sobre monumentos o símbolos públicos se convierten en una forma de visibilizar el enojo social cuando las instituciones y la sociedad no responden a las demandas.
“Es cuando ya hice todo lo posible y el Estado y la sociedad me fallaron”, añadió. La investigadora subrayó que la iconoclasia no es exclusiva del movimiento feminista, sino que ha aparecido en distintos momentos históricos cuando comunidades o movimientos sociales han cuestionado símbolos asociados con opresión o dominación.
Como ejemplo, mencionó episodios como la caída del Muro de Berlín o la remoción de estatuas vinculadas con procesos de colonización en diversas ciudades del mundo. “Hay un montón de ejemplos de países donde las estatuas han caído así”, señaló.
En ese sentido, consideró que estas expresiones deben analizarse dentro del contexto social que las origina, particularmente cuando surgen en movimientos que buscan denunciar violencia, desigualdad o impunidad.




