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MORELIA, Mich. 7 de octubre de 2025.- El campo ya se acabó, lamentó J. Refugio Hernández García, productor de maíz blanco y sorgo en Angamacutiro y José Sixto Verduzco.
Y es que, entre las vicisitudes que deben enfrentar las familias del medio rural para tener los mínimos satisfactores y la inversión que requieren para continuar la siembra, la población en el campo en Michoacán y México "estamos navegando, estirando el dinero a ver hasta dónde aguantamos, vendiendo un tractor o nuestro equipamiento de trabajo".
Hernández García, entrevistado para Quadratín, indicó que cuenta con 40 hectáreas dedicadas a la producción de maíz blanco y 10 de sorgo, y enfrenta precios de comercialización por cuatro mil 300 pesos por tonelada de maíz blanco, cuando la producción de este grano puede alcanzar seis mil pesos.
"El campo ya se acabó, nos cerraron la Financiera Rural, los insumos están bien caros, para comprar un bulto de semillas tenemos que vender una tonelada de maíz, ya no hay seguros agrícolas, y los pocos apoyos en fertilizantes que da el gobierno federal se los dan a quienes no siembran y los venden", detalló.
"No se vale, la Constitución dice que el gobierno federal debe garantizar atención a la salud, a la educación, al campo, pero nosotros estamos solos", reiteró.
No siempre ha sido así. Los gobiernos anteriores a la llegada de Morena a la presidencia de la república ofrecían apoyos como infraestructura, maquinaria y seguro agrícola.
"Los últimos cuatro años el campo ha estado totalmente olvidado, no hay políticas públicas ni apoyos, no hay créditos y no podemos renovar la maquinaria, que está obsoleta, parece que la finalidad del actual gobierno federal es acabar con el campo", expuso Martín Pérez Ramírez, productor de maíz en el ejido San Martín, en José Sixto Verduzco.
Con 16 hectáreas destinadas a la obtención de maíz blanco, Martín Pérez debe asegurar la manutención de su esposa y sus tres hijos, en condiciones que progresivamente se tornan más adversas.
"Nuestros hijos también tienen derechos, así como los hijos de los políticos van a las mejores escuelas, nosotros queremos enviar a nuestros hijos a la escuela, pero tenemos que pagar un lugar para que vivan, su comida, sus estudios, porque ellos tienen que salir a otros lugares, y cómo vamos a hacer eso", expuso.
El ejido Santiaguito, en Morelia, cuenta con 91 ejidatarios, pero solo entre 10 y 15 de ellos aun dedican sus parcelas a la producción de maíz, en condiciones de precariedad.
De acuerdo con Joaquín Lucio Romero, del ejido Santiaguito e integrante del Colectivo de Campesinos por Michoacán, mencionó que existe un diferencial del 36.67 por ciento entre el precio de garantía del maíz blanco, 3.80 pesos por kilogramo, y el precio de producción, seis pesos por kilogramo, que deja a los campesinos sin solvencia para seguir produciendo y sin ganancias para alimentar a sus propias familias.
Refirió que quienes alimentan a México, los campesinos, están en graves dificultades para llevar a sus propias mesas comida y para seguir sus labores.
"El problema con el precio de garantía es que lo fija la Bolsa de Chicago, con base en el precio del maíz amarillo, que por ser transgénico, es mucho más barato de producir que nuestro maíz blanco. Y en esa situación, el gobierno federal nos ha quitado todos los apoyos, y nos ha dejado en manos de los acaparadores regionales, que financian la siembra de los que no tienen dinero y con la cosecha obligan a vender barato. Otros invierten hasta sus pensiones del Bienestar, y se quedan al final con las manos vacías", expuso.




