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MORELIA, Mich., 18 de julio de 2026.- La ausencia de cinco integrantes de la familia purépecha Guzmán Cruz dejó de pertenecer solo a una familia. Con el paso de 52 años, esa búsqueda se convirtió en una causa colectiva que dio origen al Consejo Supremo Indígena de Michoacán (CSIM), organización que este sábado recordó a quienes desaparecieron durante la llamada Guerra Sucia y renovó su exigencia de justicia.
En Zirahuén, comuneros, autoridades tradicionales y familiares se reunieron para conmemorar la desaparición forzada de José de Jesús Guzmán Jiménez y de sus hijos Amafer, Solón Adenauer, Armando y Venustiano Guzmán Cruz, originarios de la comunidad indígena de Tarejero. Ceremonias purépechas, pirekuas, danzas, música y expresiones artísticas acompañaron una jornada que mantuvo un mismo reclamo: verdad y justicia.
Para el CSIM, la historia de la familia Guzmán Cruz marcó el nacimiento de una organización que hoy agrupa a comunidades indígenas de Michoacán. Recordó que la defensa de la memoria histórica y la exigencia de justicia para los desaparecidos formaron parte de las causas que dieron vida al movimiento comunal.
Durante el acto, la organización pidió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos remitir el caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y acusó al Estado mexicano de retrasar el procedimiento internacional mediante solicitudes de prórroga.
La conmemoración también colocó sobre la mesa una deuda pendiente. De acuerdo con el Consejo Supremo Indígena de Michoacán, en la entidad existen más de 70 casos de habitantes de pueblos indígenas que permanecen desaparecidos o que fueron víctimas de ejecuciones extrajudiciales.
Los asistentes recordaron que la lucha de la familia Guzmán Cruz pasó de padres a hijos y de hijos a nietos. Cinco décadas después, los nombres de José de Jesús, Amafer, Solón Adenauer, Armando y Venustiano continúan presentes en una exigencia que, para las comunidades purépechas, permanece sin respuesta.




