Asesinadas, 87 mujeres en Michoacán durante los primeros 9 meses de 2026
MORELIA, Mich., 22 de octubre de 2026.- ¿Qué implica ser mamá? Levantarte a las 5:30 de la mañana para amamantar a tu bebé, darle sus medicamentos o llevarlo a la escuela pueden parecer tareas agotadoras, parte de una rutina que exige tiempo y energía. Pero levantarte a esa misma hora para buscar el cuerpo de un ser querido es vivir un verdadero infierno, uno que ninguna madre merece enfrentar.
Esa es la realidad que se vive durante una semana al mes en Tacámbaro, Michoacán. A cerca de una hora del centro del municipio, en la barranca de La Parotita, el colectivo Buscando Cuerpos realiza desde 2023 labores de búsqueda en las que se han localizado restos humanos correspondientes a cerca de 374 personas.
Para llegar al punto de búsqueda, la jornada comienza antes de que amanezca. A las 5:30 de la mañana se reúnen los integrantes del colectivo, agentes de la Guardia Civil, peritos de la Fiscalía General de la República (FGR) y antropólogos de la Comisión Nacional de Búsqueda. Cada quien se prepara para una jornada en la que el terreno impone sus propias condiciones y el tiempo transcurre entre la incertidumbre y la esperanza.
Al llegar al campamento, las madres buscadoras cargan sus objetos personales y agua para mantenerse hidratadas durante el recorrido. Pero hay algo mucho más pesado que deben llevar consigo y que no pueden dejar atrás: la angustia, el dolor y el miedo de no saber dónde está su ser querido desaparecido.
El camino, de poco más de cinco kilómetros, atraviesa la humedad del bosque y un terreno accidentado, entre rocas, posibles encuentros con animales y el riesgo constante de una caída. El trayecto exige cuidado en cada paso. Sin embargo, llegar hasta el sitio de búsqueda todavía implica enfrentar uno de los mayores peligros: descender en rapel por una pendiente de 60 metros, sin arnés, marcada por un vehículo destruido que permanece en el centro y del que, en su momento, también fueron rescatados tres cuerpos.
Una vez en el punto de búsqueda, como lo llaman quienes acuden a La Parotita, comienza la tarea más difícil. Picos, palas y rastrillos se convierten en las herramientas para remover la tierra, revisar cada espacio y buscar algún indicio que permita encontrar a sus seres queridos.
Es una búsqueda que divide el alma entre dos anhelos: la esperanza de encontrarlos con vida y el deseo de que, si ya no están, puedan descansar en paz. Porque cada jornada significa volver a excavar en la tierra, pero también en una ausencia que las familias cargan todos los días.
Ante el riesgo de caer por la pendiente o de que se derrumbe un barranco de más de 120 metros, La Parotita se convierte, durante una semana al mes, en un lugar donde el cansancio convive con el amor y la esperanza. Ahí, entre la tierra removida y las dificultades del terreno, las madres buscadoras continúan una labor que exige fuerza física, pero también una voluntad que no se agota con las horas.
La jornada termina después de, al menos, cuatro horas de excavación y de cribar la tierra suelta. El cuerpo resiente el esfuerzo, las manos han trabajado y el cansancio se acumula. Pero hay un peso que no desaparece con el descanso: el del alma, que regresa sin la certeza de haber encontrado aquello que fue a buscar.
Al volver a la zona centro de Tacámbaro, el sol ya se ha ocultado. Con él termina un día más de búsqueda, pero no la distancia que separa a las familias de sus seres queridos. Queda en el aire la tristeza de una jornada que volverá a repetirse al día siguiente y, así, durante seis días más, hasta completar una semana de trabajo en el mes.
Estas jornadas diarias nos recuerdan que mamá es incansable, mamá todo lo encuentra y no le importara tener que soportar una jornada de sol a sol hasta encontrar a su ser amado.




