Resultados de Carlos Torres Piña al frente de la Fiscalía de Michoacán
MORELIA, Mich., 7 de marzo de 2025.- Con 84 años encima, a Chabelita el feminismo le llegó tarde y el machismo muy temprano. Tuvo 10 hijos, fue golpeada, robada y abandonada, pero hay una pequeña satisfacción en su corazón: todos sus hijos terminaron al menos la secundaria.
Nació en 1942 en la sierra de Morelia, rodeada de nueve mujeres, madre y hermanas. Ella fue la décima.
La pobreza la sacó del bosque de encinos y llevó a la ciudad, a vivir en la calzada Ventura Puente para dedicarse al comercio junto a su familia.
"El hambre y la necesidad, eso nos hizo comerciantes. Yo comencé en la plaza Carrillo, vendiendo manojos de hojas de naranjo y mirasoles. Tenía yo como ocho años", relató Chabelita mientras su hija le instalaba el puesto, porque a sus 84 años no ha dejado el oficio.
Su infancia la pasó entre las plazas de la ciudad y el cerro del Punhuato, a donde acudía con su padre y hermanos a cultivar la tierra, recoger flores silvestres y hojas de naranjo. Todo lo proveía la naturaleza.
Sin una educación formal suficiente, Chabelita se casó y se llenó de hijos, uno tras o otro, 10 en total. Una familia numerosa. A todos los crió ella, entre los golpes de su marido y trabajos como empleada doméstica, comerciante y ama de casa.
Sentada en su silla de ruedas, ya discapacitada, sin una pierna, recuerda su forma de ver el mundo y su relación con su expareja hace más de 50 años.
“Estaba yo tan pendeja, con perdón de usted, estaba tan tapada”, expresó en medio de risas al hablar de su ex marido.
“Pero ya Diosito se lo llevó, porque me pegaba… ¡ay sí!, y me quitaba el dinero para dárselo a otras mujeres con las que se relacionaba”, comentó.
Con un ojo morado, golpes y a veces hasta sin comer, Chabelita no dejó de trabajar, tenía un solo objetivo, dar a sus hijos la oportunidad de terminar al menos la educación básica. Meta que logró.
La maternidad no es igual para todas, ni se vive en las mismas condiciones, por lo que dentro de sus limitaciones, cada mujer ofrece lo que está a su alcance, con su máximo esfuerzo.
“Lo único que le daba gracias a Dios, porque hubo días en los que no tenía más que una tortilla tiesa, eran mis hijos, que siempre estaban primero. Como madre me siento satisfecha, que cumplí hasta donde pude… ¿sueños?, ¡yo para qué!”.
Pero la vida de Chabelita no se ha terminado, con 84 años y discapacitada, no tira la toalla. Se rodea de sus amigos comerciantes y de sus hijos. Todos los días sale de su casa y trabaja en su puesto ambulante.
Vende lo que la temporada le permite.




