Toma de SEE no afecta pago de nómina: CNTE
MORELIA, Mich., 28 de septiembre de 2026.- Tsutomu Yamaguchi tenía 29 años cuando sobrevivió a una bomba atómica. Tres días después, sobrevivió a otra. El 6 de agosto de 1945 estaba en Hiroshima por un viaje de trabajo cuando Estados Unidos lanzó la bomba Little Boy. Se encontraba a unos tres kilómetros del punto de detonación.
La explosión lo arrojó al suelo y le provocó graves quemaduras. Aun así, consiguió sobrevivir y pasó aquella noche entre los restos de una ciudad devastada. Al día siguiente emprendió el regreso a Nagasaki, donde vivía con su esposa y su pequeño hijo. El registro de los Memoriales Nacionales de Paz de Hiroshima y Nagasaki documenta su presencia en ambas ciudades.
Yamaguchi había nacido precisamente en Nagasaki el 16 de marzo de 1916. Era ingeniero y trabajaba para Mitsubishi Heavy Industries. En aquel verano había viajado a Hiroshima por cuestiones laborales y el 6 de agosto debía ser su último día en la ciudad.
Lo que no sabía era que estaba a punto de convertirse en testigo de uno de los acontecimientos más devastadores de la historia. Una bomba nuclear no produce solamente una explosión. Libera una combinación de calor extremo, una poderosa onda expansiva y radiación ionizante, capaz de provocar quemaduras, destruir edificios y dañar las células del organismo.
Tres días después de Hiroshima, Yamaguchi regresó a trabajar en Nagasaki pese a sus heridas. Mientras explicaba a su superior que una sola bomba había destruido prácticamente una ciudad completa, volvió a ver un destello cegador. Eran las 11:02 de la mañana del 9 de agosto de 1945.
La segunda bomba, conocida como Fat Man, acababa de explotar sobre Nagasaki. Yamaguchi estaba nuevamente a unos tres kilómetros del punto de detonación. La estructura donde se encontraba ayudó a protegerlo y, por segunda vez en apenas tres días, sobrevivió a la explosión nuclear. Después sufrió fiebre, vómitos y otras consecuencias físicas.
La guerra terminó pocos días después y Yamaguchi reconstruyó su vida. Continuó trabajando, tuvo tres hijos y durante décadas evitó hablar públicamente de lo ocurrido. Con el paso de los años, sin embargo, decidió contar su historia y comenzó a participar en documentales y actividades relacionadas con la memoria de los bombardeos.
En 2006, cuando tenía alrededor de 90 años, viajó a Nueva York para hablar ante las Naciones Unidas. Su experiencia ya no era solamente una historia extraordinaria de supervivencia. Quería que las nuevas generaciones entendieran qué significaba realmente vivir una explosión nuclear. En 2009, a los 93 años, Japón reconoció oficialmente que también había sobrevivido al bombardeo de Hiroshima, convirtiéndolo en la única persona oficialmente reconocida por el gobierno japonés como superviviente de ambos ataques.
Yamaguchi murió en Nagasaki el 4 de enero de 2010, a los 93 años, casi 65 años después de haber sobrevivido a las dos bombas. Murió de cáncer de estómago. Aunque no puede demostrarse que su enfermedad concreta fuera causada por la radiación, los estudios científicos realizados con supervivientes de Hiroshima y Nagasaki han demostrado que la exposición a radiación ionizante puede aumentar el riesgo de cáncer.
Su historia terminó así con una paradoja difícil de imaginar: el hombre que estuvo a pocos kilómetros de dos explosiones nucleares no murió aquel agosto de 1945. Vivió seis décadas más para contarlo.




