Regresa Fobia a Mexicali después de 12 años
MORELIA, Mich., 28 de diciembre de 2025.- Cada fin de año, mercados, tianguis y escaparates en distintas ciudades de México se llenan de pequeños borregos decorativos con listones dorados, monedas, espigas de trigo o letreros que dicen “abundancia”. Se regalan el 31 de diciembre o el 1 de enero con la creencia de que atraerán prosperidad económica durante el nuevo ciclo. Aunque hoy parecen una tradición profundamente arraigada, su origen es relativamente reciente y resultado de una mezcla de simbolismos antiguos y adaptaciones modernas.
El borrego —o carnero— ha sido, desde tiempos remotos, un símbolo de fertilidad, riqueza y provisión. En distintas culturas europeas, especialmente en zonas rurales, las ovejas representaban sustento y bienestar: quien tenía ganado tenía alimento, lana y estabilidad económica. En el ámbito religioso judeocristiano, además, el borrego está asociado al sacrificio, la protección y la bendición divina, lo que reforzó su carga simbólica positiva.
De acuerdo con comerciantes y cronistas populares, esta figura llegó a México influenciada por tradiciones europeas que vinculaban animales y amuletos con la buena fortuna. Sin embargo, fue hasta finales del siglo XX cuando el borrego se consolidó como un objeto ritual específico de Año Nuevo. Muchos vendedores sitúan su popularización en la década de 1990, particularmente en mercados del centro del país, como los del estado de Hidalgo y la Ciudad de México, donde artesanos comenzaron a ofrecer borregos de cerámica, yeso o peluche como regalos “para atraer dinero”.
La tradición se fue adaptando al imaginario mexicano: al borrego se le añadieron monedas, billetes, lentejas, espigas de trigo y colores asociados a la prosperidad, como el dorado y el verde. También surgió la creencia de que el borrego debe regalarse —no comprarse para uno mismo— y colocarse cerca de la entrada del hogar o del negocio, mirando hacia adentro, para “invitar” a la abundancia a quedarse.
Hoy, los borregos de la abundancia forman parte del amplio mosaico de rituales de Año Nuevo en México, junto con las uvas, la ropa interior de colores y las maletas para atraer viajes. Más allá de su efectividad simbólica, estos borregos reflejan una constante cultural: la esperanza colectiva de comenzar el año con mejores oportunidades, estabilidad económica y buenos augurios.
Así, una tradición de origen híbrido —entre símbolos antiguos y creatividad popular contemporánea— se ha convertido en un ritual que, año con año, renueva el deseo de abundancia en los hogares mexicanos.




