MORELIA, Mich., 7 de septiembre de 2015.- Descifrar, decodificar, descubrir al mundo, eso nos posibilita la alfabetización, aunque el concepto no sólo comprende ahora los actos de lectura y escritura, sino también el pensamiento matemático y tecnológico básicos, así como el manejo de herramientas y/o el abordaje de las nuevas tecnologías, señaló Ana Laura Gallardo Gutiérrez, del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la UNAM.

De acuerdo con un comunicado, en ocasión del Día Internacional de la Alfabetización, que se conmemora este 8 de septiembre, dijo que en el país hay un logro histórico en la materia. Aprender a leer y a escribir ha sido una consigna desde el México Revolucionario; en 1910 el analfabetismo era del 74 por ciento, y para 2010, según datos del INEGI, estamos en menos de seis por ciento.

No obstante, aclaró Gallardo, “ese seis por ciento es proporcional a la población actual del país; en números hablamos de casi seis millones de personas, cuando en 1910 la densidad poblacional era mucho menor”.

Además, entre los años 2000-2010 disminuyó de 9.5 a 6.8 por ciento; sin embargo, esta reducción es insuficiente para superar la meta del cinco por ciento propuesta por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) para este año.

Nuestra nación tiene más rezagos en la calidad de la alfabetización, acotó. Según la universitaria, que cita cifras del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), cerca del 61 por ciento de los alumnos de primaria no puede comprender el mensaje de un texto, aunque sepa decodificarlo.

Se revela la baja calidad debido a que los contenidos de los programas son poco pertinentes, pues la enseñanza sigue siendo tradicional. A pesar de las reformas curriculares en la educación básica, no se ha logrado impactar en la práctica de los docentes, subrayó.

Por otra parte, si bien la cobertura de educandos en primaria es prácticamente del 100 por ciento, persisten adultos analfabetos, lo que devela que el sistema no es eficaz, advirtió la especialista.

“Uno de los factores que propician la mala calidad de la educación es la falta de reconocimiento a los profesores como trabajadores intelectuales, pues se les asigna un papel meramente de ‘aplicador’ de los programas educativos, los cuales, además, no ofrecen las herramientas y métodos que los docentes necesitan para lograr mejores aprendizajes: es una encrucijada”, apuntó.

Una segunda falla estructural se ubica en la relación de los contenidos con la sociedad, es decir, los niños y adultos de ahora viven un contexto que los planes y programas de estudio nacionales no reflejan. Así, se educa para un México estable y en desarrollo que sólo existe en las políticas educativas, pero no en la realidad.

“Se deben reorganizar los contenidos respectivos en su relación con la sociedad en la que vivimos. Por ejemplo, los más altos índices de analfabetismo en el país se concentran en Chiapas, Guerrero y Oaxaca, con 20, 18 y 15.3 por ciento respectivamente, porque el sistema no está hecho para las poblaciones indígenas, al contrario, está pensado para homogeneizar y conformar una identidad nacional, pero esta máxima ha cambiado, incluso constitucionalmente.

“Aun así, los contenidos perpetúan la ilusión de que la identidad nacional es que todos debemos aprender lo mismo, pero sucede que lo nacional en nuestro país es inequívocamente la diversidad, de ahí el fracaso de las políticas en ese ámbito”, resaltó.

La investigadora del IISUE subrayó que, en el caso de la alfabetización de los niños, el elemento central tiene que ver con la educación de los maestros, quiénes son y cómo se forman.

Por último, Gallardo Gutiérrez insistió en que las nuevas tecnologías sí influyen en la alfabetización, pero no de mala manera. “Una de las cosas que han permitido es el acercamiento a la cultura escrita, lo que ha causado cambios en el mismo lenguaje, como la contracción de palabras, y ha modificado la forma en la que tradicionalmente aprendemos”.