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MORELIA, Mich., 1 de octubre de 2026.- Dar una perspectiva distinta a la conmemoración del Día de Muertos en Oaxaca, al contarla desde el punto de vista del ánima que regresa para reencontrarse con los lugares y las personas que amó, es la propuesta de El baile de las ánimas, documental dirigido por Ramón Llaven y producido por Juan Eduardo Navarrete, que forma parte de la Selección Oficial del 24º Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).
Lejos de plantear un documental convencional sobre el Día de Muertos, con entrevistas que expliquen la tradición, Llaven decidió observar la vida cotidiana de distintas personas de la Sierra de Etla y construir, desde ahí, una mirada sobre la muerte, la memoria y el regreso de quienes ya no están.
“Si bien es un documental como mucho de observación, en el fondo está esto, como que hay un punto de vista de un ánima que regresa y que puede ver los lugares donde habitó, las personas que amó y las cosas que le gustaban”, explicó Ramón Llaven en entrevista para Quadratín.

El cineasta oaxaqueño señaló que la película comenzó a partir del seguimiento a una mujer llamada Julia y de la intención de registrar las llamadas muerteadas, festividades que se realizan el primero de noviembre. A partir de ese proceso surgió la pregunta sobre qué ocurriría si una persona tuviera la posibilidad de regresar después de morir y observar nuevamente los sitios que habitó.
La película también busca mostrar los ciclos de la vida mediante personajes de distintas edades y el contraste de los paisajes: de los momentos áridos a los campos verdes, las cosechas y las flores que aparecen después de las lluvias. De esta manera, la muerte no aparece separada de la vida, sino como parte de un ciclo permanente.
Para Juan Eduardo Navarrete, productor del documental, esta perspectiva permite conectar con una experiencia que trasciende a Oaxaca, particularmente entre quienes mantienen una relación con las tradiciones vinculadas a las ánimas y con el recuerdo de los seres queridos que han muerto.
“Es una historia universal con la que conectamos todas las personas, especialmente los mexicanos, que tenemos esta conexión también con las costumbres, las tradiciones, de las ánimas y que tenemos el recuerdo de esas personas que nos acompañaron y que tal vez algún día nos vayamos a reunir con ellas”, comentó.
Navarrete destacó que una de las propuestas que más le interesó del proyecto fue precisamente evitar hacer una película explicativa sobre el Día de Muertos y, en cambio, acompañar de manera orgánica la vida de sus protagonistas para descubrir cómo la espiritualidad y las tradiciones están presentes durante todo el ciclo agrícola y cotidiano.
La realización implicó filmar en distintas poblaciones y regresar en diferentes momentos. El proceso, además, estuvo marcado por la pandemia, que obligó al equipo a adaptarse a las restricciones y volver en distintos años hasta poder registrar la muerteada como Llaven la conocía desde niño. La relación del director con la comunidad facilitó también el acceso a los espacios y a las personas.
El baile de las ánimas propone así una experiencia sensorial y etnográfica que no sólo observa cómo una comunidad recibe a sus muertos, sino que imagina qué podría experimentar quien regresa: mirar nuevamente su entorno, reconocer los lugares que amó y observar cómo la vida continuó después de su partida.
La película forma parte de la competencia por El Ojo a Documental Mexicano del 24º FICM.




