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MORELIA, Mich., 19 de mayo de 2026. - Devaluaciones, inflación, desaceleración de la economía, el Tratado de Libre Comercio y el famoso error de diciembre... eso y más ha resistido El Cairo en sus 85 años de ser una tienda de barrio, que se niega a morir, porque las tienditas de la esquina en México son más que comercio: son pilares de la comunidad.
Es lunes por la mañana. El sonido metálico, repetitivo y fuerte, despierta abruptamente a una madre de familia. Grita—¡arriba Juan! ¡Despiertate Pedro, Luis! —.

Todos corren al baño, a lavarse la cara, vestirse y preparar la mochila. La mamá entra a la cocina y solo hay 4 huevos. Necesita al menos seis.
Todavía en pijama toma los nuevos pesos. Llega a la tienda de don Pepe, pide tres huevos, pero no le alcanza lo que lleva. Es 1995.
Afortunadamente es la tienda de don Pepe, que—quizás—la vio crecer y formar una familia. Le falta un tostón para completar, y pide fiado. A diferencia del supermercado, aquí hay crédito. Pero sobre todo hay confianza, ¡hay comunidad!.
El crédito es sin fiadores ni réditos. Esa es una de las tantas ventajas de las tiendas de barrio que por siglos les ha permitido seguir vigentes, como El Cairo.
El Cairo se encuentra en la avenida Morelos Norte, a una cuadra de la Casa de la Cultura. Fundada en 1941 por un michoacano originario de Huandacareo.
Desde hace 85 exhibe en su antiguo mueble abarrotes, huevos, vinos y refrescos.
Don Jesús, el fundador, la pasó a sus hijos y todavía es propiedad de la familia. Aunque con menos productos a la vista, sigue siendo punto de referencia para quienes viven en la zona.
Las tiendas de barrio suelen ubicarse a pocos minutos de las viviendas, de ahí su apodo de tiendas de la esquina, lo que permite compras inmediatas sin necesidad de transporte o grandes desplazamientos.
Venden a granel, lo que permite a los consumidores adquirir productos por pieza, por peso reducido o incluso fiado, algo que, como mencionamos antes, no ocurre en supermercados o franquicias.
Flexibilidad en horarios y pagos: numerosos comercios extienden horarios según las dinámicas de la colonia y aceptan distintas formas de pago informal.
También son un impulso a la economía local, el dinero circula dentro de la misma comunidad, además de que emplean a sus vecinos.

Está el ingenio del tendero. Las tiendas pequeñas ajustan inventarios y servicios con rapidez según las necesidades del vecindario, temporadas o crisis económicas.
Brindan el servicio en zonas a donde no llegan las grandes cadenas comerciales; y, resisten las crisis, ya sea económicas o sanitarias, cómo paso en el Covid 19.

Y, así como los abarrotes, hay otros negocios tradicionales que sobreviven casi con la misma dinámica, como las estéticas, papelerías, peluquerías, carnicerías, pollerias y cocinas económicas, que reciben abonados y dan crédito a sus comensales.
En Morelia, el estimado de licencias de giro B, cómo las tiendas de abarrotes, cocinas sin venta de alcohol y otros negocios tradicionales, como se les denomina, es de 8 mil 261, de acuerdo a fuentes del Ayuntamiento.




